S.B.H.A.C. nº 6

Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (universal.sbhac.net)

Imágenes de la historia universal         

 

10.4 Revolución en Alemania (1918-1919)

10.4.1

En la imagen, la multitud celebra la proclamación de la República alemana frente al parlamento.

En la segunda mitad de 1918, Alemania estaba militarmente colapsada y completamente desmoralizada en la retaguardia. La revolución rusa había dado mucho que pensar a los trabajadores, soldados y marineros conscientes. El gobierno del Kaiser, era también consciente de la situación, y el omnipresente Alto Estado Mayor del las Fuerzas Armadas, sabía que la guerra estaba perdida, y que era cuestión de tiempo el derrumbamiento de los frentes.

Este reconocimiento de los hechos significaba también el reconocimiento de la incapacidad del Alto Estado Mayor para resolver los grandes problemas estratégicos que se le plantearon a las fuerzas armadas alemanas tras el fin de las hostilidades en Rusia. Hindenburg recién llegado del frente del Oeste no pudo aprovechar esta ventaja estratégica. Pues su exhaustiva movilización de todos los recursos disponibles imponiendo una terrible carga a la población, carga ya muy considerable por culpa del bloqueo naval, contribuyó a que la retaguardia, como decimos, colapsara. La agresiva guerra submarina cuya finalidad era acabar con las rutas de aprovisionamiento del imperio inglés, lo que consiguió realmente es la entrada en la guerra de los Estados Unidos.

10.4.2

En la imagen, soldados de la División de Marinos del Pueblo.

Por otro lado, la actitud alemana frente a los sucesos revolucionarios en Rusia que tenía por objeto fomentar la llegada de los partidarios de la paz al gobierno de Petrogrado, también se cobró su tasa, cuando las tropas alemanas del frente de Este recibieron la propaganda bolchevique, si no con agrado, sí con el interés propio de los esforzados soldados rasos ante promesas de paz. Estas tropas del frente del Este, fueron enviadas al del Oeste para la ofensiva final, recorriendo toda Alemania en Ferrocarril.

El diseño de esta ofensiva fue obra exclusiva del Alto Estado Mayor y no contó para nada con el gobierno del Kaiser, pues a estas alturas, este organismo militar era el dueño de Alemania. Los aspectos tácticos de la ofensiva fueron, según todos los autores, magistrales, y de hecho se obtuvieron grandes éxitos iniciales. En realidad repetían la misma solución estratégica que se había intentado al inicio de la guerra, el famoso plan Schelieffen.

Pero sus objetivos estratégicos, al no tener en cuenta la situación política y económica y el calamitoso estado de la retaguardia, entraron en crisis y la ofensiva no se pudo mantener. Era el principio del fin.

En la cúpula militar se sabía que todos estos errores estratégicos eran, sin duda achacables a la institución más respetada de Alemania, el Alto Estado Mayor, a la sazón al mando de Hindenburg y su ayudante Ludendorff. Pero la institución no quiso hacerse cargo de sus responsabilidades. Una vez demostrado que la ofensiva final había fracasado, el Alto Estado Mayor buscó la forma de terminar con la guerra sin que la debacle salpicara a la institución y así se pudieran conservar sus formidables tradiciones guerreras.

10.4.3

Soldados y marineros con bandera roja por las calles de Berlín.

En septiembre, el partido Social Demócrata entró a formar parte del gobierno, tras el informe del Alto Estado Mayor al parlamento donde se encarecía la toma de medidas políticas que posibilitaran el inicio de conversaciones de paz. Las medidas eran evidentes, y eran las mismas exigidas por los aliados con la abdicación del Kaiser para empezar.

La maniobra era maestra, los políticos dan la cara e inician conversaciones con los aliados,  mientras se extiende la idea de que los soldados del frente del Este, en absoluto se sentían derrotados y que se trataba de una puñalada por la espalda, y la cúpula militar, principal responsable junto con la Corona de la debacle, sale de tapadillo de la escena dejando, ahora que estamos derrotados, todo el protagonismo a la socialdemocracia alemana.

Un escenario estupendo para resentidos, esto de la "puñalada por la espalda", pero una falsedad histórica,  alimentada por las mortíferas condiciones de rendición que impusieron los franceses y por la propaganda de las escuadras nazis y similares.

Pero la historia tiene la mala costumbre de dislocar los planes mejor preparados. Ninguno de ellos, ni militares ni políticos se esperaban una revolución en retaguardia y, ¡en la flota!

10.4.4

Marineros desarmados se manifiestan con banderas rojas en Kiel en 1918

A mediados de octubre de 1918 ante la orden a la flota de salir al fuego, la marinería de Kiel, cargó los cañones e izó la bandera roja de la revolución. Todas las bases navales se unieron a la rebelión, y la marinería, que conocía perfectamente los mecanismos revolucionarios por sus hermanos de la base naval de Kronstadt en Petrogrado, se organizaron en comités de marineros, soldados y trabajadores en todas las bases navales. Hecho esto, organizaron su fuerza militar revolucionaria, la División de Marinos del Pueblo (Volksmarine Division) que organizándose en columnas se dirigió a todas las ciudades importantes, pero sobre todo a Berlín.

El gobierno ordenó a las guarniciones que redujeran a los revolucionarios, pero los soldados confraternizaron y la revolución se extendió por todo el país.

Como en todas las revoluciones, los hechos se sucedían a toda velocidad. El 9 de noviembre, abdicaba el Kaiser. Al día siguiente, el 10, se formó el primer gobierno de la República alemana, y al día siguiente, el 11, se firmó el armisticio con los aliados. El ejército se retiró de los frentes produciéndose disolución espontánea en los cuarteles y en todos los frentes.

EL SPD, formó gobierno con la fracción más radical de los socialistas, el USPD de Karl Kaustky, como única manera de contener la revolución. La Liga Espartaquista, que era la tendencia de izquierda revolucionaria dentro del USPD, anunció que esto no era el fin de la revolución sino el principio de la revolución socialista.

10.4.5

Una demostración, ¡con artillería!, de los freikorps.

El Alto Estado Mayor, que andaba reconstruyendo un ejercito leal con el que poder controlar el orden público si fuera necesario, no tuvo más remedio que apoyar al gobierno socialdemócrata. Como en Finlandia, las fuerzas revolucionarias de los Consejos de marineros, soldados y trabajadores, pronto tuvieron enfrente a fuerzas paramilitares de gran envergadura y potencia, formadas por veteranos soldados y oficiales, con buen, armamento e instrucción, eran los famosos Freikorps, de ideología de extrema derecha, y que, por contra de los soldados regulares,  sí estaban dispuestos  disparar a la población.

La situación era la siguiente. El gobierno tenía más apoyo y fuerzas pues contaba con el Alto Mando del Ejército (OHL) y las fuerzas paramilitares, pero los revolucionarios contaban con las milicias espartaquistas, muchos militantes del SPD y del USPD y sobre todo la División de Marinos del Pueblo. Prácticamente todas las fuerzas revolucionarias estaban concentradas en Berlín y tenían cercado al gobierno socialdemócrata.

10.4.6

Rosa Luxemburgo en sus años de activista antes de la guerra.

La Liga Espartaquista era una escisión por la izquierda del inicialmente marxista SPD. Cuando el SPD voto en 1914 la ley en el parlamento para el empréstito de bonos de guerra, un grupo de revolucionarios del ala izquierda del SPD, Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, principalmente, fundaron la corriente Espartaquista, recordando al gran Espartaco. En 1915, los dos principales dirigentes Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo fueron declarados traidores y encarcelados.

10.4.7

Manifestación de soldados marineros y trabajadores con motivo del entierro de compañeros caídos en las luchas callejeras en la capital.

Con la revolución de 1918, el gobierno, en el que participaba el SPD, los liberó rápidamente para tener interlocutores que controlaran aquella revolución sin cabezas dirigentes que eran los Consejos de soldados, marineros y trabajadores. Liebknecht y Luxemburgo re-fundaron entonces la Liga Espartaquista como partido revolucionario pero independiente de los bolcheviques y con un ideario mucho más democrático. Poco después se transforman en el KPD (Partido Comunista Alemán) aunque manteniendo su independencia de Moscú, lo que les valió buenas reprimendas. Rosa Luxemburgo, era la principal teórica de la organización. Tenía tres cualidades para luchar, era judía, era polaca en Alemania, y era mujer. Desde un principio, Rosa desconfió de la revolución bolchevique que ahogaba la democracia popular, militarizando y burocratizando la vanguardia revolucionaria. Y ni ella ni Liebknecht, querían eso para Alemania.

10.4.8

En la imagen, Karl Liebknecht durante una manifestación en Berlín.

Como había ocurrido en Rusia en 1917, el gobierno provisional trataba de afianzarse en la recién nacida republica alemana. Pero el gobierno se encontraba cercado por los revolucionarios en Berlín. Dispuesto a acabar con este estado de cosas, A principios de enero de 1919, el Gobierno socialdemócrata de la República de Weimar bajo la presidencia de Ebert, el Ejército y las fuerzas paramilitares de extrema derecha preparan una intervención para limpiar Berlín de revolucionarios.

10.4.9

Espartaquistas en el contragolpe gubernamental de enero de 1919.

Advertidos, las milicias obreras preparan a su vez una insurrección general. Los dirigentes de la Liga Espartaquista  eran consientes de se trataba de una provocación, que se podía perder todo y por ello preconizaron una retirada para continuar la lucha por otras vías. Pero la Liga Espartaquista no era un partido bolchevique, y perdida la conexión entre la dirección y las organizaciones obreras revolucionarias, más la hipocresía del SPD, que seguía pasando por simpatizante del proceso revolucionario, la victoria era imposible. Comenzaron las manifestaciones y seguidamente los enfrentamientos con los Freikorps que bajo la dirección del Ministro de Defensa, el socialdemócrata Gustav Noske, terminaron con la resistencia. Estos combates han pasado a la historia como la insurrección Espartaquista, y así siguen en los libros de historia, pero no es verdad, la lucha en Berlin en enero de 1919 fue preparada por el Ministro de defensa, su Estado Mayor y las fuerzas paramilitares de los Freikorps, futuras SA de los nazis.

10.4.10

Karl Liebknecht arroja flores en las tumbas de compañeros espartaquistas en enero 1919.

No obstante, desatada la revolución, la Liga apoyó la lucha armada y el propio Liebknecht formó parte del Comité Militar InsurreccionaL. En el helado Berlín del 15 de enero de 1919, Liebknetch y Rosa Luxemburgo fueron detenidos, insultados, maltratados y asesinados. A Rosa Luxemburgo, tras propinarle un culatazo en la cabeza en la orilla del canal Landwehr, le dispararon un tiro en la nuca y su cuerpo fue arrojado al agua. Karl Liebknecht fue asesinado y enterrado en lugar desconocido.

10.4.11

Conocido retrato de Rosa Luxemburgo.

Una teórica marxista que al contrario que los bolcheviques patrocinaba una revolución democrática donde las masas dirigidas por el partido comunista emprenderían el camino de la revolución, siendo ellas, las masas, las protagonistas del proceso, sin pérdida de libertades, mediante la república de consejos de trabajadores (soviets) y donde la burocracia del partido no los suplantase como ocurrió con Lenin en Rusia. El problema era que para triunfar en Berlín en enero de 1919 se hubiera necesitado un partido bolchevique como el de Trosky y Lenin, disciplinado, con una sola voz, implacable con la disidencia, donde los soviets estuvieran controlados por el partido y con capacidad para movilizar a las masas y encuadrarlas en un ejército rojo de disciplina de hierro, donde cabían marineros de Kronstadt, obreros de la Putilov, campesinos sin tierras y soldados y oficiales del que fuera el ejército del Zar.

Pero esa no era la revolución de Rosa Luxemburgo, que sabía muy bien que serían derrotados en enero de 1919 y aún así optó por luchar a riesgo, como así fue, de perder la vida. El enemigo, principalmente feroces soldados de extrema derecha, veteranos muchos de ellos de los stosstruppen del disuelto ejército alemán, no entendían en absoluto la diferencia entre los bolcheviques y los dirigentes espartaquistas, todos eran rojos a exterminar.

10.4.12

Cartel de propaganda espartaquista. El puño destroza el parlamento burgués.

La derrota de los espartaquistas no benefició a Alemania en absoluto, todo lo contrario, potenció a los grupos de ultraderecha que en conjunción con sectores del generalato y de la oficialidad de la Reichswehr, propiciaría el putsch nazi de 1923, base martiriológica de todo el movimiento nacional socialista.

Imágenes H. Universal V. 1.2 Nov de 2014 Sbhac nº 6