S.B.H.A.C. nº 6

Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (universal.sbhac.net)

Imágenes de la historia universal   

 

10.8 El nacimiento del imperio Nazi

10.8.1

En la imagen, el disciplinado retorno del derrotado ejército alemán es saludado por la población como si se tratara de tropas victoriosas. El canciller Friedrich Ebert había llegado a un acuerdo con el general Gröner jefe del Estado Mayor del mariscal de campo Von Hindenburg, sobre dos cuestiones, el orden público y el combate a muerte contra los espartaquistas. El ejercito se comprometió a regresar ordenadamente con las tropas y mantener la disciplina en los cuarteles. Las tropas fueron recibidas por el canciller con estas palabras: "...os saludo, a vosotros, que regresáis invictos del campo de batalla..."

El primer peldaño: La mentira de la puñalada por la espalda.

En el otoño de 1918 el Alto Mando de las Fuerzas Armadas del II Reich sabía perfectamente que la guerra estaba perdida. Ello era debido a múltiples factores, pero uno de los más importantes fue la defectuosa estrategia de este organismo. En concreto, la subestimación de la capacidad de bloqueo aliado y la agresiva guerra submarina alemana que facilitó la entrada en guerra de los Estados Unidos. Más, la defectuosa campaña rusa, con una paz muy tardía para los intereses alemanes y que además acabó contaminando al ejército alemán con las ideas revolucionarias. Y la principal, la sobreestimación de la capacidad de resistencia de la nación, fuerzas armadas incluidas. La puntilla la puso la ofensiva de primavera de 1918 que pese a importantes éxitos iniciales, desfondó al ejército alemán, y contra un nuevo enemigo mucho más mortal que Rusia, el país más industrializado del mundo, USA.

El Alto Mando fue muy hábil para entregar sus responsabilidades a los civiles. Así nació la famosa, tan falsa como famosa, teoría de "la puñalada por la espalda", primer peldaño de la larga escalinata de medias verdades y descaradas mentiras que propició el rencor y el revanchismo que incubó el huevo de la serpiente del militarismo alemán de mediados del siglo veinte, conocido como nacional-socialismo.

10.8.2

En la imagen, militares aliados tratan de captar detalles de la reunión en el palacio Trianon, en Versalles,  el 7 de mayo de 1919.

El segundo peldaño: El tratado de Versalles

El nacional-socialismo, era una variante maligna del tradicional militarismo alemán, y tuvo mucha suerte en su desarrollo, pues no sólo era cosa de alemanes ultra conservadores, los líderes aliados fueron escupiendo semillitas de rencor en cada parcela del terreno patrio alemán. Primero, condiciones leoninas, después, pérdidas territoriales por impago, después más condiciones leoninas. Convirtieron Alemania en un mundo caótico y miserable donde las oportunidades de medrar políticamente para locos y necios se desbocaron.

El tratado de Versalles fue uno de los elementos más determinantes del rencor alemán. Alemania, principal culpable de la Gran Guerra, fue tratada por Francia e Inglaterra, como si fuera la única responsable. La excusa fue el "nunca más", la firme decisión de Clemenceau y de Lloyd George líderes francés e inglés, de sacudirle a Alemania tal castigo que disuadiera a sus habitantes de nuevas aventuras militaristas. Es evidente que no sirvieron de nada y que además fueron la principal causa del rearme alemán. Este fue el segundo peldaño del resurgimiento del militarismo alemán.

10.8.3

Combates en Berlín el 3 de septiembre de 1919 entre espartaquistas y fuerzas de la Reichswehr. Ignoramos si se trata de una recreación o la imagen es real.

10.8.3.1

Miembros de los Freikorps en una barricada en el Berlín de 1919

El tercer peldaño: La derrota espartaquista

El ejército alemán fue reducido a su mínima expresión. Pero muchos excombatientes de ideologías conservadoras se habían organizado para-militarmente para evitar el triunfo de los grupos revolucionarios, principalmente los Espartaquistas. Eran los freikorps y otros grupos similares.

Ya antes del recién declarado armisticio, Berlín y Babiera se convirtieron en republicas socialistas durante algunos meses. La clase trabajadora alemana era la mejor organizada del mundo y podría haber barrido toda oposición militarista y ultra con poco esfuerzo. El problema fue la oportunidad y sus liderazgos. Sus dirigentes más clarividentes estaban en la izquierda comunista, con pocos partidarios en comparación con los trabajadores que movilizaba la social-democracia, y que, por contra, tenía dirigentes de centro, si no de derechas.

La oportunidad escogida por las bases espartaquistas y socialistas en 1919, era vista con prevención por sus dirigentes, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, y efectivamente, se encontró de frente con la situación más desfavorable. La alianza del gobierno con la ultraderecha (los freikorps) les arrebató toda oportunidad. Habían desaprovechado el armisticio, la hora temprana y ahora, sus enemigos estaban armados hasta los dientes y apoyados por el gobierno y la Reichswehr. De modo que metidos en la peor de las oportunidades, las fuerzas de izquierda fueron derrotadas por la alianza gubernamental mientras el ejército se mantenía al pairo en retaguardia. La correlación de fuerzas era abrumadora a favor del gobierno.

La revolución fue derrotada en Berlín y sus líderes asesinados. Este fue el tercer peldaño del resurgimiento del militarismo alemán, pues potenció a las fuerzas que terminarían siendo las futuras escuadras de choque de nazismo, las SA. En los Freikorps bávaros había un oficial desmovilizado al que llamaban el rey de las metralletas (las Schmeisser MP18) por su habilidad para pasarlas de contrabando (del ejército a los ultras). Se llamaba Ernest Röhm y tendría mucho porvenir en esto de matar, torturar, robar e incendiar en nombre de la ideología nazi.

10.8.4

Veteranos con perrito. Soldados que servían de correos en la división dónde combatía Hitler. La supervivencia en el puesto de correo era muy baja. Hitler fue herido y condecorado. Es el de la izquierda.

El cuarto peldaño: El agente de la Reichswehr

El artífice de este militarismo criminal tan bien vestido para desfiles que fue el nacional-socialismo, puede parecer que fue Adolfo Hitler, en la imagen, junto con compañeros soldados. Pero no es verdad, Hitler sólo fue el cuarto peldaño del renacimiento del militarismo alemán. Hitler era un don nadie, sin oficio ni beneficio que encontró en la institución armada su verdadero hogar. Fue la propia guerra, la que dio la oportunidad para averiguar lo que quería hacer con su vida. Sí, pero fue tras la guerra, la Reichswehr, la que le puso a trabajar en los círculos bávaros de ultraderecha, cuando Hitler andaba sin oficio ni beneficio y aceptó ser informador para el escurrido ejército de la República de Weimar

La cuestión es muy importante para entender al personaje. Hitler amaba la guerra, un hombre sin verdaderos afectos que creyó encontrar en la camaradería cuartelera el destino que le tenía preparado la vida. Y que como Napoleón, y a mediada que conquistaban Europa, creían que su persona no podría ser destruida hasta que su imperial destino se hubiera completado al cien por cien. Anduvieron cerca, pero finalmente cayeron con todo el equipo, generando precisamente todo lo contrario de lo que querían conseguir para ellos y para sus apoyos.

10.8.5

En la republica de Weimar la inflación permitía encender los fogones con billetes de millones de marcos sin perder dinero.

Calles violentas y miseria en los hogares.

La sociedad alemana sufrió los efectos del tratado de Versalles, las terribles reparaciones de guerra que arruinaron a Alemania, más los efectos de la Gran Depresión del 29. En todas las nóminas de la época había un descuento a este fin. A cada poco y por las presiones aliadas, el descuento subía.

El caos y la miseria se apoderaron de la antaño opulenta Alemania. Gobernaba una alianza de fuerzas encabezada por los socialdemócratas. Pero el KPD (los comunistas) se reorganizaba, y sus militantes eran tan duros o más que los nazis, pues mientras las escuadras nazis gozaban de la simpatía policial y judicial, todo lo contrario les ocurría a los activistas del KPD.

Los enfrentamientos entre grupos de nazis y comunistas eran muy corrientes, y solían ser rápidos y sangrientos.

10.8.6

En la imagen paramilitares nazis en una barricada para apoyar el putsch de 1923. Hay algunas anécdotas interesantes a propósito de la uniformidad nazi. Parece que a las SA originales e las uniformó con excedentes del ejército austro-húngaro, una par de miles de uniformes que dar a esta época un color característico como los de la imagen. Con el paso del tiempo, le fue dado la franquicia de la uniformidad SA y SS a un sastre muniqués llamado Hugo Boss, quien diseñó los famosos uniformes de las SA y de las SS. Eran trajes caros y los miembros de estas organizaciones necesitaron subvenciones, del partido y de los empresarios afines.

El putsch de 1923

El amigo Hitler, refundó un partido de extrema derecha, el NDP, que andaba envenenando la sociedad alemana en un escenario terriblemente propicio. Millones de excombatientes en paro, las familias arruinadas, bandas paramilitares de extremistas campando por sus respetos y con mensajes espeluznantes que atraían fuertemente a una parte agraviada de la sociedad alemana, y a la vez, espantaban a la otra parte. En noviembre de 1923, la noche del 8 al 9, el iluminado Hitler y sus compinches lanzaron un órdago, levantándose en armas contra el gobierno en Munich, ¡desde una cervecería!, pero lo perdieron al mantenerse la policía fiel al gobierno. El putsch llamó mucho la atención en los mandos del ejército y a las clases dirigentes, y Hitler  fue juzgado con mucha benevolencia por jueces simpatizantes y tratado como un rajá en los pocos meses en que estuvo en la cárcel, donde al parecer escribió el mamotreto llamado "Mi lucha", en el que barbaridad tras barbaridad, anunciaba palabra por palabra lo que pensaba hacer con Alemania, Europa, los judíos alemanes y toda clase de personas que no comulgaran al cien por cien con sus criminales majaderías.

10.8.7

Curiosa imagen esta, donde posan los procesados por el Putsch de Munich de noviembre de 1923. Casi todos se estiran para atrás para parecer más grandes y altivos, sobre todo Hitler. Destaquemos al mariscal Ludendorft, al propio Hitler, con su pose de iluminado, y al amigo, Röhm, capo de los freikorps bávaros. Todos fueron tratados con suma benevolencia por unos jueces entregados de antemano, por gusto o por presiones, qué más daba.

Curiosamente Ludendorft y Hitler quedaron enemistados en este golpe, acusándose ambos de lo mismo, pues los dos querían lo mismo, ser los jefazos. Y curiosamente, digo, el viejo mariscal Ludendorft, enviaría un telegrama en enero de 1933 al presidente de la república, Hindenburg, del que era amigo personal, advirtiéndole de la maldad de Hitler, y así evitar que lo nombrara canciller. Observe el lector que en todos los peldaños de la ascensión de Hitler al poder rondaba el generalato alemán.

La larga vía legalista.

En los diez años que van desde 1923 a 1933, el NSDAP combinó el electoralismo con las técnicas de presión más violentas y coercitivas. En esos años, políticamente, la derecha económica se agrupaba alrededor de Partido Nacional Alemán (Stahlhelm) de ideología ultra reaccionaria y monárquica donde militaban la nobleza, los militares y la alta burguesía. Por contra, los nazis formaban en el Partido Obrero Alemán Nacional Socialista (NSDAP), que preconizaba la ruptura con el viejo orden y la destrucción de la débil democracia burguesa que, decían,  dejaba a Alemania convertida en una colonia franco-británica. El NDP agrupaba más de un millón de afiliados más o menos concienciados, el NSDAP reunía apenas cien mil, pero eran unos fanáticos, violentos fanáticos capaces de cualquier cosa. En la izquierda, se encontraban el SPD, social-demócratas, y el KPD, comunistas, que con los sindicatos representaban a la mayoría del pueblo alemán. Existían también fuerzas de centro derecha alrededor de líderes destacados, como el mariscal Hindenburg que en 1925 fue elegido presidente de la República.

La crisis del 29 vino a propiciar el matrimonio de intereses entre los partidos reaccionarios, los Stahlhelm y el NSDAP. Ocurrió que Alemania no podía pagar su deuda de guerra, de modo que una comisión Aliada se reunió en 1929 en La Haya, y dictaminó que Alemania pagaría su deuda a razón de 1.988 millones de marcos por año durante un periodo de 57 años (hasta 1986) Fue un insulto nacional y una de las arbitrariedades franco-británicas que ayudaron a fomentar la revancha militarista. Destacados líderes del NDP sufragaron al NSDAP para que se movilizara por sus intereses. Hitler lo aceptó encantado, suspiraba por codearse con las alturas y asistir a saraos respetabilísimos. Era una estrategia muy arriesgada para el NDP este trasvase de militantes y dinero, como se demostró más adelante, pero no para los grandes poderes financieros e industriales que nunca apostaban todo a una sola carta.

10.8.8

En la imagen, bestias pardas de las distintas organizaciones nazis montan el pollo delante de los almacenes Woolworth de propiedad judía. Observe el lector la esplendida expresión de los cuatro borricos graznando sus himnos y consignas.

El quinto peldaño: Hindenburg

De modo que el gobierno, hubo de aumentar en los salarios el descuento de reparaciones de guerra, que ya era abusivo. El Canciller, un tal Hermann Muller, presentó el decreto para su firma al presidente de la República, el Mariscal Paul von Hindenburg que era presidente de la República desde 1925 y que se negó a firmar, provocando una crisis de gobierno que rompería la tradición parlamentaria de mayorías en la formación de los gobiernos de la República de Wiemar. Hindenburg resolvió su propia crisis nombrando directamente al nuevo canciller.

La democracia quedó seriamente dañada en Alemania pues en adelante, los cancilleres saldrían, no del parlamento, sino de los poderes presidenciales de un Mariscal del Ejército íntimamente ligado al régimen anterior y grandemente responsable de la derrota alemana. Y este fue el quinto peldaño de la ascensión nazi al poder, el presidencialismo de Hindenburg, presidente de la República pero representante de la Alemania más rancia y tradicional, que daría el poder a Hitler al inicio de 1933 mientras torcía el gesto con desagrado.

Pese a lo dicho, la figura del viejo Mariscal era la más respetada de Alemania.

El nuevo canciller, Brüning, se vio obligado a convocar elecciones al no poder aprobar sus presupuestos en el parlamento. Estábamos en el verano de 1930 y los nazis tenían hasta el 14 de septiembre para preparar su campaña. Ya en las elecciones regionales de 1929, los nazis habían tenido relativo éxito en sus campañas patrioteras y demagógicas y a la par terriblemente intimidantes. La campaña de 1930 sería brutal. Miles de mítines que eran en puridad concentraciones paramilitares de las Escuadras de Asalto (SA) que en formaciones cerradas y si mejor nocturnas y con antorchas, o seducían o espantaban.

Los choques con las formaciones obreras, socialistas y comunistas siempre se saldaban con heridos y hasta muertos, destacando la parcialidad de las fuerzas de orden, que favorecían a los nazis (como ocurría en todas partes, con perdón).

10.8.9

La maquinaria de propaganda nazi que gustaba de regalar los orejas al alemán medio diciéndole que eran arios (unas hordas, no precisamente rubias, provenientes del sub-continente índico) y que estaban sojuzgados por un complot judeo-bolchevique (en España, la variante fue judeo-masónico) que tenía en la ruina a Alemania.

Esta propaganda, digo, llegó también a la Iglesia Luterana y a la Católica con gran éxito. Se llamaban Cristianos Alemanes pero en puridad sólo querían ser los capellanes de los nazis. Aparte de estos incondicionales, la iglesia Luterana y la Católica, salvo excepciones individuales, no le pusieron muchas pegas al nacional socialismo. Es la triste verdad.

En la imagen Cristianos nazis reparten propaganda a la entrada de una iglesia.

La propaganda nazi empapa Alemania.

En la oratoria del NSDAP primaban las consignas facilonas que destilaba el propagandista más sucio y trapacero de toda la historia mundial, el señor Goebbels, un cínico redomado, del que se recuerda que para celebrar su cumpleaños y sólo para divertir a sus invitados era capaz de hilar discursos políticos en defensa de todas las ideologías del Reich, empezando por burgueses centristas, socialistas y comunistas, todas ellas impecables desde cualquier punto de vista, para terminar en una apoteósica defensa del nacional-socialismo en una catarsis demagógica que hipnotizaba y embelesaba a sus oyentes. Orejas fáciles, claro.

Los primeros 100 diputados nazis.

Los resultados electorales sobrepasaron todas las expectativas de la cúpula del NSDAP, en concreto los doblaron. Mas de seis millones de votos y 107 escaños. De repente, Hitler se convertía en un señor que tenía un centenar de diputados en el Reichstag, al que acudían, naturalmente, con el uniforme de las SA, o de Partido (que tenía uniforme propio, como los colegios).

El gobierno de Brüning se mantuvo a duras penas en un escenario próximo a la bancarrota y al caos social. El canciller solicitó el apoyo del partido nazi, pero Hitler se lo negó, lo quería todo para él, a la par que el NSDAP planteaba un sencillo programa de reconstrucción nacional basado en obra pública, industria automovilística, re-militarización de la Renania, y por encima de todo el rearme que potenciaría la industria pesada, la joya de la corona alemana. Y a los poderosos les gustaba el menú, lástima que fuera un cafre liderando a centenares de miles de cafres, pero no estaban los tiempos para melindres.

Debido a la inestabilidad del gobierno Brüning, el presidente alemán, Mariscal Hindenburg, llamó a consultas a Hitler. En la entrevista, y a pesar de la moderada aptitud de Hitler, a Hindenburg no le gustó nada el personaje y en privado aseguró que no le encargaría ni el servicio de Correos.

La falta de colaboración de los partidos extremos, obligó a Hindenburg a convocar elecciones presidenciales en enero de 1932, dado que su mandato estaba al borde de caducar. Los comicios resultaron desfavorables a Hitler que competía con Hindenburg por la presidencia. Pero le dieron suficiente número de votos para considerarse la principal alternativa de poder. La campaña fue terrible y toda Alemania quedó conmocionada con la violencia verbal y física de los nazis. Las Escuadras de Asalto recorrieron las calles de Alemania imponiendo su terror y amedrentando a lo que ellos consideraban enemigos de Alemania, es decir, judíos, socialistas y comunistas. Fueron estos últimos los únicos que se enfrentaron en verdaderas batallas cámpales con los matones de las SA. De enero a julio de 1932 hubo centenares de muertos en enfrentamientos entre nazis y comunistas del KPD, única formación política que se les enfrentaban en las calles de las grandes ciudades, y sobre todo en la capital, que siempre fue un feudo de las izquierdas.

10.8.10

En la imagen, funeral por los caídos de las SA en los enfrentamientos con los comunistas.

El año 1932

En cualquier caso, en mayo, Brüning dimitió y Hindenburg, que secretamente ya tenía nuevo candidato a canciller, nombró al ex-oficial prusiano Franz von Papen de tendencia centrista, pero que desafortunadamente no contaba con suficientes apoyos. Poco tiempo después Papen se vio obligado por la presión de los nazis a convocar elecciones al Reichstag para finales de julio. De nuevo, la campaña, diseñada por Goebels, fue brutal además de frenética. Hitler batió su record de mítines y paradas pseudomilitares. El resultado fue agridulce para los nazis. Consiguieron el 37,4% de todos los votos con 230 escaños. Lo bueno para el NSDAP es que pasó a ser el partido más votado, lo malo es que no tenían mayoría en el Reichstag. Las élites del NSDAP y de las SA estaban un poco hartas de esta estrategia, y los jefes de las Escuadras de Asalto con varios millones de militantes clamaban por un golpe puro y duro. Pero Hitler y sus próximos sabían que el ejército no permitiría una acción de este tipo que no contara con el beneplácito de Hindenburg. El mariscal maniobró rápido, mantuvo a Papen de canciller y ofreció a Hitler el puesto de vicecanciller, pero Hitler alegó que siendo el partido más votado reclamaba el puesto de canciller. El presidente se negó respondiendo a Hitler que no entregaría el poder a un partido sin mayoría uno de cuyos idearios era precisamente la destrucción de la democracia parlamentaria. A la salida de la reunión, Hitler se acercó levemente a Papen y le masculló, "...no le dije nada al mariscal por respeto, pero le aseguro que tendrá usted la oposición mas despiadada que pueda imaginarse..."

El gobierno de von Papen era inviable, desde un extremo a otro del arco parlamentario se le combatía con furor, pese a que había mejorado la situación económica y que el propio Papen prometía ahora reivindicaciones más propias de los nazis, como el inmediato rearme. El caso es que a mediados de septiembre Hitler aprovechando una moción de censura, se subió al carro y dejó al gobierno sin trabajo. Había que ir a elecciones de nuevo, eran las cuartas en el año 1932, la población estaba harta de estas historias y ningún partido tenía recursos para encarar otras elecciones, incluido el NSDAP.

10.8.11

En la imagen, un pasquín de propaganda nazi en las elecciones de 1933. Y tiene bemoles la cosa, sacar al viejo mariscal junto a Hitler, después de las barbaridades que el amigo Adolfo había largado de Hindenburg en las pasadas presidenciales de enero de 1932

El hastío electoral.

Las elecciones se celebraron en noviembre y la abstención fue alta. Los nazis perdieron varios millones de votos, pero lo mismo le ocurrió a todos los partidos. Aquellas elecciones provocadas por el NSDAP no habían servido para nada, pues la Alemania de finales de 1932 seguía siendo tan ingobernable como siempre. Los partidos de centro y de izquierda reunían casi 18 millones de votos frente a los casi 12 millones de votos del partido nazi.

Hindenburg se vio en la obligación de convocar a Hitler y rogarle que aceptara la vicecancillería en un gobierno de coalición con el Partido Nacional del Pueblo, una formación derechista no tan radical como los nazis, y otras formaciones que pudieran contraponerse a las formaciones de izquierda.

El líder nazi comprendió que Hindenburg no le ofrecería la cancillería nunca, al menos mientras no tuviera una mayoría en el parlamento. Decidió entonces que era hora de dar otro golpe, pero esta vez sin fusiles de por medio, recurriendo a las marrullerías políticas en las que era experto a estas alturas de su carrera política.

Hindenburg nombró canciller al general Schleicher, que era amigo de la familia. Este militar era bastante conocido por maniobrar en la sombra gracias a su amistad con el hijo de Hindenburg. Como Papen en el 32, Schleicher le ofreció un pacto de gobierno a Hitler. Como éste tenía otros planes y no lo aceptó, al recién canciller no se le ocurrió otra cosa que enfrentar a los líderes nazis, ofreciéndole  la vicecancillería a un tal Strasser, uno de los jefes del NSDAP. Cuando Hitler se enteró, le acometió uno de sus prontos iracundos, y tras obligar a dimitir a Strasser, al que acusó de estar en el ajo, sólo tuvo que esperar un poco de tiempo para completar su venganza con Schleicher, pues Papen, otro intrigante pistonudo, que también quería vengarse de Schleicher le ofreció a Hitler una componenda para librarse de Schleicher y formar gobierno con la bendición de Hindenburg.

10.8.12

En la imagen, Hitler, recién canciller, desfilando un 9 de noviembre, en un aniversario del putsch del 23 con la plana mayor del partido en el anual homenaje a los caídos del putsch en Munich. Los dos de la izquierda van un poco preocupados, pues no marcan el paso como los arios, sino al revés. Hasta el orondo Goering lleva el mismo paso que Hitler, hum...

Franz von Papen: la mano que ayudó a subir el sexto peldaño.

Resulta que Papen había conseguido avales de los más poderosos industriales y financieros para convencer al mariscal Hindenburg, presidente de la República, para que reconsiderase su nombramiento o al menos no pusiese pegas a las maniobras políticas que se avecinaban. El viejo mariscal, estaba medio ciego, pero todavía regía, aunque se negase a asumir que la crisis política de la Alemania del inicio de los treinta se había agudizado precisamente por haberle retirado al parlamento la potestad de nombrar canciller, donde nunca Hitler ni Papen, ni aventureros semejantes hubieran logrado la presidencia. El caso es que la maquinaria de propaganda nazi se dedicó a lanzar rumores sobre un previsible golpe militar del canciller Schleicher para evitar su destitución. Se decía que contaba con la guarnición de Berlín. Igualmente se aseguraba que estaba en marcha una huelga general para salvaguardar la República.  El rumor era bastante increíble, pues ni un solo militar de la Reichswehr hubiera levantado un dedo sin el expreso permiso del mariscal Hindenburg. Pero sí era cierto que el canciller trataba de maniobrar buscando un gobierno autoritario, sin que Hindenburg le autorizara a disolver el parlamento. Lo cierto es que Hindenburg se alarmó y con él todos los interesados en creer el bulo. Se dijo que el presidente peligraba y la policía protegió la residencia presidencial. Al cabo, el mariscal, reunido con Papen, se tragó el sapo y aceptó nombrar a Hitler como canciller y a Papen como vicecanciller. Teóricamente, Papen controlaría a los nazis a los que sólo se entregarían dos ministerios menores, de la Reichswher se encargaría al capitán generall von Blomberg, lo que parecía una garantía, pero Frick, un ferviente nazi ocuparía el Ministerio del Interior con la sana intención de quitarle a los länder estas competencias.

10.8.13

El nazismo cruzó el charco, la importante comunidad alemana en Estados Unidos tuvo veleidades nazis y anti-judias, como se ve en estos dos SA americanos a las puertas de una delegación del NSDAP en USA.

 

El sexto peldaño: Hitler canciller del Reich

Nadie estaba contento con esta solución y nadie estuvo a la altura de las circunstancias. El centro y hasta la izquierda, hartos de Hitler, se dijeron, bueno, lleva años dando la matraca, pues que coja el mando a ver qué es capaz de hacer, verás como se estrella y nos libramos de los nazis de una vez por todas. Criminal ingenuidad...

Hitler aceptó la componenda de Papen, pero desconfiado como era, se hizo el estrecho. El mismo día de la entrevista con Hindenburg, en la antesala, con todos preparados para la entrevista, le montó a Papen un pollo monumental exigiéndole la Comisaría del Reich en Prusia, mientras le amenazaba con marcharse y dejarles tirados. Era un farol, pero Papen temblaba. La situación la salvó el secretario del viejo presidente, que disolvió la trifulca señalando que el que se iba a ir si no espabilaban era el propio Hindenburg. Adolf se calmó rápido y se recompuso para la audiencia con Hindenburg ante quien se cuadró militarmente, reverencia incluida. Al presidente, que ya chocheaba, la cosa le gusto, olvidándosele aquello de que al personaje no le confiaría ni la Dirección General de Correos.

Hitler juró el cargo de Canciller y largó un discursito tranquilo y modoso para contentar a todos. Hitler era un farsante pistonudo. Nadie se acordaba de las barbaridades que había propagado por toda Alemania, o de los insultos y calumnias que le había dirigido al propio Hindenburg durante las pasadas presidenciales.

El caso es que los nazis, que estaban exultantes, prepararon esa noche una demostración multitudinaria frente a la Cancillería recién ocupada por Hitler. Al grupito de fanáticos más próximos a Hitler se les saltaban las lágrimas. ¡Por fin!

Era el 30 de enero de 1933 y este fue el sexto peldaño, uno de los más importantes, de la ascensión del nazismo.

10.8.14

El fotógrafo personal de Hitler, Hoffmann, le fotografió en una secuencia oratoria fingida pero que expresa con claridad la compulsión iracunda del Führer según se va transformando desde la imagen inicial hasta la final, en la que vemos claramente al siniestro payaso que quería conquistar el mundo para arrasarlo y hacer parcelitas con 200 esclavos para cada ario con verdadera pureza de sangre. Y por si esto fuera poco, en el mismo paquete se incluía la aniquilación de razas enteras. Y los alemanes, dejándose dirigir por un extranjero, se tragaron la receta y hasta les pareció bien, excepto a una minoría. Una heroica minoría que lavó la dignidad de Alemania, como siempre ocurre cuando las masas rebuznan al compás de los taconazos de locos iluminados. Vayan de uniforme como entonces, o de paisano como ahora.

Sus primeros pasos...

Hitler ya era Canciller del Reich. Las intenciones inmediatas de los dirigentes nazis eran centralizar la policía (había casi 20 policías distintas), acabar con la prensa independiente, convertir el parlamento en una correa de transmisión gubernamental, obtener el favor de los poderes tradicionales y del ejército, terminar con los sindicatos sustituyéndolos por organizaciones obreras nacional socialistas, y finalmente para esta etapa, acabar con el PKD y SPD, partidos comunista y socialdemócrata alemanes.

Estos pasos serían previos a las verdaderas intenciones de Hitler: que eran unificar a todos los germano hablantes en el Reich, conquistar Europa, y luego Rusia para fundar ese fantasioso escenario ario de los mil años, donde los ciudadanos del resto de Europa occidental serían vasallos, los eslavos, serían precisamente esclavos, y los judíos, gitanos, homosexuales, y otros sub-humanos, serían exterminados sin piedad. Este era el verdadero ideario de Hitler y los dirigentes nazis: el militarismo y el racismo más extremos. Un sapo que sólo atraía a los matones y a los idiotas, pero que millones de alemanes terminarían por comerse.

Pero de momento había que ocultarlo, ir dando pequeños pasos que se justificasen por el peligro comunista y la situación de Alemania, y asegurar a los cuatro vientos que todo lo que querían los alemanes, y su líder era sacar a Alemania del marasmo que sufría y vivir en paz con sus vecinos.

No lo tenían fácil. La presidencia, las oligarquías industriales y financieras y la Reichswehr, simpatizaban aparentemente con Hitler, pero no tenían intención de desmontar la República salvo que la tajada fuera muy grande. La receta de Hitler era sencilla, combinar el legalismo  desde la cancillería, con el matonismo de las SA de Röhm.

Hitler fue colocando a sus secuaces en puestos claves que anulaban a los partidarios de Papen, el vicecanciller, que le había prometido a Hindenburg desactivar a Hitler. La comisaría de Prusia, (ministro del Lánder) caballo de batalla entre ambos políticos, se la llevó Goering. Las jefaturas de policía de los länders fueron siendo ocupadas por sus incondicionales en una marcha lenta pero segura.

 La descentralización de Alemania venía de muy lejos, precisamente de su nacimiento. El länder más importante era Prusia, cuya capital era Berlín. Su Comisaría (primer ministro), como decimos,  le fue otorgada a Goering en sustitución de Papen en abril de 1933. Papen era entonces también vicecanciller del Reich. Goering creó una incipiente policía secreta en Prusia, que se llamó Gestapo (Policia Secreta del Estado) y que posteriormente de la mano de Himmler y del SD de Heydrich pasaría a ser una oficina gubernamental que abarcaba a toda Alemania.

10.8.15

La izquierda y el SPD, en concreto, nunca esperó que Hitler convirtiera la República de Weimar en una dictadura fascista. Lo que esperaban, ingenuamente, es que Hitler fracasara como canciller y que su gobierno se viera obligado a dimitir, como le había pasado a todos los gobiernos derechistas que Hindenburg había propiciado. Cuando quisieron reaccionar ya era tarde. En la imagen, líderes social-demócratas en una concentración.

La desmoralizada oposición.

Marinus van der Lubbe, un joven obrero holandés que se estaba quedando ciego por un accidente y jubilado por invalidez había llegado a Berlín a mediados de febrero de 1933.

Un compañero de trabajo, por broma, le cubrió la cabeza con un saco de cemento vacio, pero que como no lo estaba del todo, le quemó los ojos, salvándose de la ceguera gracias a una rápida intervención quirúrgica. Un año después, en otra obra, un cuezo de argamasa cayó desde un andamio alcanzándole en el rostro. Quedó medio ciego y casi inválido. El seguro obrero le concedió una pensión y fue jubilado, pero el pronóstico de sus ojos era muy malo.

Sabiéndolo Lubbe se dedicó a viajar por Europa con un acendrado espíritu crítico de izquierdas. En su visita a Alemania, quedó completamente desmoralizado, una porque los médicos le acaban de comunicar que su vista era cuestión de meses, y otra, el calamitoso estado de los trabajadores alemanes frente a la miseria imperante y la violencia nazi. Decidió dar un golpe espectacular que movilizara a la vieja y grande clase trabajadora alemana, a la que veía a punto de la insurrección en sus publicaciones y octavillas. Pero eso era un espejismo. Desde la gran huelga del transporte de noviembre de 1932, donde los comunistas habían colaborado con los nazis, los líderes del KPD no paraban de agitar a las masas, calumniar a los social-demócratas y llamar, incluso a las armas contra la República, sin ningún éxito.

Eran consignas vacías que parecían provenir de otro mundo, concretamente de la URSS. Nada de todo eso estaba calando en los obreros alemanes y mucho menos en los campesinos pobres.

La realidad era que la miseria y la desmoralización eran generales, además, la violencia contra los nazis agotaba las energías obreras. Todo esto lo ignoraba Lubbe, que al leer la prensa del KPD pensaba que Alemania se encontraba al borde de la revolución y sólo hacía falta un pequeño empujoncito.

10.8.16

Marinus van der Lubbe, completamente abatido es hostigado sin piedad por los fiscales en el apasionante juicio que se montó, implicando, no sólo a Lubbe, que al parecer, confesó ser el autor del incendio, sino a los supuestos autores intelectuales, la cúpula del KPD, que incluía al gran lider comunista, el búlgaro Dimitroff.

Un golpe de suerte para Hitler y sus secuaces.

El domingo 19 de febrero de 1933, Lubbe se unió a la gran manifestación convocada por los sindicatos que conmemoraba a la República. La aparente fuerza y unidad de los trabajadores le reforzó en sus pretensiones. Había que protagonizar un hecho ejemplar que movilizara tan grandes fuerzas.

Posiblemente como respuesta, la noche del 22, la policía de Goering asaltó la sede del KPD previo sellado de todo el distrito para que nadie pudiera escapar. Se descubrieron algunas armas y miles de panfletos y publicaciones, algunos, con llamamientos a la lucha armada, donde no se decía dónde, ni cuándo ni cómo. Era pura propaganda retórica que Goebels intentó presentar a la sociedad alemana como los planes de un alzamiento. Pero no coló, nadie le dio importancia. Eran las consignas habituales del KPD que no asustaban a nadie.

Los dirigentes policiales nazis se tiraban de los pelos por haber perdido esta oportunidad de hacer creer a Alemania el grave peligro revolucionario que el país corría, escenario en el que sus únicos valedores serían el NSDAP y su lider, Herr Hitler.

Un golpe de suerte vino en ayuda de los malos. Lubbe ya tenía claro qué iba a hacer. ¡Iba a incendiar el Reichstag!

10.8.17

Los tres protagonistas del juicio montado por Goebels por el incendio del Rechstag, Torgler, arriba, Dimitroff, izquierda y Lubbe, derecha.

Lea este extracto del juicio por el incendio del Reichstag

El séptimo peldaño: ¡ Arde el Reichstag!

El incidente ocurrió la noche del 26 al 27 de febrero de 1933, en plena campaña electoral. Rápidamente, Goering y sobre todo Goebels, se pusieron al tajo para aprovechar políticamente estos sucesos  implicando a los comunistas en el atentando al edificio "mas sagrado de la patria".  Lo que el 22 se les negó, se lo ofrecía Lubbe el 27 en bandeja.

Durante mucho tiempo, los historiadores tenían sus dudas sobre esta confesión y se pensaba que todo había sido un montaje de los nazis, uno más de los muchos que hicieron, pero las ultimas revisiones documentales parece que dan veracidad a que Lubbe, al menos inició el fuego en el Reischstag.

Este golpe de suerte fue el séptimo peldaño de la ascensión del imperio nazi, pues permitió una represión sin límites de la izquierda, que fue presentada al país como un gran servicio contra la revolución. Empero, aún quedaba un peldaño final, el más importante, el que daría a Hitler un poder omnímodo, y de las manos de la Riechswher. Y es que en la ascensión del nazismo en Alemania, siempre esta presente el Estado Mayor, Iimperial primero, de la Reichswehr, después y de la Wehrmacht finalmente.

10.8.18

Los nazis gustaban de organizar desfiles de masas en la noche, con sus antorchas y sus rugidos rituales. Era un espectáculo que seducía o espantaba según coeficientes de inteligencia. Esta especial cruz gamada humana terminaba con una pira muy molona que venía a significar que tenían la intención de incendiar el mundo. Perder una guerra y que te saquen los higadillos para pagar las indemnizaciones de ídem, no parece motivo suficiente para la que armaron estos tipos. Algo muy malo le pasaba a una gran mayoría de la población alemana que se embobó con un payaso de pocas risas, una especie de siniestro joker de batman pero con bigote.

La maquinaria represiva nazi se pone a pleno funcionamiento.

Y así, el mismo día 27 de febrero fueron declarados ilegales los partidos socialista y comunista en una campaña desaforada que acoquinó a todo bicho viviente pues fueron detenidos muchos de los cuadros del partido socialista y del comunista.

Al día siguiente, 28 de febrero, se aprobaba la Ley de defensa del pueblo y el Estado. Así se reducían o eliminaban los derechos de asociación, expresión y de libertad de prensa. Era un estado de excepción de facto que no se derogó en Alemania hasta la rendición.

Muchas personas afirman que Hitler llegó al poder de forma democrática. No hay mentira más gorda. Hitler consiguió ser nombrado canciller con sucias maniobras políticas, un golpe civil, en suma, patrocinado por políticos arribistas del entorno de Hindenburg, quién unos años antes había hecho cisco la legalidad parlamentaria quitándole la Parlamento la facultad de nombrar Canciller por mayoría. Y de esos lodos venían estos barros, y este es el séptimo peldaño de la siniestra escalera de la ascensión del nazismo en Alemania, que de democrática no tuvo nada, pues con una propaganda y una habilidad pasmosa y el terror más despiadado, la cúpula del NSDAP con Hitler, Goering y Goebels a la cabeza, fueron cortando todas la manos que intentaron salirles al paso, su propio movimiento nazi, incluido. Y la única institución que hubiera podido detenerle, la Reichswehr, se mantuvo a la expectativa hasta que más adelante apostó por Hitler a cambio de liquidar a la jefatura de las inquietantes SA.

El que Van der Lubbe incendiara el Reichstag fue relevante. Aunque Hitler hubiera aprobado todas sus leyes dictatoriales de una u otra manera. El incendio le permitió acelerar sus planes y laminar la posible oposición de las clases burguesas y medias, pues las organizaciones obreras, partidos y sindicatos ya habían quedado heridas el mismo 27 de febrero, y muchos de sus cuadros llenarían las cárceles y los nuevos campos de concentración en las fechas siguientes.

10.8.19

El 21 de marzo de 1933, día de Postdam, una de las cunas del militarismo alemán, se inauguró la legislatura del nuevo parlamento en la Potsdamer Garnisonkirche, con discursos del presidente Hindenburg y del nuevo canciller, Herr Hitler.

Un parlamento a la medida.

El incidente coincidía con las elecciones legislativas al parlamento. Un parlamento, recordemos, que ya no elegía al canciller, y unas elecciones que quedaron terriblemente coaccionadas por la represión subsiguiente al incendio y el virtual estado de excepción.

El 21 de marzo de 1933 se inauguró el nuevo parlamento en Postdam. Hitler contando con sus aliados de derechas había conseguido la mayoría parlamentaria, aunque ya no la necesitaba para nada, y aunque fuera una mayoría tramposa en una votaciones en condiciones no democráticas que condicionaron el voto.

En marzo ya se había creado el primer campo de concentración de la Alemania nazi, Dachau, de infame memoria. Sólo dos meses habían pasado desde la toma de posesión de Hitler como canciller. Todo iba muy deprisa como para que pudieran reaccionar los partidos, sindicatos y los trabajadores en general. Ya a finales de mes, el 23, Hitler promulgó la Ley de Plenos Poderes, lo que le convertía en un dictador.

Ya no necesitaba consultar al parlamento para legislar ni para diseñar sus políticas internas o de exteriores.

El uno de abril, dos meses y unos días después del nombramiento de Hitler se organizan las primeras acciones nacionales contra los judíos. Siete días después, se los expulsaba de la administración y la enseñanza.

10.8.20

La expresión de complacencia del jovenzuelo de la izquierda, describe la imagen perfectamente. Si se ríe por la fogata, el ignorante, no será menos majadero que si se ríe por convencimiento. Un cafre, de todas todas, candidato, presumo, a las vanguardias de las oprobiosas SS.

Quema de libros.

El 10 de mayo, Goebels, recién nombrado Ministro de Propaganda, (menos mal que el vicecanciller Franz von Papen iba a controlar a los nazis), el 10 de mayo, digo, se organiza la quema pública de libros judíos, e indeseables, barbarie protagonizada, mayoritariamente por escolares y jóvenes universitarios, precisamente los que más tenían necesidad de leer tales libros.

El dos de mayo, tras la conmemoración sindical, las sedes sindicales fueron ocupadas por las SS y los dirigentes que aún estaban libres, detenidos. Los afiliados a los sindicatos pasaron obligatoriamente a cotizar al Frente de Trabajo Alemán, un falso sindicato, apéndice del partido y del gobierno nazi.

En julio, se establece el partido único, se crea el Consejo General Económico compuesto de industriales y banqueros que financiara con gran placer la exitosa futura política económica de Hitler. Nada como tener el apoyo de los poderosos para que marchen bien las cosas.

Y finalmente para terminar este completito mes, Hitler, que quiere tener a los católicos contentos, firma un concordato con el Vaticano, quién, con la excusa de preservar la religión católica, otorga una bendición al régimen nazi que es un escándalo moral.

El año 1934, empieza también brutalmente. Primero unas elecciones amañadas con un único candidato, Hitler, que naturalmente arrasa, pues abstenerse suponía un grave riesgo para las personas. Resultado, casi el 100 por cien a favor del Hitler.

Visto lo visto, el parlamento aprueba la facultad del canciller, ahora ya Führer, para modificar la Constitución, lo que significa el fin de la República y el principio del III Reich.

10.8.21

La población temía a estos matones de las SA y SS, y sólo minorías pro-nazis simpatizaban realmente con ellos. Hitler los utilizó mientras pudo, en la simple estrategia de terror que siempre se encomienda a las bandas de ultraderecha cuando los gobiernos de izquierda son boicoteados por las derechas golpistas. Fue el caso de Italia, Alemania, España, con la Falange, o Chile con Allende, etc...

La estrategia era bien sencilla, se agredía públicamente a ciudadanos o militantes de izquierda. Si los grupos de izquierda respondían, mejor que mejor, se produce entonces la escalada de la violencia, eje de la estrategia, pero si la ciudadanía se mantiene en orden, tampoco importa, pues lo primero que promete la derecha es acabar con la violencia llegados al poder, lo que hizo Hitler, precisamente. Sólo durante las varías elecciones que se celebraron el año 1932 en Alemania se produjeron medio millar de algaradas callejeras con un centenar de muertos. La estrategia le funcionó muy bien a Hitler (y a las derechas españolas durante la II República) pues muchos ciudadanos se creyeron que con Hitler se acabaría la violencia callejera.

En la imagen, SA y SS en comandita (matones nazis) exponen a la vergüenza pública a una pareja de novios, donde uno de ellos es judío. Las carteles son humillantes y difamatorios. Pero a la mayoría de los alemanes no les alarmaba mucho el antisemitismo, pues era una tradición de siglos, incluso en sectores culturales alejados del nazismo.

Las escuadras de asalto, las SA.

Pero quedaban flecos colgando. Los generales veían con terror a los casi cuatro millones de voluntarios encuadrados militarmente en las SA, que competían con la Reichswehr.

La cúpula de las SA, y probablemente la mayoría de sus miembros ex-combatientes que provenían de barrios obreros,  veían a los generales como viejos chivos reaccionarios, culpables en parte de la mala situación del país.

Las SA se organizaban en cuarteles como si fuera un ejército, aunque si estaban francos de servicio iban a dormir a casa. Su trabajo principal era patearse las calles para atacar y disolver cualquier persona, grupo o institución que les pareciera sospechosa de judía, izquierdista, o de falta de entusiasmo nacional-socialista.

En sus cuarteles se torturaba habitualmente a las personas decentes, y excepcionalmente se asesinaba. Sus dirigentes, que vivían de las colectas "voluntarias" o de las razzias y latrocinios de los judíos y de los enemigos del nacional-socialismo habían degenerado de forma natural, pues si te comportas como un asesino, lo de robar, folgar, o tomar drogas habitualmente, por comparación, sólo son pecados veniales.

El NSDAP lo sabía y algunos jerifaltes del partido los imitaban y aplaudían. Hitler también lo sabía y le importaba un bledo mientras las SA fueran sus tropas de choque. Pero por sí acaso, potenció su guardia personal, las SS, junto con el perito agrónomo que las mandaba, Himmler, que no pertenecía a su entorno próximo pero al que Hitler veía muy serio en esto de organizar matones que se hacían pasar por policías: Burócratas del asesinato en masa

  Había un pequeño problema logístico y técnico. Las SA tenían casi cuatro millones de afiliados pero apenas disponía de unos miles de fusiles, armas cortas y algunas ametralladoras pasadas de contrabando por Röhm. Hubo un caso sonado precisamente de contrabando de ametralladoras que interceptó la Reichswehr, pero la cúpula de las SA, no dijo ni pío.

10.8.22

En un cuartel de las SA en Munich, Hitler, antes de ser canciller, pone carita de santo frente a otros matones con carita de buenos chicos, pero eran todos unos malditos bastardos. Los buenos chicos no sabían entonces que su amado líder les iba a traicionar, pero cuando lo supieron, no mucho años después, tampoco hicieron nada.

Un paseo en un acorazado de bolsillo

El comandante en jefe de las SA, Ernest Röhm, era técnicamente jefe también de las SS y por tanto superior de Himmler, el Reichführer de las SS.

Precisamente por eso, Hitler, muy previsor había creado las SS, y había entregado la policía y la secreta (GESTAPO) a los dirigentes SS, especialmente al eficiente Himmler que se rodeaba de gente muy capaz en cuestiones represivas.

Pero hete aquí que Hitler, que ya había probado las mieles de codearse con millonarios, quería buenas relaciones con las generales, para el rearme que anhelaba, y con los industriales y banqueros para financiar la que se avecinaba. Y este amor a tres bandas, NSDAP, Ejército y poderes económicos, rezumaba un deseo incontenible que el Führer necesitaba satisfacer.

La cita ocurrió en el nuevo acorazado de bolsillo Deutschland, precisamente botado con el desplazamiento de un crucero y la artillería de un acorazado para burlar el tratado de Versalles. El caso es que el comandante del Ejército von Fritsch y el Ministro de Defensa von Blomberg le dieron a Hitler un ultimátum, que coloquialmente vendría a ser: no haremos más la vista gorda con tus tropelías, a menos que liquides el poder de las SA. Más aun, el propio Hindenburg está pensando revocarte como canciller, si no detienes las tropelías de los SA, y sobre todo las aspiraciones de Röhm a engullir la pequeña Reichswehr. Fue informado, igualmente, que los círculos políticos y militares alrededor del vicecanciller Papen,  se abogaba por la restauración monárquica.

Por contra, el premio sería la presidencia del Reich, una vez que Hindenburg muriera, lo que se aventuraba pronto, dado su estado de salud.

Era una oferta que no se podía rechazar pero que había preparar con mucho detalle. A Hitler no le importaba liquidarse un par de miles de camaradas de armas para mantenerse en erl poder. El miedo que tenía es que los tres millones y medio de SA le quitaran precisamente a él de en medio. No le importaba mucho tampoco lo que dirán los miembros del partido, bien acostumbrados a berrear al son de su batuta.

Para tantear, Hitler se reunió con los jefes militares y con Röhm, consiguiendo de éste último una declaración donde renunciaba a toda veleidad con la Reichswehr. Pero a Röhm le faltó tiempo para pregonar a los cuatro vientos que no aceptaba órdenes de ese ridículo tipo (se refería a Hitler).

Eso eran palabras mayores que el Führer no olvidó. Probablemente, Hitler pasó de idear una solución negociada, a uno de sus más sangrientos planes vengativos. Adentrada la primavera, la crisis se agudizó y tras reunirse Hitler con sus más próximos, por suerte para él, todos odiaban fraternalmente al insoportable Röhm, Adolf se puso a la tarea, pues ya era inaplazable. Antes pronto que tarde, Röhm y sus secuaces iban a tomar las calles de Alemania y tenían gente para todas y cada una de ellas.

10.8.23

El amigo Röhm, cara cortada, que era un tipo duro, oficial excombatiente, fundador de los freikorps bávaros, radical y anti-sistema que decimos ahora. Mandaba sobre casi cuatro millones de paramilitares, la mayoría también ex-combatientes, dicen que muchos de ellos tenían un pasado izquierdista, pues las SA no hacía ascos a nadie convenientemente arrepentido, sobre todo si era de sangre obrera que era su carne más preciada.

Röhm, no soportaba a Hitler al que consideraba un intrigante y un traidor, un vendido al capitalismo, y tampoco a los generales a los que consideraba unos vulgares reaccionarios. La noche de los cuchillos largos fue detenido y poco después ejecutado por orden directa de Hitler. Röhm nunca hubiera podido tomar el poder ni hacer su revolución nacional socialista. Eran demasiados. A Hitler le bastó con unos miles de despiadados SS y una pizca de GESTAPO, pero eso sí, contando con la protección de la Reichswehr. Para algunos, Hitler, seguía siendo un agente del ejército.

La noche de los cuchillos largos. El último peldaño.

A lo que sucedió después se le denomina la noche de los cuchillos largos (1). Fue desde la noche del 30 de junio hasta el 2 de julio de 1934.

Las maniobras iniciales no dieron pistas a los jefes de las SA: un mes de vacaciones pagadas para todos sus miembros y a la vuelta, reunión de la cúpula con el propio Hitler en la residencia habitual de los jefes de las SA. O sea donde celebraban sus juergas.

La maniobra consistía en presentarse a medianoche del dia anterior a la reunión y coger a los SA desprevenidos. Muy a lo Hitler. Los artífices, Himmler y su nuevo aprendiz de brujo, Reinhard Heydrich. Era éste último, un tipo alto, apuesto y mujeriego que había sido expulsado de la Marina (era oficial de señales) por un lío de faldas. A la sazón, ocupaba la jefatura del servicio de seguridad del NSDAP, la SD, la policía política de las SS, encargada de buscar los puntos flacos de los adversarios, incluso dentro del mismo partido nazi, para neutralizarlos.

El propio Hitler encabezaba este grupo de despiadados SS, mandó irrumpir en los alojamientos de los jefes de las SA y los fue asesinando sobre la marcha o deteniéndolos según le convenía. Más de cien dirigentes de las SA fueron asesinados esa noche. Pero la cosa no quedó aquí, el vengativo, carnicero y desalmado Hitler, aprovechó para asesinar a las personas, incluso de su partido, como es el caso de Strasser, al que acusaba de haberle traicionado en el afaire Schleicher que ya comentamos. Pero también ordenó asesinar al propio general Schleicher, canciller a finales de 1932, o a líderes católicos, de los pocos que le criticaron, y a otro general que el consideraba desafecto. Una carnicería que no era la primera sangre del dictador, si recordamos los muertos del Putsch del 23.

Descabezadas las SA, y habiendo perdido su principal papel represor a manos de la nueva policía, quedaron de meros floreros en las grandes manifestaciones del régimen. La orden negra, las SS, eran las dueñas del cotarro, y lamían los pies de Hitler.

Era el fin de la Alemania conocida, el principio de una época de barbarie magníficamente uniformada, de negro, de verde, de pardo, de todos los malditos colores que se empañaron de la sangre de millones de víctimas de toda Europa. Pero nunca estuvieron solos. Tuvieron amiguetes en Italia, en España, en Rumania, en Hungría, en Francia, en Holanda y Bélgica, en los países nórdicos, en Ucrania, en los países bálticos, en Finlandia e incluso en Palestina.

Era el último peldaño de las ascensión del nazismo. La camarilla hitleriana era dueña de Alemania con un poder absoluto que podía plantearse los mayores abusos, crímenes y genocidios sin que nadie levantase la voz, países democráticos incluidos. La guerra al nazismo llegaría finalmente, no por los abusos y crímenes repugnantes cometidos en Alemania durante casi una década, sino por invadir Polonia, un aliado de occidente, que ya no podía permanecer impasible tras la fagocitación de Austria y Checoslovaquia.

(1) En Alemania se empleaba esta expresión para cualquier venganza sangrienta.

10.8.24

Discurso de Hitler en el parlamento en 1934, donde todos los  diputados son de su cuerda.

Conclusiones.

Así que, recapitulando, los peldaños de la ascensión al poder absoluto de la modalidad del militarismo alemán de mediados del siglo XX, conocido como nazismo fueron:

1) La falacia de la teoría de la puñalada por la espalda que dio alas al militarismo haciendo creer a grandes capas de la sociedad alemana, que Alemania no había sido derrotada realmente, y que una futura victoria contra los aliados era posible.

2) El tratado de Versalles que impuso al pueblo alemán condiciones leoninas que no se correspondían con la realidad bélica, y que sólo generó miseria y rencor imposibilitando la política de "nunca más".

3) La destrucción de las fuerzas revolucionarias por la socialdemocracia alemana completamente girada a la derecha y con el apoyo de la extrema derecha organizada militarmente, los freikorps, y futuro embrión de la multitudinarias escuadras de asalto (SA), base paramilitar del partido nazi NSDAP. Esta pérdida de fuerza a la izquierda de la socialdemocracia fue decisiva para la ascensión del nazismo, pues cuando llegó la hora de plantarle cara a Hitler, no quedaba nadie salvo el ortodoxo partido comunista alemán, completamente paralizado por su obediencia a Moscú.

4) La ascensión de Hitler y de sus más cercanos colaboradores en el liderazgo del movimiento nazi tras el putsch de 1923

5) La llegada a la presidencia de la República del conservador mariscal Hindenburg en 1925, que privó al parlamento de la potestad de elegir canciller por mayorías electorales.

6) Las maquinaciones, trampas y chantajes que obligaron al presidente de la República, Hindenburg a conceder la Cancillería del Reich a Adolfo Hitler en una coalición con la derecha que no llegaba al 33% de los sufragios de las elecciones de 1933.

7) El aprovechamiento de un incidente aislado, como el incendio del Reichstag para desencadenar la represión definitiva contra comunistas y socialistas y toda la legislación dictatorial que le siguió.

8) El golpe contra las SA que entorpecían el poder absoluto de Hitler con el apoyo y la bendición de la Reichswehr en junio de 1934.

Estos son, pues, los eslabones, peldaños decimos aquí, de la historia, donde los nazis, nunca fueron obligados a descenderlos, ni por los aliados, ni por las fuerzas democráticas de la República del Weimar, ni por la Reichwehr. Unos porque no quisieron y otros porque no pudieron.

10.8.25

Los nazis tenían un anhelo, que ya Hitler había declarado en su libro Mein Kampf. Y eran unificar bajo una misma nación a todos los germano hablantes. Para aquellos ciudadanos de lengua alemana bajo administraciones no germanas, esta era una reivindicación básica. En relación a Austria, principal territorio independiente germano hablante, el partido nazi austriaco que estaba apoyado en esta reivindicación por decenas de agentes nazis alemanes actuando secretamente, los nazis austriacos, digo, se enfrentaron al canciller austriaco, Engelbert Dollfuss, un hombre de poca estatura física pero un tipo de fuerte carácter que gobernaba de forma autoritaria y que había ilegalizado al partido nazi austriaco y al socialista. Dollfuss tenía en Mussolini su protector, lo que le ponía las cosas difíciles a Hitler. El caso es que los nazis austriacos se pasaron a la acción directa y pusieron una bomba en una central eléctrica dejando parados todos los trenes. Dollfuss se rebotó y lanzó un mensaje inequívoco: nazi cogido con explosivos, nazi fusilado.

En julio de 1934, y durante un consejo de ministros, diez terroristas nazis, pistola en mano y disfrazados de polis se introdujeron en la cancillería (menudo cuerpo de guardia) y sin mediar palabra, uno de ellos acribilló a Dollfuss, que gravemente herido fue acostado en un sofá y que privado de atención médica, pese a sus lamentos, murió desangrado. El resto de los ministros fueron tomados como rehenes. Toda Austria quedó conmocionada con la noticia. El ministro de educación, único no atrapado en la cancillería ordenó al ejército que rodeara el edificio. Los terroristas, que al principio iban de altaneros sobrados, se fueron poniendo nerviositos al calibrar realmente lo que habían hecho. Llamaron entonces a la embajada alemana, cuyo titular se presentó en la cancillería para negociar una salida. Los austriacos así se lo hicieron creer a los pistoleros nazis. El cuanto salieron, los detuvieron, los enviaron a prisión y los colgaron.

El asesinato y la vesania nazi impresionaron a todo los países del mundo. Los nazis bajaron muchos enteros, la bolsa, también. El resolutivo ministro de educación austriaco, Kurt von Schuschnigg fue nombrado canciller. La familia de Dollfuss se encontraba de veraneo en Italia, huéspedes de Mussolini con quien Dollfuss mantenía amistad. El Duche, muy afectado, ordenó enviar 50.000 soldados a la frontera austriaca. Hitler reculó quedando en evidencia. Debió ser la única vez que alguien le paró los pies a Hitler en los años anteriores a la guerra.

Cuando la prensa pudo entrar en la sala de reuniones se encontró el cuerpo de Dollfuss sobre el sofá. La imagen dio la vuelta la mundo.

Las elecciones del 34 y otras marranadas.

Pese a la mayoría que Hitler tenía en el parlamento, y para lo poco que servía la institución, el caso es que Hitler tenía necesidad de los votos de pequeños partidos de derecha. El Führer se propuso acabar con este estado de cosas, convocando unas elecciones con una sola candidatura, la del NSDAP. Era el colmo de la cara dura. Pero nadie protestó en los círculos de poder. Los otros ya estaban apagados y encerrados.

Si en las anteriores elecciones de 1933, con el KPD y SPD con graves dificultades de reunión y de expresión y con muchos de sus dirigentes detenidos en campos de concentración y con graves transgresiones de la democracia que las hubieran invalidado en cualquier país occidental, Hitler no había alcanzado la mayoría absoluta (17 millones de votos, por siete el SPD y cinco el KPD, más otros tantos siete de diversos partidos de centro y derecha, 288 escaños contra 359 del resto de las formaciones), en 1934, Hitler resolvió el problema, obligando a la población al voto, pero con una sola candidatura, la suya.

Las consecuencias más inmediatas, más tras la noche de los cuchillos largos, donde personalidades políticas del entorno de Fran Von Papen, el vicecanciller, fueron asesinadas, las consecuencias, digo,  fueron, el gobierno monocolor con el cese de Papen y otros ministros derechistas, pero no nazis.

10.8.26

Tropas de la nueva Wehrmacht son recibidas con flores por la multitud en la ciudad de Colonia.

La militarización de Renania.

Los aliados habían obligado a mantener una zona de Renania de 48 kilómetros de ancho al oeste del río Rin, donde no podría haber soldados ni fortificaciones militares. A mediados de 1934, las tropas aliadas habían desalojado la zona desmilitarizada de Renania. Hitler había asegurado en mayo de 1935 que mantendría este estatus como contribución a la paz.

Diez meses después, el 7 de marzo de 1936, una simbólica tropa de infantería alemana, cruzó los puentes del Rin y fue recibida con flores por los residentes alemanes.

Pese a que la nueva Wehrmacht y la Luftwaffe en absoluto estaban preparadas, los franceses se limitaron a protestar en la Sociedad de Naciones, sociedad de la que Alemania se había retirado tiempo atrás.

Esta estrategia de declararse amante de la paz y poco después moverse como el rayo para ocupar militarmente una zona reivindicada, sería recurrente para Hitler, así ocurrió en Renania, Austria, Checoslovaquia, y finalmente Polonia, donde el gran tahur, ya no pudo evitar la guerra. (1)

(1) Esta estrategia también la usó con Rusia, con quien pactó la no agresión y el reparto de Polonia.

10.8.27

Llegada al campo de Oranienburg de presos políticos en 1933. Observe el lector que los prisioneros son entregados por las S.A. y que incluso puede que el campo estuviera gestionado por las propias SA.

La imagen no deja de ser curiosa, los presos, todos de cierta edad, firmes y con cara de circunstancias, son todos más altos y recios que las tropas de asalto, jovenzuelos con unas miradas que no presagian nada bueno.

La nueva Alemania.

La verdad es que los nazis habían conseguido que los poderes financieros e industriales se pusieran a trabajar y avalaran toda la obra pública y la política industrial de rearme, que consiguió reducir el paro alemán a su mínima expresión.

Hay muchos autores que dicen que el fascismo y su variante el nacional-socialismo solo son una fase degenerada del capitalismo, por contra del nacional-catolicismo franquista que sólo es una degeneración del tradicionalismo reaccionario español, sólo que con un toque fascista coyuntural, como lo demuestra la evolución del régimen franquista.

La adhesión a las organizaciones juveniles nacional socialistas se volvió obligatoria, tal como a los trabajadores se les obligó a militar en el Frente del Trabajo nazi.

La cosa no tenía ninguna gracia, pues miles de jóvenes de amos sexos se vieron obligados a fingir una sumisión que en muchos casos, proviniendo de hogares de izquierdas, traumatizaba sus jóvenes mentes.

10.8.28

Jesse Owens, corredor negro del equipo americano, que en los años anteriores a las olimpiadas había pulverizado cuatro record mundiales, y era a la sazón el mejor atleta americano, hizo morder el polvo al equipo alemán en los cien metros lisos consiguiendo, además, cuatro medallas de oro en la olimpiada, record que no fue superado en atletismo hasta la llegada Carl Lewis.

Hay algunas curiosidades que señalar en la vida de este atleta, antes de la olimpiada, pese a ser el mejor atleta americano de todos los tiempos hasta esa fecha, tenía que coger el autobús por la parte de atrás, y no podía entrar en la mayor parte de los locales de ocio de su país. Cuando llegó a Alemania, los nazis le dieron mayores consideraciones que sus paisanos. De acuerdo que era una táctica, pero para Owens, marcaba una diferencia. De vuelta a América, el presidente Roosevelt, que andaba en campaña por el sur, no se digno recibirle en la casa blanca para no perder votos. Y siguió teniendo que coger el autobús por la parte de atrás.

1936, olimpiada de Berlín.

En 1931 le había sido encargada a Alemania lo organización de los XI juegos Olímpicos. En la cima de su poderío y con grandes simpatías en todos los países poderosos y dispuestos a ser el mejor escaparate del nacional-socialismo, el gobierno hitleriano organizó unas buenas olimpiadas, no exentas de contradicciones, que ponían de manifiesto el régimen dictatorial y racista que gobernaba el país.

Asociaciones deportivas y colectivos de judíos y de izquierdas trataron de boicotear las olimpiadas. El gobierno republicano español, por ejemplo, desistió de participar, y las organizaciones sindicales y de izquierdas europeas, organizaron las olimpiadas populares de Barcelona, que no llegaron a celebrarse por el golpe militar.

El boicot no tuvo éxito por la decisión americana de participar. Los atletas judíos alemanes que ya anteriormente habían sido excluidos del deporte alemán, junto con los gitanos, no participaron, a excepción de una esgrimista alemana de origen judío, Helene Mayer, que consiguió medalla de plata y que como todo el equipo alemán levantó el brazo al estilo fascista.

El gobierno nazi abrió un paréntesis en sus política raciales, y retiró propaganda a este fin y ordenó a la prensa que bajara el tono. Estas mediadas engañaron a mucha gente, atletas judíos de distintos países, incluidos. Todos los atletas, incluso negros y judíos fueron educadamente tratados y pudieron circular libremente por toda Alemania. Pero sólo era un paréntesis, insistimos, para hacer creer al mundo que Alemania era un país pacífico amante de las buenas formas.

Las olimpiadas realmente fueron espectaculares. Por primera vez, la antorcha olímpica fue traída por relevos desde Olimpia en Grecia. Hubo ordenados desfiles y demostraciones que asombraron a todo el mundo. El equipo francés desfiló saludando al estilo olímpico que era el mismo estilo que el fascista pero a la romana (la mano un poco para la derecha).

La prensa internacional favorable  alabó los éxitos de esta moderna Alemania, y la prensa más independiente, reconoció la buena factura del evento, aunque no olvidó el verdadero trasfondo del régimen nazi.

10.8.29

Jovencitas se ven obligadas a participar en las gigantescas demostraciones gimnásticas que tanto ponían a los jerarcas nazis.

La crisis militar de 1938

La reorganización de Hitler de las fuerzas armadas se encontraba a veces con la reticencia de altos oficiales que veían con malos ojos los evidentes preparativos para la guerra del canciller. Muchos generales pensaban que con la Gran Guerra ya había sido suficiente. Entre los reticentes, precisamente, se encontraban los dos generales de mayor mando, von Blomberg, ministro de Defensa, y von Fritsch, comandante en jefe del Ejército. En enero de 1938, Blomberg se casó con una joven a la que se acusaba de antigua prostituta. Las rígidas normas de comportamiento de los oficiales, obligaron a Blomberg a dimitir al negarse a anular el matrimonio. Era el primero. Al mes siguiente, Himmler sacó del armario un antiguo informe que acusaba a Fritsch de homosexual. Era todo falso, pero la SD de Himmler, que se dedicaba precisamente a buscar mierda de todos las personas que podían rivalizar con la camarilla de Hitler, la SD, digo, busco un prostituto como testigo, falso, claro. Fritsch dimitió pese a que algunos compañeros como el general Beck le animaron a terminar con el régimen nazi mediante un golpe militar.

Se avecinaba la invasión de Austria, y Hitler, tras resolver esta crisis reorganizó el Estado Mayor del Ejército y la cabecera de las fuerzas armadas. Primero se nombró a von Brauchitsch en sustitución de Fritsch, después reorganizó el Estado Mayor, creando un estado mayor de las fuerzas armadas, el Oberkommando der Wehrmacht, al mando de fiel Keitel, dejando al alto mando del ejército, el Oberkommando der Heeres (OKH) de Brauchitsch, el Oberkommando der Luftwaffe y el Oberkommando der Kriegsmarine, subordinados al OKW y por tanto a Hitler.

10.8.30

Qué asco de imagen, judíos, daría igual su condición y raza, son obligados a frotar las calles con cepillos, entre las risas y la general satisfacción de los espectadores, policías, nazis y transeúntes. ¡Y para esto querían unirse a Alemania! Para dejar de llamarse Austria, y pasar a ser la marca del Oeste (Ostmarck).

10.8.30.1

Un pueblo, un estado, un jefe. ¡Valiente memez!

La anexión de Austria.

En la Europa de los aliados, supuestos vencedores de la Gran Guerra, se estaban produciendo grandes paradojas, mientras Alemania despegaba industrialmente y militarmente, y lo más importante, renovaba su tradicional militarismo. Francia e Inglaterra se encontraban endeudadas, con gran paro, y profundamente afectadas por la desmoralización general que surgió tras el gran drama, sobre todo en Francia, por la muerte de millones de soldados, muchos muy jóvenes que perdieron sus vidas, lo único que tenían realmente, por una estúpida  guerra diseñada por elites militares para la complacencia de elites políticas, financieras, y gentes de sangre azul, inmersos en cuentos de hadas, como el Kaiser y el Zar, pero cuyas irracionales existencias provocaron millones de muertes por irracionales motivos. (1)

Deseosos de evitar cualquier guerra europea, los gobiernos francés  e inglés, se enrocaron, los primeros con su línea Maginot, y los segundos con su flota.

Mientras tanto, Hitler, que vivía en un país seducido por sus mentiras o amedrentado por su despiadado terror, preparaba los platos de su próximo acto. Primero Austria, ahora que se había amigado con Mussolini. Después y con la excusa de los Sudetes, región checa de ascendencia alemana, después, digo, la reciente nación checoslovaca. Eran unas piezas muy jugosas, pues con el apoyo de los fascistas de Hungría y de Rumania, caería Austria, ocho millones de germano-hablantes de relativo nivel económico y cultural, a los que se aplicaría la misma medicina que a los alemanes. Después Checoslovaquia, lo mismo que Austria pero con una poderosa industria, sobre todo de armamentos, armas cortas y de infantería, cañones, tanques y aviones, algunos modelos, incluso mejores que los alemanes.

Con su depurada técnica de tahúr internacional, Hitler comenzó sus maniobras. Contaba en su favor, con los paniaguados gobernantes de Francia e Inglaterra, que fueran Blum o Chamberlain, daba igual, bajo ningún concepto querían enfrentamientos con la Alemania de Hitler.

El esquema de trabajo de Hitler, era el típico de las mafias gansteriles, todo amabilidad, invitaba al líder de la nación que presuntamente iba a ser engullida, y una vez que lo tenía bajo sus garras, le sometía al tercer grado hasta que se rendía. Al sucesor de Dollfuss, el que fuera su ministro de educación Schuschnigg, lo llamó a a su refugio bávaro y lo arrinconó con exigencias imposibles. El Partido nazi austriaco que seguía proscrito desde el asesinato de Dollfuss, sería legalizado, sería nombrado ministro de interior un señalado nazi, Seyss-Inquart, y otros dos ministros nazis para Economía y Defensa. Schuschnigg firmó el ultimátum, pero cuando regreso a Viena, haciendo gala del mismo valor que demostró en el asesinato de Dollfuss, convocó un referéndum para el 13 de marzo de 1938 para preguntar a sus compatriotas si querían seguir siendo independientes. Al poco Seyss-Inquart fue a visitarle y le amenazó con la invasión militar alemana si no retiraba el referéndum. Eran palabras mayores, y tras reflexionar largamente, Schuschnigg decidió retirarlo. Pero era demasiado tarde, muchos austriacos, y no sólo los partidarios del nazismo, deseaban la unión con una país tan emergente como Alemania. Hitler, aludiendo a excusas espurias, como restablecer el orden, ordenó la invasión, no sin antes haber hablado con Mussolini, a quien tras recibir su placet, prometió amor eterno.

Los austriacos no ofrecieron ninguna resistencia y Hitler fue recibido por las alegres multitudes nazis como si fuera el propio Odin, primero en su pueblo natal y luego en la misma Viena. Los socialistas y comunistas fueron tratados con especial crueldad por los nazis austriacos, algunos fueron azotados públicamente, y arrestados, y los judíos, no digamos, tras ser obligados sus líderes ancianos a limpiar los urinarios públicos y luego encerrados en campos de concentración. Igualmente sufrió el valeroso Schuschnigg que pudo ser liberado en 1945 tras sufrir siete años de campo de concentración.

(1) El colmo de esta historia, es que tras la caída de la Unión Soviética, la Iglesia Ortodoxa rusa, santificó a la familia Romanoff y los consideró mártires por haber sido asesinados por los bolcheviques en las cercanías de Yekaterimburgo, cuando las tropas blancas se acercaban al lugar de su cautiverio y había grave peligro de que fueran liberados.

10.8.31

La noche de los cristales rotos fue el inicio de la persecución sistemática y del genocidio judío. El Holocausto.

10.8.31.1

Detenidos judíos tras la Kristallnacht camino del holocausto, flanqueados por SS y contemplados con desprecio por los civiles alemanes, fotografiados e incluso insultados. Los detenidos no son delincuentes peligrosos, ni criminales ni asesinos, esos son los que los flanquean vestidos de negro. No. Se trata de honrados padres de familia, algunos veteranos de la Gran Guerra, muchos excelentes profesionales... ¡pero son judíos en la Alemania de Hitler...!

10.8.31.2

Campo de concentración de Buchewald tras la llegada de los detenidos la noche de los cristales rotos. La imagen impresiona por su frialdad. Poco tiempo después, todos ellos serían enviados a campos de exterminio. Sacados de sus casas una noche de cristales rotos y llevados inexorablemente a la más terrible de las antesalas infernales para finalmente ser gaseados e incinerados, por arte de un gobierno de criminales enloquecidos y un pueblo cómplice que, salvo heroicas excepciones, o no le importaba o fingió no enterarse de nada. Ni en mil años de penitencia se lava una culpa como esta. No vale ahora la benevolencia con el también cruel gobierno del estado israelí del último decenio, para lavar pecados tan inmundos, tan inhumanos y tan bestiales.

La kristallnacht.

Las leyes raciales habían quitado a los judíos su estatus de ciudadanos, impidiéndoles ejercer labores públicas. Los 600.000 judíos que vivían en Alemania, algunos de ellos veteranos de la Gran Guerra, llevaban muchos años sufriendo persecución y escarnios, como en Polonia, Hungría y sobre todo en Rusia.

Ya en 1920, las incipientes SA de Berlín realizaron un progromo con la vieja excusa de las maniobras judías para arruinar Alemania, en vez de ir a prenderle fuego a la vieja sede del Estado Mayor Imperial.

En 1931, estos hechos volvieron a repetirse con los mismos protagonistas, pero esta vez con unas SA con tres millones de militantes.

Tanto el programa del NSDAP, como el libro de Hitler, "Mein Kampf", dejaban claro que los judíos era lo más malo y pernicioso para Alemania y que había que terminar de una vez por todas con este problema. Como si los judíos hubiera creado alguna vez algún problema en Europa central y Rusia.

Recién nombrado Hitler canciller, le faltó tiempo, al parecer, el 1 de abril de 1933 se declaró el boicot a los comercios judíos, que alentado por el NSDAP, tuvo muy poco éxito en Alemania, pero mucho eco en la prensa internacional.

Tras las olimpiadas de 1936, se reanudó la feroz campaña contra los judíos. A principios de 1938, les fue retirado el pasaporte, sus bienes fueron obligatoriamente inventariados. Poco después se les reguló hasta los nombres que podían usar (para que ningún judío se atreviera a llevar el nombre de Adolf, digo yo), y leyes posteriores les prohibían ejercer la medicina, en cuyas labores había muchos y destacados judíos.

En agosto de 1938 se restringieron las estancias de judíos nacidos en el extranjero o de origen extranjero, lo que afectaba a 17.000 judíos de origen polaco. Los polacos pusieron todas las dificultades que pudieron. Las deportaciones se hicieron en condiciones lamentables, arrancados de sus casas con una maleta por persona. Las propiedades de estos miles de judíos fueron confiscadas por el gobierno, las SA y las SS, y hasta por avariciosos particulares.

Los trenes llenos de judíos quedaron detenidos por la policía de fronteras polaca. Se los alojó en barracones provisionales en tierra de nadie, sin que pudieran atravesar ninguna de las dos fronteras. Esta situación se prolongó durante semanas, sin agua ni comida ni refugios. Polonia acepto 4.000 inicialmente. El resto siguió padeciendo. La comunidad judía polaca intercedió ante las católicas autoridades polacas, que aceptaron un nuevo cupo. El resto, finalmente fue internado en campos de concentración nazis.

Y como en el caso del incendio del Reichstag, un incidente vino en ayuda a los malos. En Paris un joven judío de nombre Herschel Grynszpan y que tenía familiares que habían sufrido la terrible deportación de la frontera polaca, recibió una postal de su hermana desde la frontera polaca donde sucintamente le relataba la tragedia que estaban viviendo. El joven Herschel se compró un revolver el 7 de noviembre de 1938 y se dirigió a la embajada alemana con la intención de impartir justicia. Allí consiguió disparar contra un funcionario llamado Ernst von Rath hiriéndole gravemente. Luego se entregó a la policía francesa.

La noticia se extendió rápidamente por Alemania, y como primera medida, al día siguiente, los periódicos judíos que quedaban fueron clausurados, los niños judíos que aún asistían a las escuelas alemanas fueron expulsados definitivamente y toda actividad cultural judía fue prohibida.

Los nazis iniciaron una campaña de progomos locales en varias localidades. El día 9, el diplomático alemán murió, y al día siguiente se produjeron los progomos generalizados conocidos como la noche de los cristales rotos.

La violencia consistió en asaltar, saquear e incendiar las sinagogas y los comercios judíos, también domicilios particulares en todo el territorio nacional. Encima, se les hizo responsable de la violencia a los propios judíos y la comunidad hubo de pagar una multa de mil millones de marcos. ¡Menuda cara dura!

Se sabe que estas acciones fueron planificadas desde la propia cancillería y ejecutadas por las SA, las SS, las juventudes hitlerianas, las SD, la Gestapo y la propia policía, con el concurso de civiles entusiastas. Cerca de cien judíos fueron asesinados y 30.000 detenidos y deportados, más de 1500 sinagogas fueron incendiadas y más de 7.000 comercios arrasados, incluyendo 30 grandes almacenes. Los nazis se quedaron hasta con los cinco millones de marcos que los seguros pagaron por la rotura de cristales.

10.8.32

Chamberlain agita en el aeropuerto ante los periodistas y recién llegado de Munich, el papel con la firma de Hitler donde se comprometía a la paz con Inglaterra y Francia. Llovía y el papel estaba mojado. A su derecha, su mayordomo, con el paraguas y el sombrero del primer ministro. Algún entusiasmo a sus espaldas, pero poco.

Checoslovaquia, la traición aliada.

A lo largo de toda la primavera y el verano de 1938, Hitler y sus agentes en Checoslovaquia habían estado acosando al estado checo con la cuestión de los Sudetes. Vista la débil reacción aliada por la anexión de Austria, el dictador se las veía muy felices. A Francia, la anexión de Austria le había pillado sin primer ministro, tras la dimisión de Blum. Chamberlain tampoco hizo nada serio. Así pues, Hitler inició su clásica maniobra de falso irredentismo. Primero aleccionó al líder nazi de los Sudetes, un tal Henlein que babeó de placer oyendo las instrucciones de su jefe, que más o menos eran, pediremos los imposible para no correr el peligro de que nos concedan lo que pedimos, pues es intención alemana merendarse a Checoslovaquia de una manera o de otra. Y de momento, le dijo, vete montándola, mejor con muertos y mártires alemanes.

Y eso es un poco lo que ocurrió, la debilidad de Chamberlain que reunión tras reunión con Hitler fue haciendo concesiones a Alemania en la cuestión de los Sudetes, para disgusto de Hitler que no podía mostrar sus verdaderas cartas que eran anexar toda Chequia y dejar Eslovaquia como estado títere desde el que flanquear a Polonia.

Las primeras maniobras de Hitler, fueron muy arriesgadas. Los checos tenían un ejercito muy preparado, y la frontera fortificada, una retaguardia industrial armamentística comparable a la alemana con su gigantesca fábrica Skoda. Y creían tener el apoyo militar de los aliados. De hecho, a finales de septiembre, los aliados ordenaban movilizaciones parciales, y Hitler alertado por sus Estados Mayores frenó la marcha y se hizo el dialogante con Chamberlain al que llamó a Munich para un último intento. Como así fue, Chamberlain dio carta blanca a la anexión de los Sudetes, y a cambio Hitler le firmó un papelito de compromiso de paz para que Chamberlain pudiera presentarlo en el Parlamento.

El caso es que los Sudetes fueron abandonados por los checos con el concurso de líderes checos débiles, la traición de Francia que tenía una pacto de defensa mutua con Checoslovaquia y el suicida pacifismo de Chamberlain. Era el 30 de septiembre de 1938.

El estado checo resultante era inviable, perdidas las fortificaciones fronterizas y con fuerzas políticas eslovacas y rutenas intrigando. La propia Polonia y Hungría mandaron sus tropas a apoderarse de territorios también irredentos. Vemos como Polonia, ignorante de lo que le esperaba, se comportaba también como un pequeño canalla, más, si recordamos su comportamiento con los judíos expulsados de Alemania por la frontera polaca. En cuanto a Hungría, el almirante Horthy, dictador pseudofascista, recuperaba así parte de los que Hungria habían perdido en 1919. En la Europa central, todos parecían contentos excepto los checos.

Hitler se dio un baño de masas en los Sudetes, las revistas nazis sacaban números extraordinarios de alegres compatriotas recién llegados al Reich. Y todo el mundo se justificaba en Europa diciendo, bueno no dejan de ser alemanes, ¿qué demonios hacían con los checos?

10.8.33

La Wehrmacht es increpada por los checos en Praga el 16 de marzo de 1939.

La palabra de Herr Hitler no vale nada.

A mediados de marzo de 1939, Hitler, pasándose el papel de Chamberlain por el forro, decidió terminar con la cuestión checa que según su calendario de merendolas nacionales, llevaba cierto retraso por las concesiones a Chamberlain. Se anexiono la mitad del país y lo llamó protectorado de Bohemia-Moravia, muy medieval, todo, a la otra mitad le concedió la independencia (Eslovaquia) y dejo que los Húngaros, en pago a sus leales servicios, se anexionasen Rutenia, un territorio al este de Eslovaquia.

Para ello solo tuvo que amedrentar al débil anciano Emil Hácha, que tras la dimisión y exilio del presidente Benes a Londres, asumía el cargo. Hácha que había llegado a Berlin para pedir clemencia a Hitler, fue recibido a la una de la mañana, tras hacerle el paripé de honores de jefe de estado. Hitler le estrechó la mano en la cancillería y le dijo que o firmaba la rendición incondicional o mandaba arrasar Praga por la Luftwaffe y se fue dando un portazo. Hácha se desmayó allí mismo y tras recuperarse firmó.

El día 16 de marzo de 1939, las tropas alemanas ocuparon lo que quedaba de Checoslovaquia.

Y, ¡por fin! En Londres y París sonaron algunas alarmas. Estos territorios nunca habían sido alemanes. Pero como era la primera vez que sonaban, no hicieron nada y siguieron durmiendo.

10.8.34

En esto quedaron los sindicatos. Los empresarios alemanes estaban felices con Hitler. ¡Hormigas! ¡Millones de obedientes hormigas! Y para los trabajos más peligrosos, como en la España franquista de posguerra, miles y miles de presos de destino irrelevante. Al menos en Alemania, las empresas que usaron judíos en sus trabajos tuvieron que entonar un mea culpa tras la derrota.

Polonia, el principio de un largo fin.

Hitler sabía que estaba estirando demasiado de la soga. Que las cosas ya no serían tan fáciles. Había dado su palabra por escrito a Chamberlain y otra nueva jugarreta irritaría sobremanera a los ingleses. Pero el caso es que todavía les quitó a los lituanos la ciudad de Memel que había pertenecido a Prusia Oriental.

Consciente de los peligros de su próximo movimiento y preso de la excitación que le recorría cuando se zampaba una parte de Europa, advirtió a sus generales que Polonia iba a ser atacada, tras la pantomima de un casus belli, pero que estuvieran preparados pues esta vez significaría la guerra.

Su única baza era el pacto que había firmado en agosto de 1939 con Stalín, un compadre que nada tenía que aprender de Hitler en pisotear los derechos de las naciones y de las personas, un pacto, digo, por el que se merendaban a medias a Polonia.

Hitler sabía que Polonia iba a luchar, sus dirigentes tenían garantías británicas ante una agresión alemana, y no se trataba esta vez de un débil anciano presidiendo el gobierno de una nación desmoralizada como Checoslovaquia. Esta vez la Wehrmacht iba a entrar en fuego. Su nuevas ideas tácticas, la guerra relámpago, la aviación como artillería aérea, la oficialidad con iniciativa y perfectamente instruida, las élites mecanizadas, etc...

Parafraseando a Woody Allen, Hitler escuchó a Wagner lo suficiente como para que le entraran ganas de invadir Polonia. Cuando esto ocurrió se inició el periodo más brutal de la humanidad, donde millones y millones de personas perderían su única posesión, la vida. Muchos de ellos tras atroces sufrimientos, en cárceles o campos de concentración, en frentes de combate o en cuarteles de despiadados policías de ocupación.

10.8.35

Estos jóvenes de las juventudes hitlerianas, nazis o no, pues la afiliación era obligatoria, posan agrupados reflejando en sus rostros variados sentimientos, desde la desconfianza hasta la inocencia. Cuatro años después formarían parte de las vanguardias que invadieron Europa. Me pregunto cuántos sobrevivirían a la guerra.

10.8.35.1

Granaderos de las 12 SS Panzer Division "Hitlerjugend", formada por miembros de la juventudes hitlerianas, posan después de haber sido condecorados en Normandía, concretamente a finales de junio de 1944. Esta división de las Waffen SS (SS combatientes) fue muy castigada, precisamente  por su fanatismo. Normandía fue su primera acción de guerra, y para la mayoría la última. Al final de la batalla de la bolsa de La Falaise, quedaban 300 soldados y 10 panzer. La división fue reconstruida con nuevos reclutas-niños de las juventudes hitlerianas y participó en la ofensiva de las Árdenas.

Conclusión final

El imperio nazi fue el resultado de los afanes políticos, económicos y militares  de una minoría fanática alemana, apoyada sin ambages por la casta militar prusiana, y las oligarquías financieras e industriales, más los apoyos sociales de instituciones eclesiásticas, universitarias, judiciales y de todo tipo.

Lo que parecía algo extremista y fuera de lugar en la desarrollada y culta Alemania, se convirtió en la normalidad más absoluta. El desprecio absoluto por la democracia, los derechos de las gentes y los malvados planes para conquistar el mundo (que en otro lugar y tiempo sonarían a risa), y eliminar razas enteras, fueron asumidas como mal menor, o completamente aceptadas, por la mayoría de la población alemana, en cuyo descargo solo cabe la brutal propaganda y la falta de información veraz.

Alemania, como nación, como sociedad y como referencia centroeuropea, fue culpable de apoyar, defender y ocultar los aspectos más brutales de esta degeneración del capitalismo en nupcias con el militarismo prusiano más rancio.

El honor del país quedo completamente mancillado por mil años, los mismos que el III Reich quería sobrevivir, en eso acertaron. Y sólo fue lavado en parte por el heroico comportamiento y resistencia anti-nazi de algunas minorías obreras, universitarias y militares, como veremos en el próximo capítulo de esta serie.

Imágenes H. Universal V. 1.0 Enero de 2014 Sbhac nº 6