S.B.H.A.C. nº 6

Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (universal.sbhac.net)

Imágenes de la historia universal   

10.7 La amenaza italiana (1887-1939)

10.7.1

Garibaldi, un patriota que se dejó la piel por liberar y unificar Italia, con un pasado revolucionario y activista en Sudamérica, y héroe nacional de la Italia moderna.

Tras la larga y costosa reunificación italiana, y con territorios "irredentos" (irrenunciables para  Italia), en la palabrería nacionalista de mediados del XIX, Italia se encontró en el concierto de las potencias europeas, como un recién nacido. Como en la España de los Reyes Católicos, el impulso bélico de reconquista, no se detuvo y los dirigentes italianos de la recién implantada monarquía liberal, buscaron en África su imperio colonial, como el de Francia e Inglaterra, y como el que se preparaba Alemania. El escenario escogido fue el Cuerno de África. Era el primer paso del imperialismo italiano. A Italia le costó mucho sufrimiento organizar este imperio colonial de efímera existencia, pero más le costó sufrir a las victimas nacionales de este afán italiano. La crueldad con que fue creado por la fuerzas de las armas y de la superioridad tecnológica, cayó como un rayo sobre las espaldas de poblaciones pobres, atrasadas y en general indefensas. Aunque, cuando estos países pobres tuvieron alguna capacidad de defensa, los ejércitos coloniales italianos, lo pagaron bastante caro.

Era la amenaza italiana, donde el nacionalismo patriótico italiano degeneró en imperialismo colonial, y tras la Gran Guerra, en fascismo, una novedad que se incubó en el huevo de la serpiente del tratado de Versalles, donde también se incubó otro huevo, el del nazismo alemán.

10.7.2

En la imagen, el valiente Coronel Tommaso de Cristofori al frente de sus hombres en la batalla de Dogali. Era el veintiséis de enero de 1887. Este fue el Barranco del Lobo de los italianos en Abisinia, también tendrían su Annual, como veremos a continuación.

En el reparto que las potencias europeas hicieron de África en la conferencia de Berlín de 1884, Italia, recién nacida, por decirlo así, quedó al margen de la repartición colonial, de la misma manera que España quedó también excluida, pero por lo contrario.

Los italianos se apresuraron a desembarcar, como en el juego Civilización del señor Sid Meier, en las casillas libres, recalando en la lejana Eritrea, aprovechando la reciente inauguración del Canal de Suez que hacía el viaje viable. La elección del Cuerno de  África no era baladí, pues la actividad misionera católica e italiana era conocida en la zona, con varios mártires contabilizados. Los misioneros siempre son una buena excusa para la intervención colonial.

Pronto entraron en conflicto con el gobernador local, Ras Alula,  bajo mando del emperador etiope Juan IV, quien atacó el puesto italiano de Sahati. La defensa italiana, fusiles modernos y artillería masacró a los atacantes causándoles cientos de bajas, por sólo cuatro heridos por su parte, obligando a la retirada de los etíopes.

Poco tiempo después, un batallón italiano fue enviado a reforzar la guarnición de Sahati que andaba falta de municiones y suministros. Cerca ya de su destino, en Dogali, Ras Alula atacó con siete mil guerreros a la columna italiana, de poco mas de 500 soldados y algunos soldados indígenas.

La defensa italiana fue heroica, terminando sólo cuando se les agotaron las municiones. Únicamente ocho soldados consiguieron escapar con vida y dar la terrible noticia.

El incidente sirvió para airar a la nación italiana que ser juramentó para vengarse prontamente. En esta airada reflexión, pocos italianos recalaron en que se encontraban invadiendo tierra que no les pertenecía, que tenía dueño, y que nadie los había invitado, reflexión que naturalmente no palia la crueldad guerrera de los etíopes.

10.7.3

Esta batalla, llamada de Adowa, fue el Annual italiano, y como los españoles, en su revancha se comportarían con extremada crueldad, usando gases asfixiantes y superioridad tecnológica artillera y aérea, solo que los italianos tuvieron que esperar hasta 1935.

Italia aspiraba a engrandecer sus colonias del Cuerno de África. El imperio abisinio, él único país africano independiente realmente, pues la república de Liberia, era en puridad una colonia americana, se encontraba a medio camino de las colonias italianas de Eritrea y Somalia. Con argucias diplomáticas de cara a Europa y descarados engaños al emperador Etiope, Melenik II, los italianos se dispusieron a invadir su supuesto "protectorado" y de paso vengar la afrenta de Dogali. Veinte mil flamantes soldados (incluidas unidades indígenas eritreas llamados "askaris") formaron columnas y con alevosía y nocturnidad atacaron a los etíopes a principios de marzo de 1896.

Hemos de decir, que en el ínterin, y a raíz de las convulsiones que asolaron el Sudan egipcio, el emperador etiope Teodoro, en 1867 cometió la torpeza de apresar a los cónsules europeos, principalmente al ingles y los sometió a vejaciones en la ciudad de Magdala. La respuesta inglesa fue fulminante y aprovechando la inestabilidad etiope, donde Menelik, de los Shoa, competía con Teodoro de los Galla, los ingleses invadieron Abisinia desde el puerto de Adulis en enero de 1868 plantándose en Magdala en abril con 16.000 chaquetas rojas y otros tantos auxiliares. El autor de la hazaña fue el general Sir Robert Napier, famoso por sus victorias en la India. Antes de que llegaran las lluvias, Napier se las piró con sus hombres, dejando bien clara la lección. Teodoro se suicidó, Napier liberó a los cautivos europeos, y los guerreros etíopes quedaron impresionados por la eficacia militar inglesa.

A los italianos, esta gesta les inspiraba muchísimo y pese a Dogali, que interpretaban como una emboscada traicionera, prepararon la de Adowa. La región en cuestión era montañosa, y las cuatro brigadas atacantes pronto se distanciaron unas de otras en su marcha hacia esta ciudad. Los etíopes tenían un ejército muy numeroso, más de cien mil infantes, armados con armas blancas y escudos y con fusiles primitivos, y algunas unidades con fusiles modernos. La superioridad era numérica pero no técnica. Ocurre que debido a la separación de las columnas italianas, los etíopes atacaron primero a la brigada de askaris que iba en vanguardia a varios kilómetros de distancia de la siguiente brigada. Los askaris, excelentes soldados, quizá los guerreros más feroces de África después de los rifeños, se defendieron bien, pero los guerreros Shoa de la reserva imperial etíope, cargaron con toda su furia, y los askaris hubieron de rendirse o retirarse. Eliminada esta brigada, los etíopes cargaron contra la segunda brigada que venía al socorro a marchas forzadas. El resultado fue el mismo, sin espacio ni tiempo para organizar una buena defensa en cuadro, esta segunda brigada quedo descabezada, por muerte del general, y también se retiró con graves pérdidas. La tercera y la cuarta brigadas, fueron igualmente sorprendidas por el ímpetu etiope y obligadas a retirarse con graves pérdidas. Los italianos perdieron 6.000 hombres y los etíopes más del doble. Italia se vio obligada a firmar un tratado de paz y de reconocimiento de la independencia de Abisinia, pero esta humillación, la segunda, se la guardaron a Abisinia para mejor ocasión.

10.7.4

En la imagen, de una postal de la época, asalto italiano a las defensas de Bengasi.

Pero los gobiernos de la recién monarquía italiana tenían prisa por conquistar imperios que les hicieran medirse de tú a tú con Francia e Inglaterra, Alemania, o con Japón que se lo montaba en el extremo oriente.

Así que aprovechando que el imperio otomano pasaba por malos momentos y para lavar el honor patrio de la deshonra de Adowa, decidieron desembarcar en la actual Libia, concretamente en la Cirenaica (Bengasi) que bajo la férula militar del Imperio Otomano, estaba realmente gobernada por una hermandad llamada "Los Senusi".

10.7.5

En la imagen, libios ahorcados por las fuerzas italianas en Sciara-Sciat en 1912.

Es lo que llamamos, la guerra italo-turca que se inició en 1911 y que sirvió de antecedente a la guerra greco-turca. Ambas le costaron al decadente imperio otomano, importantes territorios. El caso es que tras algunas acciones terrestres y marítimas, los turcos fueron derrotados por los italianos, que, también, exhibieron superioridad tecnológica militar, especialmente aérea, donde inventaron prácticamente los bombardeos desde el aire.

10.7.6

Alpinos italianos el final de la guerra italo-turca observan cadáveres de beduinos fusilados.

La guerra italo-turca fue violenta y muy cruel con la población. En la acción de Sciara-Sciat, las fuerzas turcas con la ayuda de población local, exterminaron algunas compañías italianas. Las represalias fueron terribles contra la población local. Y no se trataba de la época de Mussolini, sino del ejercito de la Italia monárquica y liberal.

10.7.7

El líder líbio Omar Al Mujtar en su madurez.

La conquista de Libia fue muy costosa y traería mucha cola. Los italianos se afianzaron con facilidad en Tripolitania, pero en la Cirenaica, la hermandad Senusi apoyó la guerra de guerrillas que no fue completamente derrotada hasta 1930, ya con Mussolini, y tras una terrible cadena de crueldades, crímenes y expolios de tierras

La llegada de colonos italianos, y dado que el territorio libio era mayoritariamente semidesértico o completamente desértico, salvo el litoral mediterráneo, obligó a desplazar a los propietarios beduinos de las mejores tierras, para poner en su lugar a los colonos recién llegados. Esto generó grandes protestas, que fueron duramente reprimidas. Con el apoyo de la hermandad Senusi, Omar Al Mujtar, en la imagen, lideró la rebelión que en forma de guerra irregular tuvo en jaque a las poderosas fuerzas italianas hasta 1930, en que fue detenido y fusilado.

10.7.8

Soldados italianos se retiran de Caporetto.

En la Gran Guerra, Italia se enfrentó con su enemigo natural, el Imperio Austro-húngaro del que se habían librado tras la unificación. La lucha fue muy dura, de trincheras en alta montaña, destacando la batalla de Caporetto en 1917, donde la ofensiva de las potencias centrales tomó por sorpresa a las tropas italianas que retrocedieron perdiendo mucho territorio y dejando miles de bajas y de prisioneros. La retirada le costó al gobierno italiano la dimisión.

La Gran Guerra y en especial el Tratado de Versalles, infame y vengativo tratado de inspiración anglo-francesa, que el presidente americano Wilson no pudo impedir, provocaron el resentimiento de las naciones derrotadas, e increíblemente de una Italia vencedora que fue tratada casi como las perdedoras, pese a haber tenido 650.000 muertos.

Las reclamaciones de Italia no fueron escuchadas y tampoco las reparaciones. El débil gobierno italiano tuvo que asumir, además de su incapacidad, la catastrófica crisis económica y social con grandes masas de campesinos y obreros desmovilizados que quedaron sin trabajo.

Era el mejor caldo de cultivo para las revoluciones sociales, pero al contrario que Rusia, Hungría o la propia Alemania, en Italia la revolución cogió un inesperado y novedoso rumbo que sería conocido como fascismo.

10.7.9

Benito Mussolini al poco de dejar el socialismo y fundar "Il Populo d´Italia

Benito Mussolini, que fuera líder del Partido Socialista y director del periódico Avanti! que fundó el fascismo italiano aprovechando, como Hitler, las legitimas protestas posbélicas de los desmovilizados y otras capas sociales descontentas, es el protagonista principal en Italia, pero no único, del periodo denominado "años veinte", donde coexisten movimientos artísticos y culturales novedosos con las protestas obreras y la más brutal de las políticas, las partidas de la porra fascistas, que como Sila en Roma, aterrorizaron toda Italia.

Mussolini se inició en esto del militarismo, como desertor, pues huyó a Suiza para librarse del servicio militar, que era obligatorio. Allí recibió ayuda de sus compañeros socialistas. Para volver a Roma, tras una amnistía con motivo del nacimiento del primer hijo del rey, tuvo que hacer la mili. Le tocaron los Bersaglieri, unos tipos que lo hacen todo corriendo.

Tras este periodo fue un activista socialista de primera línea interviniendo en muchos conflictos destacando su línea anticlerical y atea. La presencia de la inminente guerra le llevó a discrepar con la dirección social-demócrata y participó activamente en manifestaciones y campañas antibélicas que le costaron la cárcel. Además, en la guerra italo-turca, se mostró terriblemente crítico llegando a motejarla de delincuencia internacional. Lo que a todas luces era verdad. Su radicalismo y su violencia eran muy temidas en el Partido Socialista Italiano. Pero según se acercaba la guerra, Mussolini empezó a experimentar cambios ideológicos tan significativos que fue expulsado del P.S.I. Ni corto ni perezoso fundó un nuevo periódico, había dimitido del Avanti!, llamado "Il populo d´Italia" que ya despuntaba manera ultras.

10.7.10

Escuadristas del Fasci, normalmente, desmovilizados en paro, posan delante del vehículo que les moverá por toda la comarca para aterrorizar a los ciudadanos antes de terminar en Roma.

Total, que se hizo pro-belicista, y animó a Italia a movilizarse. El mismo fue fue movilizado en 1915. En la guerra de trincheras, terminó por forjarse su extrema ideología. Fue ascendido a cabo y herido. Licenciado, parece que trabajó de espía para los británicos. Su fobia a todo lo que sonara a progresismo, iba en consonancia con sus formas políticas violentas, pues al poco de terminar la guerra, comprendiendo el gran capital revolucionario de las masas de desmovilizados, se propuso encauzarlo a beneficio propio, fundando sus partidas de la porra, conocidas como los Fasci Italiani di Combattimiento. Lo de fasci, venía del hacha con el haz de leña que los lictores romanos usaban para representar a la autoridad de Roma. Muy imperial todo. Pero para dar palizas y asesinar a socialistas, anarquistas y comunistas, la verdad, la cosa sobraba. Como a las partidas falangistas con el yugo y las flechas, y los S.A. de Hitler con la cruz gamada. Qué gusto le tienen los matones ultraderechistas a ponerse distintivos que tapen un poco sus crímenes.

Mussolini se había convertido en un político antidemocrático y antisocialista, militarista y ultra nacionalista y organizó un partido autoritario y jerárquico que llevaría a Italia, tras un aparente periodo de prosperidad, a la ruina y devastación.

10.7.11

Una curiosa imagen donde simpatizantes españoles del fascismo celebran en la casa de Italia en Madrid la Marcha sobre Roma.

En las elecciones de 1921, Mussolini consiguió un escaño en el parlamento. A ese paso el fascismo se eternizaría, se decía el Duce. Había que tomar la calle, el gobierno y disolver el parlamento. Y con la incipiente complacencia de la alta burguesía, se pusieron a ello. Desde hacía meses, los fascistas controlaban todo el Norte de Italia, con las autoridades legítimas dimitidas, apalizadas o muertas.

 Aprovechando una maniobra del gobierno que quería rentabilizar el movimiento reaccionario en una gran manifestación patriótica el 4 de noviembre de 1922 con la colaboración del poeta y escritor Gabriele D´Annunzio, Mussolini jefe del movimiento fascista, pero que tenía que contar también con otros importantes dirigentes más extremistas que él mismo, se propuso acabar con el débil gobierno liberal, emprendiendo la famosa marcha sobre Roma, en respuesta a la manifestación gubernamental.

La marcha fue una exaltación de la violencia como forma de actuación política. Llegada la marcha el 25 de octubre de 1922 a la capital, el Rey impidió al gobierno declarar el estado de Sitio, con lo que sellaba su destino, y a continuación tras las amenazas de guerra civil lanzadas por Mussolini, el 29 de octubre el Rey encargó a Mussolini que formara gobierno, cosa que hizo al día siguiente, y al siguiente, el 31, se produjo el desfile triunfal de los camisas negras, pero sólo eran 25.000.

Ahora, el trabajo era desmontar el estado liberal de la monarquía parlamentaria italiana. ¿Sistema? Terror, palizas, incendios y asesinatos. Así llegó "Mulossini" al poder.

Hasta 1925, el fascismo convivió en sus aspectos formales con el estado liberal, pero tras el asesinato por escuadristas del diputado socialista Matteotti, que denunciaba la invalidez de las elecciones de 1924, precisamente por la violencia fascista, se produjo una conmoción en el país que puso en peligro el gobierno de Mussolini. La oposición, republicana y socialista abandonó el parlamento lanzando un llamamiento a la población para provocar la caída de Mussolini.

10.7.12

Al final de la marcha sobre Roma, Mussolini escucha el discurso de uno de los líderes fascistas adoptando una de sus poses características y con cara de pocos amigos.

Una vez que Mussolini tomó el poder, se instauró una dictadura que como decimos se afianzó usando los métodos más violentos. Todos los partidos políticos fueron prohibidos excepto el fascista. Después, vino el paternalismo social, buscando, como hicieron los falangistas en España, estructuras sindicales verticales donde aparentemente patrones y obreros estaban al mismo nivel, pero era pura mentira, los trabajadores perdieron todos sus derechos a cambio de ciertos "privilegios" al estilo de los franquistas, educación y descanso, que naturalmente, como en España sólo disfrutaban los adictos.

En la económico, el fascismo, se puso al servicio de la iniciativa privada, y ahora mejor que nunca, pues los trabajadores estaban amordazados. Además, para potenciar el pleno empleo y llenar los bolsillo empresariales de dinero público, se lanzaron grandes proyectos de obra pública, algunos interesantes y otros meramente faraónicos.

Mussolini siempre contentó a los poderosos, al Papa le reconoció la soberanía del territorio del Vaticano. Un chollo financiero, fiscal y legal. A la par de estos cambios, Mussolini fue nombrado Duce, y como el Papa, era infalible.

10.7.13

El Duce, en un discurso y en uno de sus gestos altaneros.

El Duce, el Gran Consejo Fascista y las milicias (camisas negras), eran el verdadero poder en la Italia de Mussolini. Ni el Rey, ni la pantomima del parlamento, y ni siquiera las Fuerzas Armadas tenían nada que decir. Este poder omnímodo del Duce y de los jerarcas fascistas se oficiaba en el culto a la personalidad a Mussolini, que se sustantivaba las más de las veces en sus apariciones públicas, donde una estudiada coreografía efectista, como la de Hitler, parecía subyugar a las masas.

El tejido de este poder eran las organizaciones populares y juveniles fascistas, donde la fidelidad al Duce llevaba inexorablemente ventajas sociales, comerciales o políticas. La izquierda había desaparecido y los liberales o callaban o levantaban el brazo con entusiasmo. Todos los ámbitos de la vida cotidiana, trabajo, salud, descanso, industria y comercio, fueron convenientemente infiltrados por el fascismo, de modo que era imposible sobrevivir en ninguno de ellos sin participar de la paranoia colectiva. Lo mismo le ocurría a las Fuerzas Armadas. Lo contrario podía suponer, palizas, detenciones, destierros, e incluso la mera muerte.

10.7.14

Mussolini era muy dado a las poses de "prima donna". Algunas le salían bien y otras le quedaban como en esta imagen que parece que se va a lanzar a una jota navarra.

Al principio parecía que sólo había que levantar el brazo y gritar fuerte, pero entonces llegaban los camisas negras que examinaban con mucho cuidado a cada ciudadano, fuera como fuera de grande la ciudad o el pueblo. Chivatos, espías, matones y sinvergüenzas formaban las avanzadas, del control social. Y a cambio de esta vigilancia activa de primera línea, esta vanguardia fascista, la más de las veces de estratos del lumpen proletariado, gozaba de la más absoluta impunidad para sus desmanes, estuvieran o no relacionados con el control social, o fueran simples robos y crímenes.

Naturalmente, y a medida que Mussolini y sus capos afianzaban su poder, esta violencia empezó a molestar a los compañeros de viaje del fascismo, Iglesia Católica incluida, y las correrías tuvieron que hacerse de tapadillo.

10.7.15

Omar Al Mujtar había traído en jaque a los mejor del ejército colonial italiano. Algunas de sus acciones habían sido muy humillantes para Italia, y Mussolini se lo hizo pagar, ordenando su fusilamiento, pues lo del juicio fue una broma macabra. Juzgado por el invasor, un líder patriota que defendía su tierra.

En 1930, Mussolini se ocupó de la irreducible Cirenaica, enviando al general Rodolfo Graziani con la orden de acabar con la resistencia y apresar a Omar Al Mujtar. Graziani se empleó a fondo con todas las sucias armas de la guerra colonial, gases asfixiantes, incendio de aldeas sospechosas de apoyar al enemigo, cegamiento o envenenamiento de pozos de agua potable, ¡en un país semidesertico!, y las consabidas deportaciones. No contento con esto, se construyó un muro de alambradas rodeando las zonas más importantes. Omar Al Mujtar, escaso de hombres fue localizado por aviones italianos y bombardeado. La caballería italiana salió al galope y consiguió apresarlo. Omar Al Mujtar estaba herido y se rindió. Trasladado a Bengasi, fue juzgado y condenado a muerte por petición expresa de Mussolini. El 16 de septiembre de 1931 fue fusilado. Una multitud de compatriotas acudió al acto.

En 1934, Italo Balbo, un capo fascista de pasado radical, llegó a Libia con la misión de unificar las tres regiones en una sola, Cirenaica, Tripolitania y Fezzam. Al territorio resultante se le llamó Libia Italiana. Para poder controlar y colonizar el territorio, Balbo emprendió la construcción de carreteras y ferrocarriles, puertos, hospitales y escuelas. Naturalmente, estas infraestructuras estaban pensadas para la población europea, y por este motivo el flujo de colonos fue incesante, llegando a contabilizarse más de cien mil para finales de los treinta.

 

10.7.16

Consolidado el poder italiano en Libia, Mussolini se lo monta de Cesar con líctores nativos en su visita a Libia.

Los historiadores dicen que el estado fascista italiano mejoró la economía, la industria, la agricultura, etc... y que las disposiciones fascistas permitieron afrontar la crisis del 29 mejor que otros países. Cualquier régimen podía haber hecho perfectamente esta labor de progreso. Los estados totalitarios tienen mecanismos mejores para defenderse de las crisis, sobre todo cuando nadie puede protestar, o cuando se puede revaluar la moneda y ni financieros ni industriales chitan.

La propaganda de régimen argumentaba que todo el interés del fascismo se fundamentaba en la grandeza de Italia, y que para ello, los italianos sólo tenían que creerse el cuento y obedecer. Y para ejemplo se diseñaron obras públicas grandiosas, pantanos, autopistas y ferrocarriles, inmensos planes agrícolas e industriales, urbanos, etc...

Pocos cumplieron sus objetivos pero todos enriquecieron a los poderosos pese a sus decepcionantes resultados.

Frente a las mejoras de infraestructuras, que sí existieron y otras relativas a la industria pesada, petroquímica y automovilística, las apariencias decían, que los barcos y los aviones italianos eran de los mejores del mundo. A fuerza de propaganda era fácil producir maravillas, pero la realidad era mucho menos exitosa. El fascismo permitía que industrias de ínfima calidad pasaran por punteras, pues no había prensa crítica y los fiascos quedaban ocultos. El IRI, una especie de INI, favoreció descaradamente a las grandes empresas que no tenían necesidad de esforzarse mucho para conseguir los contratos de su vida. Y en cuanto a dos de los mas graves problemas de la sociedad italiana, el atraso secular del sur y la lucha contra la mafias, fueron un gran fracaso, pese a la propaganda.

Mientras tanto, toda esta grandeza, que en puridad sólo era oropel, si era grande en costos y déficit.

10.7.17

El general Graziani revista en una playa de Libia, una formación de Camisas Negras, la milicia del Partido Fascista Italiano.

Y esta economía era la que tenía que dar soporte al expansionismo mussoliniano, que era mayoritariamente imperialismo militar. Las victorias militares contra países pobres, como Abisinia, España y Albania, ocultaban los defectos armamentísticos de las fuerzas armadas italianas. Ni la mimada Regia Aeronautica, ni la Regia Marina, y mucho menos el Ejército, pudieron oponerse a Inglaterra en solitario, ni en la pomposamente llamada África Oriental Italiana, ni en Grecia, ni en Libia. Y no porque los italianos no lucharan, sino porque los soldados y marineros, pese a derrochar valor personal, sabían que nada se les había perdido, en Albania, España, Grecia, Yugoslavia, África o Rusia, y porque, como decimos, la autarquía fascista impedía el desarrollo industrial, como le ocurrió a Franco.

10.7.18

En la imagen, anterior a la Gran Guerra, escenificación a favor de un Trieste italiano.

Italia tenía lo que los políticos italianos de todo pelaje denominaban territorios irredentos, es decir irrenunciables. Trieste era uno de ellos. La ciudad y sus alrededores siempre había pertenecido al imperio Autro-húngaro aunque la mayoría de la población era italo parlante, en el resto predominaban los eslovenos. Tras la Gran Guerra, esta ciudad es lo único verdaderamente que Italia consiguió de Versalles.

En el lote, además de la ciudad de Triste, que por cierto, siempre había sido fiel a los Habsburgo, Italia se quedó con Toda Istría y parte de Eslovenia. A continuación Italia emprendió una agresiva política de italianización y se produjeron expulsiones de población de habla alemana. Los eslovenos de Trieste, naturalmente, iniciaron una sorda resistencia con la intención de preservar su cultura. La llegada de Mussolini agravó la situación pues los escuadristas hicieron de las suyas, palizas, torturas, asesinatos e incendios. Hartos de esta situación, algunos eslovenos crearon grupos de acción que durante los años veinte ensombrecieron la región con atentados.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, Trieste y su territorio fue dividido en dos zonas por los aliados, una A, que gestionaron los propios aliados y otra B, para los yugoslavos, en lo que se denominó al conjunto, Territorio Libre de Trieste. Finalmente, Italia administró la zona A desde 1954.

10.7.19

En la imagen, un Ras musulmán en una revista militar posa con sus notables.

Desde la derrota de Adowa, los italianos habían consolidado su presencia en Eritrea y en Somalia. Ambas regiones apresaban a Abisinia como dos rebanadas de pan aun gran trozo de queso. Estando Mussolini en el poder, y en una nación que no había olvidado la derrota de Adowa, la tensión política con Abisinia se exageró artificialmente.

Todo venía de la manía imperial de Mussolini que al mirarse al espejo y después de ensayar sus poses oratorias, siempre se veía como un gran Cesar.

El caso es que al inicio de los treinta, y tras la colonización exhaustiva de Libia por Italo Balbo, el satisfecho y autocomplaciente Mussolini se preparó para zamparse Abisinia. La distancia tecnológica era en el año 1935 muchísimo mayor que en 1897, y el Duce no tenía dudas de cual sería el resultado final. Las previsibles sanciones internacionales por la agresión, a instancias inglesas, le eran indiferentes, y como se demostró, no sirvieron para mucho, pues el verdadero embargo hubiera sido el petrolífero, cosa a la que los Estados Unidos se negaron.

10.7.20

Soldados del Mahel Safari (ejército regular) con armas recién compradas por Abisinia. No es que no hubiera presupuesto para botas, es que preferían caminar descalzos, pues según decían, así iban más ligeros, sobre todo si has caminado descalzo desde tu más tierna infancia.

Los italianos, para tener un buen "casus belli", llevaban tiempo adentrándose en Abisinia, instalando puestos de control y dejando presencia permanente de fuerzas militares. Los etíopes, hartos, emprendieron acciones para expulsarlos, que en diciembre de 1934 detonaron un grave enfrentamiento fronterizo con 200 muertos entre ambos bandos. Desde este momento la riada de tropas italianas vía Suez dejaba a las claras que la invasión era cosa de meses. Los abisinios acudieron al mercado internacional de armas e iniciaron la recluta de tropas. Pero su sistema era medieval y sus ejércitos tribales tardaban meses en reunirse.

10.7.21

Civiles recién movilizados acuden a la llamada del Ras provincial.

Todos los abisinios en edad militar estaban obligados combatir. Pero estas fuerzas irregulares se encontraban muy lejos del teatro de operaciones, estaban mal armadas, eran indisciplinadas y podían rendirse o pasarse al enemigo si las cosas se ponían feas. La fuerza armada Abisinia alcanzaba apenas los cien mil hombres. 25.000 bajo mando directo de Haile Selassie, su guardia real. El resto, entre el Mahel Safari y las tropas auxiliares de los Ras provinciales. Un ejército difícilmente agrupable y menos dirigible.

El emperador ordenó aprovisionarse en el mercado internacional de armas incluso meses antes de la invasión, en previsión fatal de lo que ocurrió. La disparidad de armamento, o lo tomas o lo dejas, no facilitaba el municionamiento ni la instrucción, como le ocurrió a la España republicana.

10.7.22

La dotación de una ametralladora de las fuerzas Alpinas posa, simulando una acción, para el fotógrafo C. Bonvini. La ametralladora es una Fiat modelo 1914 de 6,5 mm. que se alimentaba por un paquete de munición que precisaba de continuo lubricante. Este modelo lo usaron también los italianos en España. No era una buena máquina, bastante inferior a las Maxim.

Y en efecto, a primeros de octubre de 1935 y en dos pinzas, el ejército italiano atacó Abisinia. 100.000 soldados entre regulares italianos y tropas coloniales. El Estado Mayor Italiano pensaba que iba a ser un paseo militar, con sus unidades de Alpini, Bersaglieri y su moderna aviación. Pero al ejercito y a la aviación les costó casi un año derrotar al ejercito etiope (el Mahel Safari) y sus fuerzas auxiliares, incluida la guardia real de Haile Selassie.

10.7.23

El fotógrafo compuso esta escena a su gusto y manera. Todo muy teatral. Para empezar se diría que fueron atacados por la espalda ya que dos de ellos reposan frente al fotógrafo. El cadáver de la derecha lleva la gorra de forma cinematográfica y el fusil terciado también de forma poco plausible. El del centro aún conserva el cargador de la LMG en la mano. Y el tercero, fue herido en el vientre. Si estaba parapetado en el murete, la herida es un tanto difícil, no así, si fue muerto en otra posición y llevado a la tapia, que parece lo más probable en los tres cadáveres.

Por el norte, desde Eritrea, atacó el mariscal Emilio de Bono, con la fuerza principal, por el sur, desde la Somalia italiana el general Rodolfo Graziani atacó con fuerzas menores.

10.7.24

En la imagen, el emperador abisinio con personal de su confianza.

Los abisinios lucharon fieramente y los italianos quedaron muy sorprendidos de la lentitud del avance. En 1941, los ingleses con tropas coloniales y sudafricanas sólo les llevó conquistar Abisinia dos meses y contra el ejército italiano que no era muy distinto, si no superior, al colonial ingles.

10.7.25

Civiles etíopes aprenden el uso de las máscaras anti-gas. Esto del uso de gases asfixiantes contra tropas y civiles nativos estaba prohibido a los firmantes de la convención de Ginebra. Pero a quién le importaba. Los españoles también usamos gases asfixiantes en la guerra del Rif (Marruecos) tras el desastre de Annual.

Mussolini se impacientaba, así que en uno de sus ataques de prepotencia ceso a De Bono, poniendo a Badoglio al mando. Badoglio rechazó la contraofensiva etiope, dejo sitiados e incomunicados varios reductos etíopes e inició la guerra sucia colonial de siempre, gases asfixiantes para soldados y civiles, bombardeos indiscriminados a hospitales y objetivos civiles. En marzo de 1936, el ejército italiano lanzó su ofensiva definitiva.

10.7.26

Una tribu espera sentada para rendirse a los italianos.

Muchas tribus etíopes, viendo que la derrota era inevitable, optaron por rendirse y tratar de sobrevivir bajo el régimen fascista. Fue una decisión muy crítica, durante la década de la dominación italiana, la población etiope paso de 16 millones de personas a sólo 10.

La Sociedad de Naciones, un bienintencionado invento del presidente Wilson tras la Gran Guerra, pero mangoneado por las potencias aliadas, y que dejó en la estacada a la España republicana un año después, le impuso a Italia sanciones económicas salvo en materias primas esenciales como petróleo y hierro. Así que Mussolini diseñó el periodo económico llamado de autarquía, (autosuficiencia, materias primas locales y patentes locales aunque fueran de menor calidad) y que dejó la industria italiana en precario, incapaz de asumir posteriores retos tecnológicos. De modo que la ambición imperial mussoliniana en Abisinia, tuvo mucho que ver con la inferioridad tecnológica de las fuerzas militares italianas en la Segunda Guerra mundial.

10.7.27

Portada de un dominical italiano alusiva a la rendición abisinia.

A finales de marzo de 1936, las tropas etíopes perdieron dos importantes batallas y el país comprendió que estaba derrotado. El emperador y muchas otras personalidades se exiliaron y Abisinia pasó a formar parte del imperio, lo que se llamó África Oriental Italiana (AOI). Italia ya tenía su imperio, el Dodecaneso, Trieste, Libia y el AOI. Luego vendría Albania. Solo le duraría una década. En 1941 perdió todas sus posesiones del Cuerno de África, después Libia, y finalmente todo.

La cuestión es que el 7 de mayo el Rey Víctor Manuel III fue elevado al rango de emperador. Estas historietas, probablemente le costaron a los Saboya la corona en 1944, eso y nombrar a Mussolini primer ministro en el 22.

Parte de la población italiana, que había encontrado cierto acomodo en el régimen fascista, como pasó en la España franquista, salió a la calle a celebrarlo, pero otra gran parte, quizá mayor, el único consuelo que encontró es que a lo mejor se podría emigrar a aquellas tierras para tener un futuro más promisorio. Nadie sabía lo que iba a pasar cuatro años después pues el fascismo parecía indestructible y eterno.

En el concierto internacional, la Sociedad de Naciones se demostró inoperante. Inglaterra y su seguidora Francia trataron de contentar a Mussolini para que no se desmandara. Pero Mussolini les dio puerta, colgó a la Sociedad de Naciones, y como Alemania y Japón se convirtió en un Estado sin leyes internacionales que le incumbieran. De hecho y para más inri, y como los etíopes continuaron una inacabable guerra de guerrillas, las gases mostaza se convirtieron en moneda corriente para arrasar aldeas irreductibles. En cuanto al emperador Halie Selassie ni siquiera pudo hablar en Ginebra, abucheado por los fascistas desplazados a este fin a la sede de la Sociedad de Naciones. Profundamente decepcionado, el Ras Tafari, como los republicanos españoles años después, profetizó: ¡Hoy le pasa a Etiopia, mañana les pasara a ustedes! Como así fue.

10.7.28

Convoy italiano en dirección a  Brihuega.

Mussolini llevaba mucho tiempo apoyando la causa antirrepublicana en España. Para empezar acogía a Alfonso XII en Roma, con el que el fascismo mantenía relaciones conspiratorias y donde el ex-rey recibía a futuros golpistas amén de aportar grandes sumas de su dinero para acabar con la República. Cuando Mola inició sus planes golpistas, agentes suyos, además de conspiradores monárquicos, tenían contactos regulares con el gobierno italiano. En los primeros quince días de la rebelión militar, aviones y otros materiales fueron enviados por Italia a petición de Franco, verdadero beneficiario político de la ayuda italo-alemana.

A principios de 1937, los italianos ya tenían un cuerpo de ejército en España. Era un cuerpo Mixto de unidades regulares y camisas negras voluntarios,  unos sí y otros no tanto.  A esta flamante unidad, con formaciones "celere" y mecanizadas se le encargó la ofensiva rebelde contra Guadalajara en marzo de 1937. Los italianos tuvieron mala suerte con el tiempo que fue muy malo en esas semanas. Pero además, la mezcla de personal en las unidades era muy dispar, y además esta vez no se trataba de libios, o de feroces abisinios mal armados, se trataba de los fogueados soldados republicanos del ejército del Centro, que aunque estaban exhaustos tras la batalla de Madrid y sobre todo tras la reciente ofensiva rebelde del Jarama, en cuestiones militares les daban mil vueltas a los mucho mejor armados pero poco baqueteados soldados italianos, y aún peor, nada motivados en una guerra que sólo interesaba a sus oficiales para conseguir buenas hojas de servicio. El caso es que los italianos fueron derrotados y hubieron de retirarse empujados por una combativa mezcla de soldados anarquistas, internacionales y comunistas, todos ellos soldados del Ejército Popular desde hacía muy poco. Con la marcha de la guerra civil, el Corpo Troppe Voluntaire, tuvo destacada actuación en el ejercito rebelde, pero a decir verdad, siempre en situaciones de gran superioridad, como fue el caso de Málaga, Santander, Aragón o Cataluña, y salvo en Málaga, tuvo momentos críticos en el frente Norte, en Aragón y hasta en la ofensiva sobre Cataluña. No eran tropas comparables, a los Regulares, la Legión o a las divisiones de elite de Ejército Popular.

10.7.29

Un batallón ciclista entra en la bella Durazzo, en una Albania rendida de antemano. La resistencia albanesa fue muy débil durante toda la segunda guerra mundial, aunque despuntó un poco a partir de 1943.

Recién terminada la guerra contra los civiles española, Mussolini se despertó con apetito y decidió merendarse Albania. Como los albaneses, ¡qué ingratos! ponían pegas, el Duce, les largó un ultimátum para que aceptaran la entrada de fuerzas militares. Los albaneses tenían un rey, llamado Zog I, que mandó a Mussolini a tomar vientos, reforzado con la noticia de que iba a ser padre en breves días. Como así fue. Enterado Mussolini de este nacimiento, y puesto en el lugar de la malvada madrastra, ordenó sin pesárselo dos veces, la invasión militar de Albania. 60.000 soldados italianos desembarcaron en los puertos albaneses y rápidamente conquistaron el país. El pequeño ejército albanés apenas resistió y la familia real albanesa se exilió a Grecia. En dos días Mussolini se merendó a Albania. Estaba exultante.

Después, todo era muy sencillo, presiones, amenazas, etc... hasta que el parlamento albanés se ofreció para unirse a Italia, se nombró a un oligarca primer ministro títere, y se nombró también al embajador italiano en Tirana, representante personal del rey italiano en Albania, casi un virrey.

10.7.30

Los invasores italianos rinden honores al pequeño destacamento alpino francés que se rindió tras días de combate.

Tras la caída de Polonia y el inicio alemán de la campaña francesa, Mussolini estaba que fumaba en pipa, no quería quedarse fuera del gran reparto, y aspiraba e entrar invitado por Hitler en la guerra y quedarse con los territorios franceses de África del norte.

Pero Hitler no invitaba galantemente al Duce a que se uniera a la carnicería europea. Fue en este momento cuando Mussolini demostró que era un miserable estadista, que le importaba un bledo el futuro de Italia y que no le importaba meter el país en una guerra, que él tenía que saber, o era un idiota, que no se podía ganar por parte italiana y que siempre, en el mejor de los casos, Italia sería el lacayo de Alemania.

EL 10 de junio, Mussolini ya no podía esperar más, el embajador francés en Roma fue convocado para notificarle la declaración de guerra. El Duce pronunció un discurso en la Plaza Venecia de Roma para justificar la puñalada trapera.

Los movimientos empezaron rápido, al día siguiente los británicos bombardean Turín. El bombardeo causa una decena larga de muertos y treinta y tantos heridos. En represalia, la aviación italiana bombardea plazas aliadas en el Mediterráneo, y a continuación Mussolini le pide a Hitler medio centenar de Flacks para la Defensa contra Aviones. O sea, que declaras una guerra tras haber participado recientemente en dos en las que tu aviación se ha cebado con los civiles, y ahora resulta que no tienes una DCA decente. ¡Vaya irresponsables!

Mussolini, en realidad, no quería liarse a tiros con Francia e Inglaterra, a los que en el fondo temía, lo que quería es no quedarse fuera del reparto tras la presunta victoria alemana. Así que, una por la inercia de la burocracia del ejército italiano, y otra por la guerra de mentirijillas de Mussolini, cuando llegó la hora de la verdad, las fuerzas italianas no estaban preparadas.

Cuatro días después, la flota francesa atacó el puerto de Genova. Los italianos, naturalmente no estaban avisados y sólo las baterías costeras respondieron al ataque con cierto peligro. Para empeorar las cosas, Hitler le dijo a Mussolini que su ayuda en la campaña francesa no le era necesaria, pero que si quería atacar, era cosa suya. En una de sus crisis de soberbia herida, Mussolini ordenó al mariscal Badoglio que atacara a los franceses en el oeste. El Estado Mayor italiano, fue rotundo. Necesitarían más de veinte días para tal acción.

Dos días después, el 17 de junio, los franceses, sabiéndose derrotados, solicitaron un armisticio a Hitler, pero no a Mussolini, que corrió a Munich a ver al Führer para quejarse y éste accedió a notificárselo a los franceses. Vaya papelón el de Italia.

Total, que herido en su orgullo, Mussolini, el 21 ordena al E.M. que sin excusa ni pretexto las fuerzas acantonadas en la frontera inicien el ataque a las posiciones francesas. Las fuerzas teóricas italianas en el sector comprendían más de 20 divisiones encuadradas en dos ejércitos. El ataque pinchó en hueso. Las muy inferiores fuerzas francesas se las apañaron para organizar una defensa sólida, a la espera de refuerzos. El Grupo de Ejércitos italiano hubo de emplearse a fondo, pero en algunos puntos, los franceses resistieron hasta el armisticio del día 23 en que cesaron las operaciones.

10.7.31

Francia en 1940 tras la rendición según plano modificado de un original bajado de internet.

Las lecciones estaban claras, aunque Mussolini no las asumió. La oficialidad y el mando, fatal, la tropa, como siempre sacrificada y valiente, pero poco motivada para atacar a traición una región de meridionales franceses, que eran casi hermanos históricos de los habitantes italianos del otro lado de la frontera. Y todo por las ansias mussolinianas de protagonismo. Para los alemanes y en especial para Hitler, el asunto era muy incomodo, dado que había planes para formar un estado títere francés con sede en Vichy, y los alemanes no deseaban ofender a los franceses más allá de obligar a los generales del ejército francés a firmar la redición en el mismo vagón en que ellos mismos firmaron la suya, y vengar así la altanería francesa en el armisticio de 1918 y en Versalles poco después.

De modo que las ventajas italianas tras la capitulación fueron mínimas, una zona de ocupación que comprendía Grenoble y Niza, y poco mas en el norte de África y en la zona de Yibuti en el Cuerno de África.

10.7.32

En la imagen, el acorazado Conde di Cavour que entró en servicio en 1914, pero fue reformado y modernizado en 1937.

En junio de 1940, para un observador poco experto, la marina italiana parecía tener ventaja sobre la flota inglesa del Mediterráneo (rendida ya la flota francesa). Pero esta era una observación errónea, pese a la superioridad en submarinos, lanchas MAS y otras armas menores basadas en la audacia de sus tripulaciones, más que en su efectividad.

Los estados mayores de la Regia Marina no eran nada futuristas, pese a que ese movimiento artístico era netamente italiano. Seguían creyendo que Italia dominaría el Mediterráneo con la sola presencia de sus grandes buque de superficie, sin darse cuenta que su más directo rival ya tenía dos portaviones en el Mediterráneo, el Eagle y el Illustrious. Uno en Gibraltar y el otro en Alejandría. En acorazados estaban igualados en número, pero los italianos tenían ventaja en los dos modernísimos Littorio y Vitorio Veneto pero en absoluto podían compensar la falta de portaviones pues los italianos dependían de sus bases terrestres para tener apoyo aéreo. Además, los italianos carecían de la tecnología del RADAR, y quedaban sucintos a los reconocimientos aéreos, lo que implicaba que no combatían de noche.

Dos acciones aeronavales, la de Tarento y la del cabo Matapan dejaron en evidencia estas carencias. En Tarento, en noviembre de 1940, la Royal Navy decidió terminar con la superioridad de buques de superficie con un asalto aéreo por sorpresa. Más todavía cuando porque el escaso calado del puerto tranquilizaba a los italianos pensando que los torpedos no eran viables en esas condiciones. Pero los ingleses encontraron una solución técnica (en la que se inspiraron los japoneses para sus torpedos, pues en Pearl Harbur, ocurría lo mismo) y decididos, lanzaron la operación pese a que uno de sus portaviones estaba en reparaciones, el Eagle. El Illustrious cargó con todos los torpederos Fairey Swordfish y escoltado por cruceros y destructores, el 21 de Noviembre a las 21 horas lanzó dos oleadas de torpederos de los que perdieron dos por acción de la DCA. Un exitazo, pues averiaron seriamente a tres acorazados, uno de ellos el Littorio, y dos cruceros pesados.

Los almirantes italianos sufrieron un duro golpe en su confianza y pese a las presiones alemanas raramente salían fuera del circulo de protección aeronaval. Una excepción fue la batalla del cabo Teulada.

Una vez que Alemania entró en los Balkanes y Grecia, se produjo la acción del cabo Matapan, donde por presiones alemanas una flota de combate italiana salió en busca de los convoyes ingleses de transportes de tropas entre Grecia y Alejandría. La inteligencia naval inglesa, llevaba tiempo intoxicando al Estado Mayor de la Regia Marina, haciéndoles creer que la flota inglesa estaba en inferioridad. Además, contaban con ingenios para descifrar las claves italianas, cosa que la Regia ignoraba. Por tanto, avisados los ingleses de la deriva italiana prepararon adecuadamente la emboscada naval con un grupo de cruceros. Los italianos picaron y los persiguieron teniendo un cañoneo muy poco afortunado para la Regia. Entonces, los italianos quisieron reunirse con su acorazado Venetto, quien espantó a los cruceros ingleses con sus bocas de 381 mm. La fuerza principal inglesa, lanzó en ayuda de sus cruceros los torpederos Fairey Albacore desde el portaviones Formidable. La acción no tuvo castigo para el Venetto pero asustó al almirante Ianchino jefe de la fuerza italiana, que decidió buscar el resguardo de Tarento. Pero en esto llegó la segunda oleada de torpederos ingleses que consiguieron averiar al Venetto. Tras una breve parada, la tripulación consiguió reparar al moderno acorazado los suficiente para emprender la retirada. Otro oleada de torpederos con base en Creta consiguió dañar gravemente al crucero pesado Pola ya de atardecida. El mando italiano ordenó a una división de cruceros y su escolta de destructores acudir al socorro del Pola. Los italianos ignoraban que el almirante inglés Cunningham había ordenado a sus acorazados perseguir y destruir a la flota iltaliana en fuga. Buscaban al Venetto, pero se encontraron gracias al RADAR, que los italianos no tenían, ya anochecido, a la división de cruceros al socorro del Pola. A unos tres mil metros e iluminados por bengalas los acorazados ingleses Barham, Valiant y Warspite hundieron a los cruceros Fiume y Zara. Unos minutos después dos destructores italianos fueron hundidos. Otros dos destructores lograron huir aunque dañados. El Pola combatió hasta que fue abordado y desalojada su tripulación. El crucero fue destruido por torpedos ingleses. La flota inglesa abandonó el escenario en previsión de la reacción aérea italiana. No obstante dada la gran cantidad de náufragos italianos, Cunningham ordenó radiar en las frecuencia de emergencias de las marinas mercantes, la posición de los náufragos para que barcos hospitales italianos recogieran a los supervivientes. Como así fue.

La batalla del cabo Matapán fue el Trafalgar italiano y condicionó el resto de la guerra de la Regia Marina, que se limitó  a audaces incursiones con lanchas, MAS, y otras armas de sorpresa.

10.7.33

Italo Balbo, poeta y político del ala dura del Partido Fascista, pero inteligente y capaz. Desde luego no era ningún angelito, y en Libia las hizo gordas, pero nunca se le hubiera ocurrido entrar en la guerra del lado de Alemania.

Terminada la campaña de Francia y encontrándose en guerra con el imperio inglés, los escenarios bélicos italianos se dibujaban con grandes dificultades para las comunicaciones y el aprovisionamiento. Con el canal de Suez cerrado y las flotas inglesas dominando las mares, salvo el Mediterráneo, donde el dominio estaba todavía por decidir, las fuerzas italianas en el África Oriental Italiana podían despedirse de los refuerzos. Mussolini no pudo resistir, en todo caso, el atacar a la Somalia británica, dónde los ingleses estaban en inferioridad, sobre todo en aviación.

Desde el inicio de la guerra, los ingleses  venían  desarrollando una estrategia de apoyo a las guerrillas etíopes que nunca habían dejado de combatir desde 1935. Esta estrategia daría sus frutos a principios del año 1941, cuando los italianos serían derrotados en el escenario Abisinio, pero mientras tanto, en agosto de 1940, las fuerzas italianas, askaris eritreos mayoritariamente, invadieron la Somalía británica y en tres semanas la conquistaron, para grande alegría del dictador italiano.

En el norte de África, Italo Balbo, gobernador de Libia y en cierto modo oposición a Mussolini, fue muerto cuando al poco de iniciada la guerra, su avión fue derribado por la DCA italiana. Hay quien dice que fue una conspiración de Mussolini, pero dada la poca eficacia de la artillería antiaérea, no parece el mejor modo de asegurarse una muerte. En cualquier caso, el inteligente Balbo era el único que podía haber refrenado las ansias cesaristas de Mussolini, quien ordenó a su sustituto, el mariscal Graziani, una ofensiva contra los ingleses en Egipto, quienes ya habían tomado un fuerte fronterizo italiano. Graziani, que no tenía más experiencia bélica reciente que mandar una fuerza secundaria en la campaña Abisinia, puso toda las pegas que pudo, todas con razón. No se trataba ahora de abisinios mal armados, o de republicanos españoles al límite de sus fuerzas, se trataba de atacar al imperio inglés, con unas fuerzas armadas profesionales, veteranas en multitud de escenarios y bastante mejor dotadas que el Ejército italiano en Líbia.

Graziani atacó a mediados de septiembre de 1940 y como era numéricamente superior a las fuerzas inglesas no tardó en conquistar el puerto egipcio de Sidi el Barrani, pero de allí no pasó, carecía de suministros para seguir la ofensiva con sus rutas de aprovisionamiento atacadas por la aviación y marina inglesas, y lo peor, carecía de moral y voluntad de luchar, tanto él como sus tropas, así que consideraron el honor salvado y se clavaron allí, supuestamente para preparar la segunda ofensiva a Marsa Matruh. Pero en realidad, como sus compatriotas del A.O.I. esperaron acontecimientos que no tardarían en ser dramáticos.

10.7.34

Tras la invasión alemana de Grecia (los italianos quedaron de tropas de ocupación), fuerzas italianas en el Partenon. La imagen es de un periódico italiano de la época.

10.7.34.1

Las ultimas tropas en el Africa Oriental Italiana al mando del general Frusci desfilan ante los ingleses que les rinden honores por su valentía.

10.7.34.2

En el cartel de propaganda, de excelente factura y muy efectista, se afirma un imposible. Pero así es la propaganda de guerra, el cartel exagera la gesta italiana, ¿pero qué iba a hacer?

Italia tenía cuestiones pendientes con Grecia desde los años veinte. Desde la guerra italo-turca de 1911 que detonó la guerra griego-turca, los gobiernos italianos se creían un poco los gendarmes de los Balcanes y no veían bien intromisiones ajenas. En 1939, tras la ocupación de Albania, Mussolini ya intentó amenazar a los griegos  concentrando tropas en su frontera.

Mussolini, había tensado en el ínterin sus relaciones con Yugoslavia, ya se sabe el irredento Trieste, y hasta había movilizado tropas en la frontera y en la propia Albania. Pero en Septiembre de 1940, cambió de idea y desmovilizó gran cantidad de tropas. Para el Estado mayor del ejército italiano estos cambios eran una pesadilla que redundaban en una provisionalidad que afectaba a todos los teatros de operaciones que en el final del verano de 1940, Italia tenía abiertos. Quizá a Mussolini, los bocaditos que sus ejércitos se habían dado desde el inicio de la guerra, la franja francesa de Grenoble-Niza, el Yibuti francés en el Cuerno de África, la Somalía británica, y el puerto egipcio de Sidi El-barrani en Egipto, no le parecían suficientes.

A mediados de octubre, Mussolini, sus jerarcas, y los jefes del ejército se reunieron para dar forma a la intención de Mussolini de atacar Grecia, presa jugosa, que el dictador suponía caería en sus manos en un par de semanas. Los jefes militares se espantaron, más, los almirantes y los jefes de la aviación cuando días después se enteraron de las pretensiones del Duce. Pero Badoglio, a quien Mussolini había encargado la invasión, no tuvo agallas para oponerse al Duce, pese a que era contrario al pacto de Acero y no disimulaba su aversión a esta invasión.

La cúpula fascista tenía razones políticas y militares para invadir Grecia. De las primeras, la principal era medirse con su aliado Hitler, con quien les consumían los celos, de las segundas, establecer bases en Grecia para contrarrestar el dominio inglés en el cercano Oriente, poniendo aviación cada vez más cerca del canal de Suez.

La invasión se diseñó en dos etapas, primero la conquista del Epíro y segundo el resto, si todo iba bien y tras reforzar el ejército. Ni en sueños. La campaña fue un desastre, los italianos no consiguieron una superioridad decisiva que contrarrestara las dificultades del escenario, además, el pequeño ejercito griego, pese a que tenía el grueso de sus fuerzas en la frontera búlgara, se mostró intratable y con una moral excelente, lo contrario que el italiano, donde el propio Badoglio tenía severas dudas. Para colmo el tiempo empeoró y en el ínterin, Mussolini cambió dos veces de objetivo, que Atenas, que si el Epiro, donde por cierto no había verdaderos objetivos estratégicos. A finales de mes, el avance se hallaba atascado y los griegos empezaban a recibir suministros y refuerzos ingleses.

A principios de noviembre, los griegos comenzaron a dar amenazadoras muestras combativas que asustaron a Badoglio, que adivinó las intenciones griegas de cercar a la división estrella italiana, la alpina "Julia". Para empezar, ahora la superioridad era griega y en el aire estaba también la RAF.

Y las cosas comenzaron a complicarse para Italia. La división Julia fue exterminada, los griegos avanzaban imparables en Albania, y los ingleses atacaron con aviones torpederos a los acorazados italianos fondeados en Tarento, hundiendo el Cavour y dejando fuera de servicio el Littorio y el Dullio.

Aquello era imparable, se había abierto la caja de los truenos. Ni 400 aviones ni más de cien mil soldados de refuerzo consiguieron detener al ejército griego. A principios de diciembre la propia Durazzo estaba amenazada. Y para colmo, el general Wavel jefe supremo de las fuerzas inglesas en el cercano Oriente, iniciaba las operaciones para expulsar a los italianos de Egipto, que tras un primer empujón se detuvo debido a que Wavel destinó parte de sus recién llegados refuerzos para Sudán en la ya preparada ofensiva contra las fuerzas del Duque de Aosta en el A.O.I.

Al Estado Mayor italiano se le debieron poner los pelos de punta, y seguramente maldijeron la irresponsabilidad del Duce y sus jerarcas fascistas de atacar a los irreductibles griegos. A finales de diciembre, el frente albanés se estabilizó. Graziani se fortificó en Bardia (Libia) y el duque de Aosta supo que fuerzas desde Sudan y desde Kenia preparaban la conquista del A.O.I. El año nuevo trajo nuevas ofensivas. Los ingleses conquistan la Cirenaica, en y ataques terrestres y navales conquistan Eritrea y la Somalia italiana y recuperaran la británica en abril. Sólo en Abisinia resistían los aislados italianos.

Pero aún así, Mussolini ordenó atacar de nuevo a los griegos en Albania. Dos ofensivas de invierno que también fracasaron. El ejército italiano, desesperado, perdió aún más territorio albanés. En el ejercito griego, la artillería y la aviación era mayoritariamente inglesa. Pero tampoco había optimismo. En la vecina Rumania, se concentraban nueve divisiones de la Wehrmacht y se sabe que Mussolini ya había pedido ayuda a Hitler. La invasión de Yugoslavia y de Grecia era inminente.

10.7.35

Carros del modelo 13/40 del Ejército italiano acompañan A Rommel en una ofensiva en la primavera de 1941

En abril de 1941, las fuerzas británicas en el Cuerno de África, convenientemente reforzadas desde El Cairo, convergen sobre Abdis Abeba.

Haile Selassie  regresó a su patria. Las fuerzas italianas bajo el mando del duque de Aosta se retiraron al interior. Se habían defendido poco y mal a principio, pero finalmente demostraron su temple y hasta mayo de 1941 no se rindieron. Otras fuerzas aisladas combatieron en guerrillas hasta finales de 1943.

En el Norte de África, los alemanes acudieron en ayuda de Mussolini, con un cuerpo expedicionario pensado para resistir en la Tripolitania. El problema es que se lo asignaron a Rommel, un general especializado en la guerra relámpago, enviado a un terreno idóneo para la guerra de movimientos, que sin esperar al resto del cuerpo se lanzó al contraataque. Sus fuerzas llegaron hasta el Alamein, ciudad bien adentrada en Egipto, a unos 80 kms de El Cairo, pero nunca hubieron podido tomar la capital egipcia ni el canal de Suez, por muchos refuerzos que hubiera recibido el Afrikakorp. Aparte de que los Estados Unidos no lo hubieran permitido, sustituido Wavel por Montgomery y recibidos refuerzos y materiales suficientes para formar el 8 ejército inglés, Rommel se vio enfrentado a una guerra de posiciones en el Alamein, la antítesis de su estrategia, y con notoria inferioridad de medios, pues el frente ruso se llevaba todo los refuerzos y suministros.

10.7.36

Alegría meridional en las roturadas estepas rusas en el camino hacía Stalingrado. Los soldados del ARMIR, el ejército expedicionario italiano en Rusia, sonríen al paso del fotógrafo. Animosos con sus oficiales al frente, ignoran lo que les espera en el extenso frente de la confluencia del Don con el Volga. Pero ahora es verano, la tropa aún no ha entrado verdaderamente en combate, cubriendo la retaguardia alemana, pero sin cometer sus fechorías.

En junio de 1941, y con cierto retraso sobre los planes previstos, precisamente por las operaciones en los Balkanes y en el Norte de África, los alemanes atacaron Rusia. La cosa parecía un paseo triunfal, y de nuevo el Duce y hasta Franco con la división Azul, quisieron participar en la conquista. Los alemanes no eran tan entusiastas en lo que respecta a Mussolini, vista la baja combatividad de sus fuerzas, cuando los soldados consideraban que ciertas campañas ni les iban ni les venían. Pero el Duce insistió y pronto se formó un cuerpo de Ejército con tres divisiones todo lo motorizadas que se pudo. Hay que decir en favor del alto mando italiano, que hicieron repetidas protestas de la falta de todo tipo de aprovisionamientos necesarios para una lejana campaña en Rusia, desde vehículos pasando por armas de acompañamiento de infantería, sobre todo antitanques, y lo más sangriento, ropas de abrigo para la dura estepa rusa.

Mussolini cesó a los oficiales renuentes y mandó las tres divisiones, que llegaron en agosto, en plena euforia de conquista. Los alemanes usaron estas fuerzas, como hacían con las rumanas y húngaras, para cubrir flancos, es decir, proteger sus pinzas de intentos de flanqueo por parte rusa. Tras el duro invierno de 1941, y teniendo en cuenta que en el frente sur, las operaciones fueron más leves que la dura batalla por Moscu del frente del Centro, los italianos se encontraban acantonados sin más misión que las labores de ocupación, a todas luces desagradables bajo mando alemán.

10.7.37

Campaña de Túnez en 1943, infantería italiana al asalto.

Mussolini, que había alcanzado los límites de la necedad, que había enviado a sus compatriotas a una guerra dónde ni siquiera los alemanes le habían llamado, insistió en mandar más tropas. Quería pasar de un cuerpo de ejército a un ejército, el octavo, formando por 10 divisiones en vez de tres. El invierno de 1941 no les había enseñado nada a ninguno de los dos dictadores. Seguían creyéndose su propia propaganda de que los rusos estaban acabados y sólo era cuestión de dar la definitiva patada en la puerta. Que Hitler se creyera tal cosa, teniendo en cuenta que nadie había sido capaz de derrotarle hasta Moscú, y que dominaba toda Europa, podía pasar, pero que se lo creyera Mussolini que no había cosechado más que derrota tras derrota paliadas algunas por la ayuda alemana, era, como decimos, de una criminal necedad. El miserable dictador mandaba a los meridionales italianos a pelear en el corazón del infierno blanco, donde nada italiano se había perdido.

Con la campaña de verano de 1942, se inició el principio del fin del ARMIR, el 8 ejército italiano. Colocado al flanco norte del sexto ejército de Paulus, avanzó por la estepa hasta llegar al Volga. En aquel escenario del fin del mundo, los extrovertidos soldados italianos sintieron como el corazón se les encogía. Estaban a miles y miles de kilómetros de sus hogares, apoyando a un ejército que mayoritariamente les despreciaba, con la misión de defender casi 500 kms de frente y sin estar preparados ni provistos para ello.

10.7.38

Alpinos italianos se retiran con enfermos y heridos ayudándose unos a otros.

En la segunda y tercera semana de diciembre de 1942, los rusos atacaron para aislar al sexto ejército alemán. En el flanco italiano cercaron a dos divisiones del ARMIR. Se ordenó resistir, pero los italianos no habían prestado juramento de fidelidad al Fuhrer y las dos divisiones se retiraron maltrechas cuando ya no pudieron aguantar más. En el siguiente ataque, fueron cuatro las divisiones italianas en peligro, los soldados abandonaron sus posiciones conservando apenas su arma individual en una larga columna de soldados en retirada, por una estepa huérfana de todo posible refugio y con miles de bajas por congelación. Una semana después, las tres ultimas divisiones italianas con capacidad para resistir fueron rebasadas. En las operaciones rusas de rotura del frente de Stalingrado, los italianos sufrieron 20.000 muertos y más de cincuenta mil prisioneros. Se salvaron, contando heridos y enfermos, poco menos de cincuenta mil, de una plantilla al inicio del ataque de unos 140.000.

Como dramática anécdota, las divisiones alpinas Julia y Tridentina que se defendieron con bravura, fueron prácticamente desechas. Para la Julia, era la segunda vez, pues fue casi destruida por los griegos una año antes.

10.7.39

Mussolini liberado por los paracaidistas de las SS comandados por Otto Skorzeny, llegados en avionetas y planeadores al Gran Sasso sin que la guardia que lo custodiaba ofreciera resistencia.

10.7.39.1

Durante la República del Salo, Mussolini revista la división Italia que había sido instruida en Alemania pero llevaba pertrechos y uniformes italianos. Era el 21 de enero de 1945. Se acercaba el fin...

Tras la invasión aliada de Italia, Mussolini fue destituido por sus propios jerarcas del Gran Consejo Fascista entre los que se encontraba su cuñado, el Conde Ciano. El rey Victor Manuel III encargó el gobierno al mariscal Badoglio que se pasó al bando aliado. El propio rey ordenó también al mariscal Badoglio la detención de Mussolini y sus jerarcas. Mussolini fue detenido y enviado a un paraje inaccesible del Norte de Italia. Ciano y otros grandes del fascismo italiano que habían votado en contra de Mussolini, huyeron a Alemania. Quienes, tras sacarles toda la información posible y tras rescatar a Mussolini y ponerle al frente de una República fascista en el Norte de Italia, entregaron a los traidores a Mussolini, quien tras una pantomima de juicio los fusiló. Y eso que Ciano era el marido de su hija Edna.

Un dictador así, decimos, quizá no se podía imaginar cómo iba a terminar. Pero ya hay que ser un estúpido bien grande para no imaginárselo. Tras intervenir militarmente en Abisinia, España, Albania, Yugoslavia, Grecia, el Norte de África y Rusia, donde lo único que recibían las familias italianas eran los cadáveres de sus hijos que habían muerto por nada, por nada que le importara un pimiento a la población italiana, pensaba que su figura, ¡Il Duce!, era intocable. Vaya perspicacia...

10.7.40

El horroroso espectáculo del dictador y sus próximos, colgados como animales.

Ignoro si Hitler y Franco vieron esta imagen, pero de ser así, seguro que a Franco y a sus jerarcas falangistas se les pusieron de corbata. Una pequeña satisfacción moral para los miles de presos republicanos españoles que duró muy poco, pues pronto se vio que los americanos, influidos por Churchil, decidieron no invadir España y acabar con el último dictador y criminal de la Europa del momento. Que hubiera sido de gran justicia.

Y así acabó, teniendo que huir en un camión con soldados alemanes que no le defendieron cuando los partisanos le bajaron del vehículo. Fusilado a las pocas horas con su amante Clara Petacci. Y colgado por los pies del mercado de Milán. La analogía está servida.

No salieron los camisas negras en su defensa, ni el ejército italiano, ni la policía, ni los Carabinieri, ni las masas que le apoyaron mientras las cosas fueron bien. No salió nadie, y quizá, quienes más aporrearon su rostro y su cadáver hasta deformarlo horriblemente fueron aquellos que menos habían padecido bajo su régimen.

Imágenes H. Universal V. 1.2 Nov. de 2014 Sbhac nº 6