S.B.H.A.C. nº 6

Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (universal.sbhac.net)

Imágenes de la historia universal         

10.2 La revolución de Octubre de 1917

10.2.1

San Petersburgo. 9 de enero de 1905. Domingo sangriento.

La guerra ruso-japonesa había añadido a las penurias del pueblo ruso aún más insoportables condiciones de vida. Durante 1904 los trabajadores de las principales fábricas de la capital habían protagonizado duras huelgas que no habían tenido éxito ante la inflexible actitud de las patronales rusas, fuertemente apoyadas por los terratenientes, las oligarquías y la corona. A principios de 1905, un pope, llamado Gapón había organizado a una importante parte de los trabajadores de la capital. Decidieron concentrarse en los alrededores del Palacio de Invierno con banderas patrióticas, retratos del Zar e iconos religiosos dejando bien claro que no eran revoltosos, sino buenos hijos rusos del padrecito Nicolas II. El Zar no estaba, se había ido de fin de semana, y quedaba en palacio el Gran Duque Vladimir Alexandrovich, hermano del Zar y personaje que no tenía ninguna piedad con nadie. Al ver a la gente suplicando mejores condiciones de vida frente al palacio, se indigno en su fuero interno por el atrevimiento y, presto, llamó a la Guardia Imperial para que disolviera la concentración. Preguntado por lo oficiales del modo y manera de hacerlo, ordenó disparar contra la pacífica multitud.

Se produjo una matanza que fue el principio del fin de tan santos reyes (canonizada la familia real por la actual iglesia ortodoxa). Murieron 200 personas, entre ellos, ancianos, mujeres y niños. 800 fueron heridas de distinta consideración, y probablemente muchos morirían tiempo después. La brutal noticia indignó al país provocando revueltas campesinas y huelgas salvajes, amen de algunos motines en el ejército y la flota, siendo el más conocido el de la flota del mar Negro, encabezado por el acorazado Potemkin, que si bien se detonó por cuestiones propias de la dura vida de los marineros en la marina zarista, se inspiró en el mal ambiente que reinaba en Rusia en 1905 a causa de esta fallida revolución.

Las clases gobernantes, que eran las oligárquicas, entendieron que había que aflojar un poco, y ceder al menos en algunas cuestiones burguesas. Que ya se sabe que eso de parlamento era muy popular en las monarquías europeas, para reunir a los peces gordos de siempre con unos pocos social-demócratas. El caso es que en 1906 se creó la Duma (parlamento zarista) que no tuvo ningún éxito entre los organizaciones populares y que tampoco pintó nada en los sucesivos gobiernos de Nicolás II hasta 1917, en que la revolución mando al infierno a ambas instituciones, la Duma y la Corona.

10.2.2

En la corte imperial había tanta ignorancia o más que en los recónditos y perdidos parajes de la Gran Rusia. La zarina, una neurasténica permanentemente agobiada por la incurable enfermedad de su heredero (que no era el hijo mayor, pero como las mayores eran chicas...), la hemofilia, que había permitido la llegada de un charlatán espabilado de atrabiliaria apariencia, Rasputín, paradigma del falso místico con poderes, y que al parecer era el único capaz de detener las peligrosas hemorragias del zarevich. La zarina era de origen alemán y el zar descendía de la reina Victoria, que era la abuela de todos los reyes de Europa. El pueblo ruso, clases altas incluidas, no simpatizaba en absoluto con la alemana, menos todavía, cuando estalló la Gran Guerra. En la corte, las habladurías sobre la influencia de Rasputin en la intimidad de la zarina y de sus damas de compañía eran subidas de tono, y escandalizaba al sufrido pueblo ruso, como ahora nos escandalizan los desmanes económicos de nuestras clases dirigentes, monarquía incluida.

La influencia de Rasputín, negativa a todas luces en la marcha de los acontecimientos en la capital, tenía preocupado a determinados sectores políticos, y ya durante la guerra, a los propios servicios de inteligencia ingleses. Tras varias tentativas de alejarlo de la capital, finalmente fue asesinado, con dificultades, pues era un mujik de una fortaleza a prueba de venenos y de disparos.

Al inicio de la Gran Guerra, todos los partidos políticos rusos, salvo el Partido Obrero Social Demócrata, apoyaron la guerra. La sociedad rusa en 1914, ofrecían muchos contrastes sociales y culturales. El gigante ruso había evolucionado poco desde las reformas de Alejandro II, aboliendo la servidumbre. Los siervos habían emigrados a las ciudades en busca de una vida mejor. Pero la economía rusa era arcaica y su agricultura padecía un atávico atraso productivo, cuya principal consecuencia eran las endémicas hambres y las crisis alimentarias. Las ulteriores reformas de Nicolas II tras la revolución de 1905, con la creación de un seudo-parlamento, la Duma, el parlamento estatal ruso que había sido cancelado cuatro veces en su breve existencia desde 1906, eran un engaño en el que sólo grupos escasamente reformistas creían.

Por ello, al comienzo de la Gran Guerra Rusia disponía de recursos muy escasos y mucho menos  para dedicarlos a una guerra. El Estado Mayor del ejército zarista nada tenía que ver con el Estado Mayor alemán, pero, asómbrese lector,  unos y otros pensaban en grandes ofensivas, los cañones de agosto, que resolverían la guerra en el propio verano. Esos 31 días que Barbara W. Tuchman nos describe en su obra más famosa, dejó en evidencia a toda la inteligencia militar europea.

10.2.3

En la imagen, los trabajadores de la fábrica Putilov de Petrogrado reunidos en asamblea.

No obstante, en las ciudades importantes, San Petersburgo, la capital y Moscú, sobre todo, una incipiente industria pujaba por afianzarse. Era conocida la metalúrgica Putilov que empleaba a más de 25.000 trabajadores, más, las industrias y pequeñas empresas auxiliares que siempre surgen alrededor de las grandes metalúrgicas. San Petersburgo era una ciudad donde coexistían la oligarquía, la burguesía y el proletariado. Como vanguardia política de este último destacaba el Partido Obrero Socialdemócrata que arrastraba tras de sí una largo pasado de huelgas generales revolucionarias, luchas y represiones, y que se encontraba dividido en dos fracciones, una moderada, lo que hoy entendemos por social-democracia, y otra radical, revolucionaria, los bolcheviques. Pero sobre todo destacaba una fe inquebrantable en que el futuro del mundo estaba en manos de los trabajadores.

Desde un punto de vista marxista canónico, Rusia era el último país del mundo donde los marxistas hubieran esperado una revolución social con posibilidades. En un ejercicio, no exento de chovinismo centroeuropeo, de haber alguna revolución sería en un país industrializado, como Alemania, con unas masas de trabajadores muy bien organizados. Pero la historia tiene sus propios caminos, que se abren paso cuando las sociedades son trastocadas por acontecimientos brutales que hacen preferible la rebelión que la insoportable vida cotidiana. Y eso paso en Rusia, la Gran Guerra trajo la Revolución, de febrero de 1917, como la guerra ruso-japonesa trajo la fallida Revolución de 1905, ahogada en sangre sin ninguna piedad.

A principio de 1917, la situación de los frentes era insostenible, casi dos millones de muertos y seis millones de bajas, tras grandes derrotas de un inmenso ejército de soldados tratados como si todavía fueran siervos. En la retaguardia, los partidos políticos estaban desunidos sobre la continuidad de la guerra. Pero el pueblo, no. La población quería la paz, ya. El ala bolchevique (mayoritaria) del partido obrero socialdemócrata lo tuvo claro desde el principio. Y así lo expresaban sus líderes, ¡primero la paz!

10.2.4

El día 23 (8 de marzo para el calendario gregoriano), las mujeres de la ciudad salieron a la calle para celebrar el día internacional de la mujer y exigir abastecimientos como se ve en la imagen. Aquel día no hubo victimas pese a las cargas policiales y porque la caballería cosaca no cargó.

En el segundo año de guerra, las economía sufrió una gran recesión debido a la falta de comunicaciones con los aliados y a la hoguera de recursos económicos y humanos que suponía la guerra en un país mayoritariamente campesino. En 1916, la sociedad rusa sufrió cambios radicales. Políticamente, la monarquía y su entorno eran profundamente odiados, el zar y la zarina, considerada alemana. Rasputin, el chamán de la zarina, conciliaba también grandes odios. Por otro lado, la economía de guerra hizo florecer formas nuevas de producción y organización como única manera de sobrevivir a un estado que ya no aseguraba abastecimientos y servicios elementales. Este paso de autoorganización de la población en las grandes ciudades era el sustrato básico para cualquier proceso revolucionario. Las masas, y la vanguardia organizada a su cabeza. Al inicio de 1917 la situación era ya explosiva, hambruna en las ciudades, un invierno durísimo con una agobiante falta de combustible y sobre todo un cansancio de guerra que lo unía todo. En febrero (calendario juliano) de 1917 las principales fábricas de San Petersburgo se declararon en huelga. Entre sus reivindicaciones, el fin de la guerra.

10.2.5

En la imagen funeral público en Petrogrado por las victimas de la revolución de febrero.

Los acontecimientos se sucedieron rápidamente y el entorno del Zar y su gobierno eran incapaces de comprender lo que se les venía encima. Manifestación tras manifestación, los trabajadores se fueron radicalizando y aparecieron grupos de autodefensa armados con armas cortas cogidas a la policía. Cada día había más victimas. El gobierno sacó a las tropas de la guarnición que al disparar contra los manifestantes empeoraron la situación. Por otro lado, en otras ciudades se extendía la protesta. En sólo tres días los soldados decidieron confraternizar con la población y parte de su armamento pasó a engrosar las dotaciones revolucionarias. El pueblo constituyó primero en San Petersburgo y luego en otras ciudades el Consejo (Soviet) de Trabajadores, Soldados y Campesinos. Al que se celebraron elecciones en todos los centros de trabajo de la capital. Eran mayoría en el Soviet de la capital, los mencheviques (ala moderada del partido obrero socialdemócrata) y los social-revolucionarios (socialistas agrarios moderados).

Paralelamente, el gobierno se disolvió tras la renuncia del Zar, y la Duma (parlamento zarista) formó un gobierno provisional de carácter burgués. La caída de Zar tuvo una resonancia impresionante, no sólo en Rusia, sino en toda Europa. Todas las vetustas monarquías europeas se estremecieron. Y una ola de esperanza y de entusiasmo recorrió toda Rusia desde Petrogrado (el nuevo nombre de la capital) hasta Vladivostok.

10.2.6

En la imagen, soldados, marineros y obreros posan delante del fotógrafo en alguna de las demostraciones de marzo de 1917

Se produjo entones una situación excepcional y prerrevolucionaria. Tanto el gobierno provisional como los Soviets ejercían en paralelo la gobernanza del país y de la capital. Y sus ordenes se cumplían allá donde tenían elementos para hacerlas cumplir. Este poder se traducía en organizaciones de masas y fuerzas militares. El Soviet no era nada sin Soldados o civiles armados que lo apoyaran. Los bolcheviques lo comprendieron inmediatamente aunque tendría que llegar Lenín para poner orden.

10.2.7

En la imagen, marineros de Kronstadt a la expectativa, con las cintas de las ametralladoras alrededor del pecho para repartir esta munición entre toda la tropa.

10.2.7.1

Situación de la isla Kotlin en el golfo de Finlandia

En el golfo de Finlandia a la entrada al puerto de San Petersburgo existe una isla llamada Kotlin donde se encontraba la fortaleza y base naval de Kronstadt. En la isla convivían trabajadores, soldados y sobre todo, marineros de la flota del Báltico. La población de la isla tenía unas 50.000 almas.

Marineros y soldados tenían una larga tradición de insurgencia que venía desde la revolución de 1905. Los marineros de la flota del Baltico se solidarizaron con los marineros sublevados de la flota del Mar Negro, del acorazado Potemkim y algún barco menor en Odesa. El fracaso de la revolución de 1905, produjo durante el año siguiente una represión brutal sobre toda la población, civil o militar, consiguiendo la radicalización de la marinería. Durante la revolución de febrero, representantes del Soviet de San Petersburgo acudieron a Kronstadt para solicitar el apoyo de la isla, tal como en 1905. El Soviet de la isla apoyó rápidamente la petición y desde este momento, los marineros de Kronstadt se convirtieron en el ala más radical y combativa de la Revolución. En la isla utilizaron métodos expeditivos contra el mando y la oficialidad, tanto es así que el Soviet de Petrogrado les recriminó y los consideró ajenos al movimiento revolucionario. Pero el Soviet estaba en manos de los mencheviques y social-revolucionarios que buscaban una república avanzada socialmente pero burguesa en definitiva. Además, solo Kronstadt sabía los padecimientos de la guarnición y la población de la isla tras el fracaso de 1905.

10.2.8

En la imagen, soldados fieles al gobierno provisional se mantienen a a la espera de órdenes en la plaza del Palacio, justo al lado de la columna de Alejandro.

La revolución de febrero triunfó porque las fuerzas de guarnición en las grandes ciudades se negaron a reprimir a la población. El pueblo, como en 1905 se organizó en consejos y los soldados y marineros también. Los representantes de los Soviets se elegían de forma directa por asamblea y los delegados de un soviet formaban comités sobre asuntos en cuestión. El Comité Militar, El Comité de abastecimientos. etc... El tener regimientos y unidades militares fieles a esta democracia popular hacía muy robusta su organización. Mientras, el gobierno provisional, que había restablecido las libertades y proclamado verdaderas reformas, era incapaz de ponerlas en marcha por culpa de la guerra y por ello no disponía de apoyo popular, salvo la burguesía progresista, algunas unidades del ejercito y de la policía y las clases dominantes que preferían aquello a perderlo todo.

10.2.9

El soviet de Petrogrado en una sesión.

Durante el I Congreso de Soviets de toda Rusia, el Soviet de Petrogrado fue nombrado órgano central del sistema nacional de Soviets. El Soviet de Petrogrado tenía la autoridad moral y ahora también la legalidad revolucionaria. Su postura de apoyar las reformas del gobierno provisional fue aprobada por mayoría. Pero pese a los éxitos obtenidos, las reivindicaciones de los trabajadores no estaban satisfechas del todo. Era necesaria la paz con Alemania, regular la jornada laboral a ocho horas, reivindicación obrera desde finales del siglo anterior, y un aspecto muy importante, la tierra para el que la trabaja, el reparto de tierras entre los campesinos privados de ella. Esto era inaceptable para los partidos en el poder, que se decían Kadets y liberales. No obstante, el Soviet de Petrogrado estaba dominado por los mencheviques y los social-revolucionarios, estando los bolcheviques en minoría.

10.2.10

Lenin en la estación de Finlandia según el pintor Vladimir Serov

Y en eso, el más conocido líder bolchevique, Lenín, llegó a la estación de Finlandia, proveniente de Suiza, junto con otros dirigentes socialdemócratas en un tren especial que los alemanes pusieron a su disposición con la aviesa intención de que cumpliera lo que predicaba, es decir, acabar con la guerra firmando la paz con los alemanes. El interés alemán en este viaje ha desatado muchas tonterías históricas. La realidad es que el Estado Mayor alemán anduvo listo. La llegada de Lenín a Rusia de la que llevaba exiliado 17 años salvo el breve periodo de la revolución de 1905, fue apoteósica. La delegación del Soviet de Petrogrado que fue a recibirle no estuvo muy amable, pero los soldados, marineros y trabajadores desbordaron todas las previsiones, y tras el discurso inicial, el famoso discurso subido en una tanqueta que inmortalizó el pintor Vladimir Serov en la imagen que exponemos, Lenín se vio obligado a dar al menos quince discursos más en el camino que le llevaba desde la estación hasta la sede del Partido Bolchevique. En todos ellos repitió lo mismo, que era necesario romper con el gobierno provisional, hacer la paz, repartir la tierra y darle el todo el poder a los Soviets en una República Rusa de Soviets. A su partido le dio otras recetas más claras para recuperar el terreno perdido frente a los mencheviques. Eran las Tesis de abril, que estremecían al gobierno y sus apoyos y entusiasmaban a cada vez más partidarios.

10.2.11

Kerenski visita el frente como Ministro de Defensa  y arenga a las tropas.

Alexander Kerenski era un político social-revolucionario (socialdemócratas agrarios moderados) muy popular en San Petersburgo durante el principio de la guerra. Era parlamentario de la Duma y nominalmente criticó la guerra y se negó junto con los socialdemócratas a votar los empréstitos de guerra. Pero a la hora de la verdad, una vez que fue nombrado ministro del gobierno provisional, no comprendió las ansias de paz del pueblo ruso. Lo que le dejó prácticamente sin apoyos entre los trabajadores, pese a que había sido elegido en su día vicepresidente del soviet de Petrogrado. Este fue el gran error de Kerenski y su gobierno, presionado por las aliados para que siguiera en la lucha pero sin recibir de estos nada que no fueran buenas palabras. De haber firmado la paz con los deseosos alemanes, probablemente no se hubiera producido la revolución de octubre. Kerenski fue Ministro de Justicia en el gobierno provisional, posteriormente fue Ministro de Defensa para terminar de Presidente de un gobierno de coalición entre partidos moderados.

10.2.12

El primero de mayo de 1917 hubo demostraciones convocadas por los partidos revolucionarios en toda Rusia. En la imagen, demostración en la plaza del Palacio.

Como en toda revolución, los hechos van más deprisa que los propios actores. En abril, los trabajadores volvieron a salir a la calle en grandes demostraciones para protestar contra la guerra, la carestía, y la falta de soluciones del gobierno provisional. Pero lo peor era que se dio a conocer una nota del gobierno a los aliados en donde se afirmaba que el nuevo estado no quebrantaría los pactos que el Zar había hecho con las potencias aliadas. Para contrarrestar esta ira popular, el gobierno se lanzó a propagar el patriotismo como mejor forma de salir de la crisis nacional. Kerenski, ministro de Defensa, un social-revolucionario muy popular y buen orador fue el encargado de visitar los frentes y los cuarteles para insuflar este patriotismo revolucionario, similar al que los voluntarios de la revolución francesa demostraron en Valmy contra los austriacos. El pueblo trabajador tenía muy claras y arraigadas, sus ansias de paz, pero las clases medias y la burguesía, donde la crisis social era menor, se creían las arengas de Kerenski y aceptaron darle una oportunidad al maltrecho ejercito ruso. En el frente, la desesperación era completa salvo en las élites militares, pero los soldados del frente se encontraban peor organizados que los de retaguardia que vivían a la vez la realidad militar y la civil en sus propias carnes. Quizá sea por eso que siempre hay marineros armados a la vanguardia de las revoluciones.

10.2.13

Manifestación obrera en la Perspectiva Newsky

10.2.13.1

Recorte de un plano noruego de 1910 del Centro de San Petersburgo. Hemos recuadrado tres sitios emblemáticos: La estación de Finlandia, el Instituto Smolny de señoritas, y el palacio de Invierno.

Total que pasaron así un par de meses hasta que la población ya no pudo aguantar más y se produjeron las jornadas de julio. Para empezar, los alemanes deshicieron la ofensiva de Kerenski sin mayor problema, y para terminar, la excusa del gobierno para no conceder reivindicaciones laborales era precisamente la guerra, como la jornada de ocho horas que supuestamente afectaría a la producción de guerra. En los días 2, 3 y 4 de julio de 1917 se conocieron las malas noticias militares. Los soldados y los trabajadores encabezaron grandes protestas callejeras insurreccionales con el criterio en contra de los bolcheviques que consideraban que era demasiado pronto. Al gobierno provisional todavía le quedaban apoyos entre la policía y los militares y utilizó la represión más dura para acabar con la presencia de soldados y obreros armados por las calles de la capital. En en el resto del país, salvo incidentes en Moscú, la situación fue tranquila.

La represión fue brutal, Lenín hubo de exiliarse a Finlandia, fueron detenidos millares de militantes y líderes destacados. La pena de muerte fue restaurada. Los regimientos revolucionarios fueron disueltos y sus miembros encarcelados o mandados por pelotones al frente. Casi 100.000 personas abandonaron la capital temiendo por sus vidas. Era un contragolpe de la reacción y se vivieron momentos en que parecían que el zarismo podía retornar. Kerenski fue nombrado Presidente de un gobierno de coalición teóricamente más de izquierdas, pero su popularidad cayó en picado. Era un terrible paso atrás, pero como decía Lenín, de los pasos atrás salen los pasos adelante. El gobierno y sus apoyos perdieron toda popularidad y pese a su aparente éxito quedaban listos para sentencia, visto lo que sucedió después.

10.2.14

Kornilov y su Estado Mayor.

Las posiciones durante agosto de 1917 eran cada vez más encontradas, no sólo entre los partidos progresistas, mencheviques y social-revolucionarios contra los bolcheviques, sino que los restos del poder zarista se estaban organizando, como siempre pasa con las oligarquías, una vez que se recobran del estupor que los movimientos revolucionarios les provocan. Los mandos y oficiales del ejército organizados en asociaciones profesionales y que recibían el apoyo de la clase empresarial hicieron propaganda a favor de una dictadura militar. El general Kornilov que había ascendido rápidamente durante la guerra y más rápidamente todavía con el gobierno provisional, gracias al apoyo de la prensa burguesa que convertía sus pequeños éxitos militares en grandes hazañas, el general Kornilov, digo, preferido del gobierno, les traicionó y dio el golpe contrarrevolucionario que la derecha y los oficiales y mandos profesionales esperaban. Kornilov envió tres regimientos de caballería contra Petrogrado con la orden expresa de acabar con los bolcheviques y fusilar a Lenín y el resto de los espías alemanes (así llamaba la prensa derechista a los dirigentes bolcheviques que regresaron con Lenín en el tren alemán). El gobierno no encontró apoyos, la derecha estaba con el golpe y la izquierda había sido desarmada y sometida en las jornadas de julio. Kerenski solicitó la ayuda de las organizaciones obreras. Como así fue. Lenín ordenó a la Guardia Roja, que no se encontraba en su mejor momento, detener a las tropas de Kornilov, y a los trabajadores conscientes que fortificaran Petrogrado. Para empezar, los ferroviarios desviaron los trenes militares donde venían las fuerzas golpistas dejándolos en vía muerta. No esperando encontrar resistencia, las fuerzas golpistas se deshicieron como azúcar

10.2.15

Demostración de los Guardias Rojos tras el fracaso del golpe militar de Kornilov.

Las consecuencias del fallido golpe de Kornilov, fueron terribles para el gobierno, perdió los apoyos de derecha y también los de izquierda. Los bolcheviques recuperaron las armas y su Guardia Roja volvió a tener presencia en las calles de Petrogrado. Los Soviets recobraron su fuerza y en las elecciones de septiembre triunfaron los bolcheviques, y un menchevique pasado a las filas bolcheviques, Leon Troski fue elegido presidente del soviet de Petrogrado. Los propios mencheviques y social-revolucionarios sufrieron escisiones por la izquierda. Era el momento de pedir todo el poder para los Soviets, ahora que la mayoría de ellos estaban bajo el control bolchevique.

En las zonas rurales, los bolcheviques impulsaron y encauzaron la larga tradición de levantamientos campesinos tomando y repartiendo tierras. Esto tuvo un efecto disgregador en el ejército, pues las masas de soldados campesinos que ahora bajo la agitación bolchevique estaban perfectamente informados de lo que estaba pasando, iniciaron las deserciones en masa, rumbo a sus lugares de origen para participar en los repartos. Y el gobierno Kerenski, que había pasado de controlar la situación muy aceptablemente tras las jornadas de julio, se encontró que gracias al golpe de Kornilov, los bolcheviques habían dado su paso adelante, que, inexorablemente, marcaba el principio de su fin.

10.2.16

Un regimiento recién pasado a los bolcheviques se dirige hacia el cuartel general bolchevique situado en el Instituto Smolny, para recibir órdenes.

Kerenski se debatía en su necesidad de acabar con los bolcheviques y recuperar el apoyo popular. Algunos miembros de su gobierno, que no habían escarmentado con la de Kornilov, plantearon solicitar la ayuda alemana para que tropas del Kaiser tomaran la capital. Los bolcheviques emplearon esta noticia para desprestigiar aún más al gobierno

10.2.17

El Instituto Smolny

Allí, en el Instituto Smolny, Lenín y Troski ya tienen decidido que ha llegado el momento de la insurrección que debería coincidir con el 2º Congreso Panruso de los Soviets de Diputados de Trabajadores y Soldados, previsto para el día 25 de octubre, una vez que las discrepancias sobre la oportunidad de la insurrección dentro del Comité Central del Partido Bolchevique quedaron resueltas.

10.2.18

Artillería, autos blindados y civiles armados y  marineros y soldados protegen el Instituto Smolny, cuartel general bolchevique en 1917.

Se creó un Comité Militar Revolucionario presidido por Troski que durante mediados de octubre se preocupó de preparar los planes insurrecciónales y controlar las lealtades de la guarnición. El día 22, los revolucionarios tuvieron la fortuna de que el gobierno ordenara enviar refuerzos de la guarnición de Petrogrado, al frente Norte que se encontraba amenazado por una ofensiva alemana, lo que motivo que las unidades afectadas, que habían permanecido leales al gobierno desde las jornadas de julio y en el golpe de Kornilov, se pusieran bajo mando del Soviet de Petrogrado, teniendo especial importancia en el caso de los irreductibles cosacos. Los bolcheviques, rápidos de reflejos, apoyaron la negativa de las tropas a partir al frente en la confianza de que como mínimo se mantendrían neutrales en la proyectada insurrección.

El gobierno preparó su contraofensiva, practicó detenciones y asaltó instalaciones y sedes de periódicos bolcheviques y con la ayuda de cadetes, cosacos y otras fuerzas trató de tomar los puntos neurálgicos de la capital.

10.2.19

Guardias Rojas reciben instrucciones de actuación de un delegado del Comité Militar Revolucionario en las verjas del Instituto Smolny.

Pero el poder popular era ya un hecho en la ciudad, y la mayoría de los bolcheviques en el Soviet de Petrogrado era tal que permitió a los delegados del Comité Militar Revolucionario controlar la ciudad presentándose en los sitios estratégicos, pugnando con las fuerzas del gobierno, cadetes y cosacos para que se retiraban sin conseguir sus objetivos. Allá donde llegaban los delegados del Comité Militar Revolucionario, las fuerzas encargadas de la custodia del lugar se ponían a su órdenes. Durante la noche del 24 al 25 de octubre sólo se produjeron 5 muertos y 30 heridos.

El talento de Troski para la insurrección resultó decisivo, sus ordenes de tomar todos los centros neurálgicos de la ciudad, los puentes del Neva, los nudos de comunicaciones, la central telefónica, las estaciones de correos y telégrafos, las instituciones financieras, etc... sin apenas derramamiento de sangre se ha convertido en un clásico de la técnica del golpe de estado.

Al amanecer, prácticamente toda la capital estaba en manos del Comité Militar. No obstante, Lenín no quería terminar el día en el arranque del 2º Congreso de los Soviets sin anunciar la toma del  Palacio de Invierno, sede del Gobierno.

Esa madrugada y tras la señal del crucero Aurora, fondeado en el Neva, la Guardia Roja, más marineros de Kronstadt y regimientos bajo control del Comité Militar asaltó el Palacio de Invierno escasamente defendido por cadetes y el batallón de mujeres. El asalto fue poco contestado por los defensores y el gobierno, salvo Kerenski, fue detenido y enviado a la fortaleza de Pedro y Pablo.

10.2.20

Soldados de la Guardia Roja se parapetan en los alerones de un automóvil en un control en la ciudad de Petrogrado en octubre de 1917

Lo sorprendente es que tras la larga cuenta de demostraciones populares sangrientas desde febrero de 1917, la noche del 24 y el día 25 pasaron casi desapercibidos para la población, que se enteró masivamente de lo ocurrido, cuando los periódicos anunciaron que en la jornada inaugural del 2º Congreso Panruso de los Soviets de Diputados de Trabajadores y Soldados, Troski había anunciado la disolución del gobierno. En un congreso con larga mayoría bolchevique, el entusiasmo fue indescriptible. Los delegados de la oposición menchevique y social-revolucionaria tras acusar a los bolcheviques de ocupar el poder ilegalmente abandonaron el congreso intentando dirigirse al Palacio de Invierno, con el, alcalde y otros partidarios del gobierno y evitar su toma. Pero los marineros de Kronstadt los detuvieron en un puente, no eran más de 300. Como habían cambiado las cosas.

Para los bolcheviques, mejor, así no tenían que compartir el poder ni discutir sus decisiones. El Soviet ratificó la creación del Consejo de Comisarios del Pueblo para sustituir al gobierno depuesto a la espera de la celebración de una Asamblea Constituyente. Y ahí empezó todo.

10.2.21

En el centro y condecorada, Maria Bochkareva, Yashka, en revista junto con el Primer batallón de la Muerte de mujeres. A su vera, una aristocrática dama.

Durante la Gran Guerra, el ejército zarista, en una evidente operación de propaganda decidió formar batallones de mujeres, tras el buen comportamiento en combate de una voluntaria que servía de soldado en un regimiento regular. La soldado en cuestión se apellidaba Bochkareva y era conocida como Yashka. Había demostrado mucho valor en combate y tras varias heridas y condecoraciones se le dio el mando del batallón femenino, conocido como Primer batallón de la muerte. Se formaron varios batallones de este tipo, y en concreto el batallón de Yashka demostró su valía en la fallida ofensiva de Kerenski. El caso es que el palacio de Invierno, sede del gobierno Kerenski estaba protegido por una compañía de cadetes y un reducido batallón de mujeres, el Primer batallón de la Muerte de Petrogrado.

La valiente Yashka no se encontraba entre ellas, pues estaba en el frente. Las nuevas autoridades bolcheviques disolvieron estas unidades, no porque estuvieran formados por mujeres, sino porque eran señaladamente hostiles al nuevo gobierno. Yashka fue detenida en Petrogrado y estuvo a  punto de  ser fusilada. Exiliada, viajó por Europa y América donde se convirtió en señalada propagandista antibolchevique. Con ayuda americana, regresó a Rusia, vía Arkangel, donde estaban los americanos apoyando a Wrangel, pero no tuvo oportunidad de formar unidades de mujeres. Eso no era una guerra patria sino una revolución. Decepcionada se dirigió a Tomsk donde aperaba el almirante Kolchak. Allí fue capturada por un destacamento gubernamental y tiempo después condenada a muerte. Que se cumplió en mayo de 1920.

10.2.22

Imagen de propaganda bolchevique de Guardias Rojas en una época indeterminada de la revolución.

Las milicias bolcheviques, al menos inicialmente, eran mixtas. La formación del Ejército Rojo que tuvo que afrontar la guerra civil, reguló estas cuestiones dejando a las mujeres en las tradicionales labores auxiliares que los ejércitos del siglo XX encomendaban a las mujeres.

10.2.23

Un regimiento de la guarnición de Petrogrado desfila por las calles de la ciudad con un pancarta esclarecedora: "Comunismo".

Tras la toma del poder en Petrogrado, pese al éxito insurreccional, la realidad se mostraba dura con los bolcheviques. En Moscú hicieron falta seis días para tomar el Kremlin y murieron 300 Guardias Rojas. Pese al programa de gobierno del Comisariado del Pueblo que prometía una revolución verdadera, muchos trabajadores y militantes mencheviques y social-revolucionarios, no dejaron de señalar que los bolcheviques habían tomado el poder por medio de un golpe de estado, una insurrección que iba contra la legalidad revolucionaria de los Soviets. Por otro lado, Kerenski amenazaba la capital con tropas cosacas del general Krasnov, y para terminar las amenazas, el Ejército, su Estado Mayor, que había huido de Petrogrado, prometió enviar tropas regulares del frente, menos propensas a confraternizar con los revolucionarios, y acabar así con el Comisariado del Pueblo.

10.2.24

Una de las causas del triunfo de la revolución de Octubre fue el control obrero de los puentes de Petrogrado. La ciudad está compuesta de varias islas que el Neva forma en su desembocadura. Además del cauce natural del río que se abre en tres brazos principales generando las islas urbanas citadas, decenas de canales cruzan la ciudad, y decenas de puentes cruzan el Neva y sus canales. Si controlas las estaciones de Finlandia y de Moscú, Telégrafos y las centrales de energía, sólo queda controlar los puentes. Como así fue. En la imagen, civiles, estudiantes y soldados en un control callejero. Observe el lector que en la Rusia zarista, los estudiantes iban uniformados con un típico aspecto entre marineros y soldados. Observe también que los estudiantes llevan fusiles Mauser tipo Commision, y los soldados fusiles Mosin-Nagant.

10.2.25

Guardias Rojas desfilen en una ciudad rusa tras el triunfo de la revolución de Octubre.

De una forma u otra, los bolcheviques se las ingeniaron para doblegar todas las amenazas. En la capital prohibieron siete periódicos no bolcheviques. Las tropas que tenían que tomar Petrogrado se insubordinaron y el Estado Mayor tuvo que huir. La mayor parte de las sublevaciones militares periféricas en esta temprana hora son reprimidas y pese a que una parte de la población se muestra hostil o indiferente, otra gran parte  vive el momento de forma inequívoca apoyando al gobierno bolchevique, que tiene que dar pasos atrás, buscar coaliciones obreras, contemporizar con los mencheviques y social-revolucionarios, liberar detenidos, etc...

10.2.26

Octavilla bolchevique al día siguiente de la revolución de octubre

Traducción:

Desde el Comité Revolucionario del Soviet de Diputados de Trabajadores y Soldados de Petrogrado

A LOS CIUDADANOS DE RUSIA:

El Gobierno Provisional ha sido depuesto. El poder del Estado ha pasado a las manos del órgano del Soviet de Diputados de Trabajadores y Soldados, el Comité Militar Revolucionario. El cual está a la cabeza del proletariado de Petrogrado y de su guarnición. Los objetivos de la lucha del pueblo eran la inmediata propuesta de una paz democrática, la abolición de los derechos de propiedad de los terratenientes, el control obrero de la producción y la creación de un gobierno de los Soviets. Estos objetivos se han conseguido.

¡LARGA VIDA A LA REVOLUCIÓN DE LOS TRABAJADORES, SOLDADOS Y CAMPESINOS!

El Comité Militar Revolucionario del Soviet de Diputados de Trabajadores y Soldados de Petrogrado.

26 de octubre de 1917

10.2.27

Soldados y marineros de la Guardia Roja que disolvieron la Asamblea Constituyente.

En noviembre se creo una Asamblea Constituyente tal y como el propio partido Bolchevique había prometido. Pero en las elecciones, los comunistas quedaron en minoría pese a que dominaron las grandes ciudades. En enero de 1918 tras su sesión inaugural, la Guardia Roja bajo las órdenes del Comisariado del Pueblo la disolvieron. Fue el primer aviso de que algo no iba bien en la Revolución. Es cierto que este parlamento obrero hubiera sido incapaz de formar un gobierno mínimamente operativo y que existió como tal porque los bolcheviques esperaban sacar mayoría. Al no ser así, se negaron a abrir otro frente del que ocuparse, cuando había tantos y tan peligrosos en ciernes.

10.2.28

Troski presenta a los oficiales alemanes los delegados rusos. Observe el lector que no hay ningún civil entre los alemanes.

Lo primero, la paz con Alemania. El 15 de diciembre de 1917 se firmó un armisticio con los alemanes iniciándose días después las conversaciones de paz. Pero los alemanes no iba a dejar escapar esta oportunidad de saquear Rusia, ahora que el gobierno bolchevique se mostraba tan débil.

Los alemanes exigieron todos los estados Balticos y prácticamente Beliorusia y Ucrania. Aquello indignó a los bolcheviques y en el Comité Central se produjeron grandes discusiones. Prevaleció la voz de Lenín de aceptar las condiciones para no perderlo todo y esperar tiempos mejores. Además, los alemanes, mientras los bolcheviques se decidían, ya habían invadido militarmente la parte de los territorios solicitados que aún no ocupaban. ¡Menos mal que había un armisticio.

10.2.29

 Lenín en un mitin en Moscú tras el triunfo bolchevique. En marzo de 1918, la capital se traslado a Moscú, en cierto modo para alejarse de los irreductibles obreros de Petrogrado.

Lenín era la cabeza dirigente de todo el aparato bolchevique, su capacidad de convencimiento era legendaria entre sus correligionarios, todos también de gran altura dialéctica, pero no entre sus adversarios políticos, que siempre lo trataban injustamente de espía alemán por el episodio del tren sellado en el que atravesó Alemania para llegar a Finlandia. El caso es que los bolcheviques tuvieron que optar entre formar una gran coalición con sus adversarios, también revolucionarios, pero menos, compartir el poder y rebajar mucho su programa de gobierno, o caminar solos y asumir lo que sería una situación sin antecedentes entre los partidos de izquierda, que probablemente nadie entendería y que desataría odios tremendos dentro de las fuerzas del progreso.

Lenín optó por caminar solos con todas sus consecuencias. Los instrumentos para ello fueron, la represión policial más despiadada y la propaganda política reiterada, grandilocuente, pero mentirosa a todas luces. Era el fin de la revolución y el principio de un estado de nuevo cuño, implacable con sus enemigos, pues estaba rodeado de ellos por todas partes, y tremendamente resolutivo que llevó a los bolcheviques no sólo a deshacerse de todos sus enemigos por métodos expeditivos, sino también a derrotar a todas las fuerzas de generales blancos y también las intervencionistas en una guerra civil que elevó los sufrimientos del pueblo a terrenos desconocidos en la guerra y la revolución.

10.2.30

Formaciones bolcheviques de soldados y voluntarios en un descanso.

Culpar del sufrimiento del pueblo ruso a los comunistas como hacen los historiadores conservadores, es antihistórico, los culpables fueron todos. Para empezar, mencheviques, social-revolucionarios y otras fuerzas progresistas fueron incapaces de entender las radicales propuestas sociales bolcheviques, tremendamente populares entre el pueblo, oponiéndose mayoritariamente durante 1917 a una revolución que independientemente del golpe bolchevique del 25 de octubre se hubiera producido igual, espontáneamente. Pues como demuestran los hechos, los bolcheviques estuvieron frenando estos impulsos populares hasta que la correlación de fuerzas en la capital les fue favorable.

Estas fuerzas no bolcheviques atenazadas por la dureza de la represión de la recién creada policía política de los bolcheviques, la Cheka, su mayor error dicen todos, esta oposición a los bolcheviques, digo, terminó degenerando en lucha armada y terrorismo en muchos de sus miembros, alimentando una espiral de acción reacción de terribles y dolorosos resultados. La joven república se fue convirtiendo en un sistema policial inhumano en nombre de todo lo que decía defender, que era justamente lo contrario. Esto no lo inició Stalin, que sólo se limitó a refinar el método y aplicarlo a su personal y paranoica escala, esto como decimos lo inició el Comisariado del Pueblo del que era presidente Lenín.

10.2.31

Bolcheviques siberianos asesinados por los blancos.

Otras culpabilidades se inscriben directamente en las potencias en guerra, aliados y alemanes que no tuvieron ninguna piedad con la naciente Republica, ¿pero cuándo la han tenido? Se sometió a la República Soviética a un acoso intervencionista descarado, por el Norte, por Siberia, por el Sur y el Oeste. El que el Ejército Rojo fuera capaz de conjurar estos peligros, a veces tan exitosamente que estuvo a punto de tomar Varsovia, cuando los "inocentes" polacos, tras la capitulación, quisieron expandirse hacia el interior de Rusia para coger parte del pastel que habían perdido los alemanes. Este éxito del ejército Rojo, decimos, es lo más espectacular y demostrativo de la pasta de que estaban hechos los bolcheviques y el pueblo ruso, y aviso para navegantes del futuro.

10.2.32

Tropas Japonesas desfilando en Vladivostok.

El caso es que fuerzas americanas, inglesas, japonesas, francesas, griegas, polacas, ucranianas, legiones checas, más los ejércitos de resentidos blancos, espadones como Kornilov, Kolchak, Denikin, Wrangel, Yudienich, Krasnov, Miller, etc... atenazaron a la joven república sin conseguirlo.

10.2.33

10.2.33.1

En estos mapas, bajados de Internet, vemos las amenazas, el cerco militar, a que fue sometida la República Soviética. Observe el lector la importancia de mantener expedita la más importante línea ferroviaria rusa, el ferrocarril transiberiano que comunicaba Petrogrado y Moscú con Vladivostok

10.2.34

Un funeral marcha por las calles de una ciudad rusa en dirección a la embajada americana para protestar contra la intervención de las potencias aliadas. Probablemente se trata del verano de 1919.

Como en la China de finales del XIX, tropas expedicionarias de las potencias vencedoras y de otras no tanto, o recién nacidas, como fue el caso de Polonia, invadieron Rusia en todas direcciones al poco de terminar la Gran Guerra. Había excedentes de armas y los ejércitos blancos recibieron toneladas de suministros para combatir al bolchevismo. Pero pronto los Blancos se hicieron a sí mismos la peor propaganda posible, pues mataron saquearon y permitieron un terror brutal contra todo lo que fuera rojo, sin distinciones.

En cuanto al terror rojo, gran parte era terror local, donde la Cheka, la policía política de Moscú, nada tenía que ver aunque no la desaprobara e incluso la alentara. De modo que la población atrapada entre dos fuegos sufrió lo indecible, más, la gigantesca hambruna que asoló regiones enteras que se encontraban inmersas en un cataclismo social que necesitó décadas para recuperarse. Los bolcheviques no tenían ningún interés en provocar hambres y destrucción, les perjudicaba, pues eran los que defendían Rusia desde el gobierno. Los blancos y los intervencionistas, sí tenían interés en provocar situaciones catastróficas, pues cuanto peor, mejor para su causa.

10.2.35

Tropas blancas agazapadas en la nieve esperan para emboscar a las columnas bolcheviques, generalmente caballería roja, famosa por su acometividad, o también guerrilleros, que eran tropas irregulares mandadas por comisarios y oficiales bolcheviques que impedían a los blancos afianzar su retaguardia

10.2.35.1

Cartel de propaganda bolchevique. Estas escenas ocurrieron realmente, y probablemente, la contraria también. El Comisario del Pueblo de Justicia contó que se quejó repetidamente del terror rojo a Lenín, y que a éste le parecía inevitable en la guerra que se vivía.

La lucha contraguerrillera a que se veían obligados los destacamentos blancos que ocupaban zonas rusas, poco preparados para esta guerra irregular, se centraba siempre en la población rural, que cogida entre dos fuegos, no se inclino mayoritariamente por ninguno de los bandos, salvo los partidarios decididos. La población sufrió la guerra civil como un brutal castigo inmerecido. Únicamente señalar que quién trajo la guerra civil fueron los intervencionistas que abrieron cabezas de playa para los ejércitos Blancos, en general de pocos efectivos y poco motivadas fuerzas, salvo núcleos ferozmente partidarios del Zar o anticomunistas furibundos que era en lo que se habían convertido los social-revolucionarios. La demostración queda evidente en que cuando estas fuerzas se retiraban, la población que les seguía era minoritaria, caso que sucedía al revés cuando eran los blancos los que amenazaban las poblaciones.

10.2.36

El Comisario del Pueblo para la Guerra, León Troski saluda militarmente en la plaza Roja de Moscú y a tenor de la uniformidad, en plena guerra civil. Por cierto la plaza Roja se llamaba así desde siempre.

El creador del Ejército Rojo, León Troski. Un tipo excepcional y un gran revolucionario. Enemigo personal de Stalin, pero, que con Stalin o sin Stalin, las cosas hubieran sido igual. Tampoco se le conocía ninguna piedad, como se demostró a lo largo de su carrera como Comisario de Guerra, especialmente en el doloroso aplastamiento en 1921 de los sublevados contra los bolcheviques, los marineros de Kronstadt, muchos de los cuales habían sido la vanguardia de choque del propio Troski. La personalidad de Troski, agigantada por las historia, tampoco era un ejemplo de humildad y democracia. Todo lo contrario, como todos los dirigentes bolcheviques que habían vivido situaciones tan excepcionales y las habían resuelto, estaban dotados de una personalidad en la que se creían soberbios gigantes para la adoración de las masas redimidas. Defectillos... pero que abrían camino al culto a la personalidad. La más odiosa cosa que les sucedió a los bolcheviques.

10.2.37

Un tren blindado, vanguardia de los trenes de tropas, se ha detenido por motivos desconocidos, quizá para que el fotógrafo, seguramente occidental, tomara esta impresionante imagen. El vagón de carga descubierto que va en la cabeza del convoy tenía la utilidad de sufrir primero los efectos de las posibles minas sobre los raíles y así evitar el dañó al resto de los vagones. En la Guerra Civil española se utilizaba esta misma táctica en los trenes blindados republicanos.

La historia de la Legión Checa, es muy curiosa. Los reclutas de las minorías checas y eslovacas presentes en las regiones fronterizas de la Rusia zarista solicitaron al Mando ser constituidas en unidades propias que se llamaron Compañías Checas. Conocedores de esta particularidad, los desertores y prisioneros de los ejércitos austro-húngaros de estas nacionalidades, solicitaban su ingreso en esas unidades con la intención de luchar contra sus opresores en la esperanza de que la derrota de los Imperios Centrales propiciara el surgimiento de una nueva nación, su patria, Checoslovaquia (Bohemia, Moravia y Eslovaquia, que entonces se llevaban bien). Con el tiempo, las unidades se constituyeron en Regimiento, luego en Brigada y más tarde en División de fusileros, y finalmente en un Cuerpo de Ejército que contaba con más de 60.000 soldados como independiente pero integrada en el ejército regular zarista. Cuando los bolcheviques firmaron la paz con Alemania, los  checos quedaron sin enemigo, y tal como había pactado Troski con las alemanes, estas unidades debían ser desarmadas.

Por otro lado, los bolcheviques llegaron a un acuerdo con intermediarios de los aliados para que los checos fueran enviados por ferrocarril a Vladivostok para su embarque hacía puertos  americanos que permitieran a la unidad luchar contra los alemanes en el frente occidental.

Varios incidentes en el camino entre prisioneros alemanes y soldados checos hicieron cambiar el débil pacto que permitía circular por los ferrocarriles rusos a estas unidades armadas. El Comisario de Guerra, Troski ordenó su desarme y entrega a los austriacos, que naturalmente les darían un duro recibimiento, si no la propia muerte. Las tropas checas, se amotinaron y tomaron la estación y gran parte de la ciudad de Cheliabinsk en los Urales.

10.2.38

Soldados de la Legión Checa, sobre su tren, especialmente bien defendido y camuflado. Esta guerra de trenes fue naturalmente posible porque ninguno de los dos bandos tenía aviación. En cuanto a Kolchak, su figura ha sido rehabilitada, pero que sepamos no se comportó de manera más justa con sus prisioneros que sus colegas blancos o el propio Ejército Rojo. Kolchak fue fusilado en Irkutsk, donde estaba detenido, por la llegada de fuerzas blancas que podrían liberarlo. Eso sucedía en el invierno de  1919-1920.

El gobierno bolchevique, que se encontraba inmerso en una lucha por la supervivencia y no controlaba todo el territorio ruso, y que se enfrentaba al único ejército verdaderamente constituido al este del Volga, aparcó el problema de los checos hasta reunir tropas suficientes para combatirlos. Se dice que reclutaron voluntarios hasta entre los prisioneros alemanes. Mientras, las unidades checas se coordinaron con las fuerzas Blancas de Kolchak para expulsar a los bolcheviques de grandes zonas alrededor de Ekaterimburgo y Samara.

La toma de Ekaterimburgo provocó el fusilamiento de la familia del Zar, recluida en una población cercana a esta ciudad. El soviet local, aterrorizado sobre la posibilidad de que la familia real fuera liberada por las tropas Blancas o los checos, decidió su eliminación.

Con el fin de la Gran Guerra, los aliados, ya intervencionistas, decidieron darle a la Legión Checa un papel militar de mayor envergadura  en el frente del Volga, cubriendo el flanco de ejercito Blanco del almirante Kolchak, compuesto de cosacos del sanguinario atamán Semenov y apoyado por tropas japonesas. La legión había capturado mucho material bélico y además recibieron desde Vladivostok 50.000 fusiles mosin-nagant de fabricación americana, remanentes del gigantesco pedido de estos fusiles que el Zar de Rusia hiciera a la empresa Remington. Además, muy conscientes de la importancia que para ellos tenía controlar el ferrocarril transiberiano, se organizaron en varios trenes que les permitía moverse por todo su frente. Para mayor seguridad encabezaron sus convoyes de trenes de tropas con trenes blindados. De hecho esta fue una guerra especial, de movimientos de ferrocarril, única en el mundo encabezada por trenes blindados. Incluso transbordaban sus vagones para atravesar lagos cuando se acababa la vía de ferrocarril. La Legión Checa vivía en los vagones de sus trenes de tropas, de modo que no estaban atados a ninguna población pudiendo moverse a su antojo en cualquier dirección donde hubiera línea férrea. Esto sólo había pasado, en una escala mucho menor, en la revolución mejicana.

10.2.39

Un cartel bolchevique instruyendo en la lucha contra el tifus, tras señalar que tras la victoria contra los blancos ahora hay que luchar contra esa enfermedad transmitida por parásitos.

Cuando los checos vieron como se las gastaban los cosacos de Semenov, al servicio de Japón, que mataban tras horribles torturas a sus prisioneros bolcheviques, a algunos los quemaban vivos, decidieron que esta no era su guerra, y que debían seguir su camino hacia Vladivostok, desoyendo las órdenes aliadas. Al llegar a Vladivostok  se encontraron con la negativa aliada a embarcarlos, pues tenían otros planes para ellos. Pero los checos, que además del hastío que les producía aquella cruel guerra patrocinada por las potencias aliadas, tenían un as en la manga. Durante uno de sus ataques, habían capturado, nada menos que ocho vagones de ferrocarril cargados con la reserva imperial de oro almacenada en la ciudad de Kazán. Eran un ejército millonario repentinamente querido por todos. Pragmáticos, los checos pactaron con los bolcheviques su salida en buques neutrales del puerto de Vladivostok, a cambio de cuatro de los vagones cargados de oro y la entrega del almirante Kolchak al que tenían retenido. Como así fue. Contentos todos, pues la legión era una pesadilla para el Ejército Rojo, la mayoría de los soldados checos (unos 38.000) embarcaron en buques americanos bajo bandera de la Cruz Roja, con la mayor parte de su armamento y sobre todo con su oro, con el que se creó, dicen, el Banco Nacional del nuevo estado checoeslovaco. Algunos quedaron en Siberia y continuaron peleando contra los bolcheviques por cuestiones ideológicas.

10.2.40

La crueldad de la guerra civil rusa es legendaria. En la imagen, soldados bolcheviques atados a postes de ejecución listos para ser fusilados por los blancos. Los rojos también solían fusilar a los oficiales blancos, recuperando, siempre que podían a soldados, e incluso oficiales dispuestos a colaborar. La "colaboración" era a veces obligada pues la contrapartida solía ser el fusilamiento. Pero al menos había una opción.

Las interesadas potencias aliadas, de creciente y entusiasta militancia anticomunista, culpaban a los bolcheviques de todos los males de la guerra civil rusa, sin entrar en los detalles que les afeaban a ellos, armas para los sanguinarios contrarrevolucionarios (una larga tradición que se continúa hoy), bloqueo a los gubernamentales y una larga lista de libelos anticomunistas que sigue hasta nuestros días, que tiende a minimizar las victimas del nazismo y exagera las del comunismo ruso. Libros blancos, en realidad más negros y sucios que se puedan imaginar, libros blancos, digo, donde se hacen alegres cálculos de cien millones de victimas por el bolchevismo. La cosa es tan estúpida que no merecería la pena ni mentarla, pero, botón de muestra, si los comunistas rusos y por efecto de su poder hubieran terminado con cien millones de personas, las pirámides de población lo demostrarían, pues estamos hablando de la mitad de la población de Rusia. Los historiadores rusos actuales rebajan las cifras de muertos de la guerra civil a menos de cinco millones, hambres incluidas. Sí que hay veinte millones de rusos muertos por la invasión nazi y la Gran Guerra Patria, o seis millones de polacos de una población de 20, por el mismo motivo, pero de estos no suelen hablar los espurios propagandistas anticomunistas de que hablamos.

10.2.41

Soldados bolcheviques prisioneros de los blancos, fotografiados por un periodista. Estos soldados, según relatos, fueron fusilados o dejados morir de hambre y de frío mayoritariamente. Los soldados rojos tomaban cumplida nota de estas brutalidades, como decimos y no solían ser piadosos con sus prisioneros.

No por ello, se debe minimizar la sangrienta e irracional represión estalinista que en el periodo de entreguerras asoló todas las instituciones de la Rusia soviética y que eliminaron lo mejor del Partido Comunista y del Ejército Rojo, que tan graves consecuencias tendrían tras la invasión nazi. Las cifras también se han exagerado por la propaganda financiada por el anticomunismo internacional, pero en todo caso es un hecho estremecedor que deja en evidencia el régimen de Stalin, cuyos patrones de comportamiento se heredaron del estado leninista. Más todavía, cuando los afectados fueron precisamente las vanguardias del comunismo y algunas minorías raciales.

10.2.42

Los soldados del Ejército Rojo asaltan la isla Kotlin, sede de la fortaleza.

En 1921, la situación tras la guerra civil era terrible. Hambre, miseria, enfermedades desolación y tiranía. Millones de bajas costó derrotar a los Blancos, millones de muertos de hambre y una nación unificada sí, pero descendida a los infiernos de la desolación y el sufrimiento. Ningún bolchevique quiso jamás esto para su patria, pero allí estaban ellos en un bando y los otros con el apoyo militar de los aliados en el otro. En 1921, los marineros de la fortaleza Kronstadt se rebelaron contra este estado de cosas. Troski reunió sus tropas de choque y asaltó la fortaleza. Rendidos, fueron tratados sin piedad: fusilamientos y Siberia.

Imágenes H. Universal V. 1.2 Nov. de 2014 Sbhac nº 6